El cinismo clerical carece de límites: los obispos, en pie de guerra por la Muerte Digna

Vuelven a estar los monseñores en pie de guerra contra el Gobierno. Ahora se dedican a demonizar el proyecto de ley sobre la muerte digna. ¿Pero por qué les parece mal a los jerarcas de la Iglesia católica que los enfermos terminales puedan evitar al máximo los tremendos sufrimientos que a menudo acompañan a la agonía y a la muerte? En lugar de alegrarse ante la posibilidad de que la ciencia minimice -cuanto más, mejor- los sufrimientos de los seres humanos frente a la muerte, proclaman enrabietados que eso es intolerable, pernicioso y hasta maligno.

No les entendemos ni les entenderemos nunca, enfrascados siempre en su sistemática caza de brujas.  No hacen más que protestar, intimidar y amenazar ante las iniciativas propiciadas por el Ejecutivo socialista. Actúan de forma muy similar al estilo de la derechona, especializada en decir “no” a cuanto simplemente les disgusta o les recorta protagonismo  Son profetas del Apocalipsis. Son profetas de todas las calamidades: las existentes y las inexistentes.

 El doctor Montes
Ya azuzaron, junto al PP, las llamas de la hoguera donde quemar  al doctor Montes, al que vejaron al estilo de los inquisidores y al que abofetearon dialéctica y brutalmente, como si fuera no ya un asesino, sino un “nazi”, según dijo y repitió Miguel Ángel Rodríguez, un clásico de entre los periodistas de confianza de José María Aznar. Ahora, los obispos ya le han montado otro pollo de los suyos al Gobierno, que paradójicamente los trata a cuerpo de rey.

El paripé con los pobres
Cuando se acercan las elecciones, no fallan nunca ni la clerigalla ni sus jefes de sotana y disfraces varios, a la hora de respaldar a los conservadores o a los populares. El voto de los meapilas es muy importante y no lo van a desechar. La mayoría de los mandamases eclesiásticos son ideológicamente reaccionarios. Desde los tiempos del emperador Constantino (313 de la era cristiana) –que legalizó a los cristianos y convirtió el cristianismo en religión de Estado- los jerarcas cristianos o católicos se han alineado con los poderosos y se han limitado, salvo honorables excepciones, a hacer el paripé con los pobres. Exactamente al revés, por cierto, de lo que predicaba y hacía Jesús de Nazaret.

 El obispo franquista
Mientras tanto, el obispo de Alcalá, Juan Antonio Reig Plá, que es más franquista que el ex terrorista Pío Moa o el profesor Luis Suárez, el apologista del Caudillo, ha difundido una “guía para curar a los gays”. Sostiene, de acuerdo con la Asociación Médica Católica de EEU -que debe estar repleta de gentes del  Tea Party-, que los homosexuales pueden ser objeto de prevención y tratamiento, sin olvidar el recurso a la castidad. Los partidarios de estas teorías rancias siguen condenando las bodas gays, que califican de aberración y de hundimiento de la familia tradicional. ¿Así es la caridad cristiana?

Comunión a la presidenta, sí
También, por supuesto, continúan los jerarcas atizando a los divorciados porque viven en pecado. Claro que determinados divorciados o determinadas divorciadas son examinados por el alto clero de manera más benevolente. El PLURAL.COM publicó en exclusiva, recientemente,  que -con motivo de la procesión toledana del  Corpus Christi-  el arzobispo de Toledo y primado de España, Braulio Rodríguez Plaza,  dio personalmente la comunión a la secretaria general del PP y presidenta de la Comunidad de Castilla-La Mancha, María Dolores de Cospedal, divorciada y casada por lo civil. El cinismo episcopal carece de límites.

Enric Sopena es director de ELPLURAL.COM

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