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El ex-primer ministro de Pakistán, defensor de leyes por blasfemar, es ahora perseguido por blasfemia

Imran Khan fue el Primer Ministro de Pakistán desde 2018 hasta abril de 2022, cuando fue destituido con una moción de censura. Su gobierno no fue particularmente sobresaliente en la región — lo único por lo que hoy merece una mención es porque Khan se esforzó por redoblar esfuerzos contra el pseudodelito de ‘blasfemia’ e, incluso, llegó a hacer el ridículo exigiéndole a los países civilizados que se responsabilizaran por los sentimientos religiosos ofendidos de los musulmanes.

Pues Khan no lleva ni un mes fuera del cargo y, ¡ohh sorpresa!, en su propio país le acaban de abrir un proceso por blasfemia… y su asesora fue a interceder por él ante los países civilizados:

La ex ministra de Derechos Humanos y miembro del comité central del [partido político] Pakistan Tehreek-i-Insaf (PTI), Shireen Mazari, ha escrito a los relatores especiales de la ONU, pidiendo su intervención para que cese el “mal uso de la ley de blasfemia” por parte del gobierno pakistaní contra Imran Khan y altos dirigentes del PTI.

La carta, fechada el 2 de mayo y de la que Dawn.com tiene copia, está dirigida al relator especial de la ONU sobre ejecuciones extrajudiciales sumarias o arbitrarias, al relator especial sobre la libertad de opinión y de expresión y al relator especial sobre la libertad de religión y de creencias.

[…]

Posteriormente, la líder del PTI llamó la atención del ACNUR sobre lo que denominó tres grandes violaciones de los derechos humanos cometidas contra Imran.

“Uno: un apagón total de la cobertura mediática por parte de los medios de comunicación estatales, así como de casi todos los canales privados, mediante la zanahoria (anuncios) y el palo (establecimiento). En este sentido, la empresa PTCL, controlada por el gobierno, que proporciona conexiones de cable a los operadores de cable, ha denegado este acceso a cualquier canal privado que se vea cubriendo los multitudinarios mítines de Khan”.

La segunda violación señalada por Mazari fue el registro de casos de blasfemia contra Imran y los líderes del PTI en relación con el incidente de Masjid-e-Nabwi, en el que Shehbaz Sharif y sus ministros federales fueron abucheados por una multitud de peregrinos paquistaníes.

Argumentó que no se trataba de un incidente planeado, ya que también se había producido un trato similar con miembros de la oposición en otros lugares. “Utilizar el incidente de Madina como excusa para presentar cargos de blasfemia significa poner en peligro la vida de Imran y de los dirigentes del partido”, escribió Mazari.

“También se prevé la realización de detenciones inmediatas y un miembro de la AN del partido aliado del PTI fue inmediatamente detenido a su llegada al aeropuerto de Islamabad acusado de blasfemia“.

Ohhschadenfreude!

Por supuesto, los cargos de ‘blasfemia’ están mal, incluso contra patéticas excusas de seres humanos como Imran Khan… dicho lo cual, es imposible no sentir un fresquito al saber que un intolerante religioso es víctima de su propio invento.

Este es, precisamente, el caso por la libertad de expresión — ya lo ponía Robert Bolt en su guión sobre la vida de ‘santo’ Tomás MoroUn hombre para la eternidad, maravillosamente interpretado por Paul Scofield en la película de la misma obra:

William Roper: “¡Así que ahora le das al Diablo el beneficio de la ley!”

Tomás Moro: “¡Sí! ¿Y tú qué harías? ¿Dar un rodeo a través de la ley para ir tras el Diablo?”

William Roper: “Sí, ¡me saltaría todas las leyes de Inglaterra para hacerlo!”

Tomás Moro: “Y cuando te hubieras saltado la última ley, y el Diablo se volviera contra ti, ¿dónde te esconderías, Roper, si las leyes son planas? Este país está sembrado de leyes, de costa a costa, ¡leyes del hombre, no divinas! Si te las saltaras, y eres muy capaz de hacerlo, Roper, ¿crees de veras que podrías resistir impaciblemente los vientos que se levantarían? ¡Sí, yo concedería al Diablo el beneficio de la ley, por mi propia seguridad!

A lo mejor Imran Khan no estaría en esta situación si se hubiera molestado más en aprender de Tomás Moro que de Mahoma.

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