El cardenal Herranz denuncia las «políticas laicistas» que siembran «cizaña anticatólica» en España

El Papa aplaude las «extraordinarias dotes de alma e ingenio» del cardenal Julián Herranz en el 50 aniversario de su ordenación sacerdotal

Desde las alturas de 50 años de sacerdocio y 45 años de trabajo en el Vaticano al que llegó para colaborar en el Concilio Vaticano II, el cardenal Julián Herranz denunció ayer «el fundamentalismo laicista y anticatólico» que «siembra cizaña» en nuestro país y se refleja en la parte más polémica del programa legislativo de José Luis Zapatero. El cardenal lanzó un fuerte grito de alarma en la homilía de la misa de sus Bodas de Oro sacerdotales, con la participación del Nuncio Apostólico en España, Manuel Monteiro de Castro; el cardenal emérito de Toledo, Francisco Álvarez Martínez; el arzobispo de Barcelona, Luis Martínez Sistach; el de Burgos, Francisco Gil Hellín; el obispo de Córdoba, Juan José Asenjo, y el obispo auxiliar de Madrid, Eugenio Romero, por ausencia del cardenal Rouco Varela.

Desde la iglesia madrileña de La Concepción, en la que fue ordenado sacerdote el 7 de agosto de 1955, el cardenal español más importante en la Curia romana advirtió que «no es verdad, como repiten en España algunos voceros del agnosticismo religioso y del relativismo moral, que la doctrina de Cristo es negativa y represiva, o que la Iglesia católica aparece como una reliquia del pasado».

En tono vigoroso, el cardenal andaluz (Baena, 1930) denunció que «son ellos —y lo digo con dolor, porque son hermanos míos, españoles y quizá bautizados— los que caminan hacia atrás y hacia abajo, en un creciente degrado cultural y moral, bajo el impulso de una ideología libertaria que humilla el verdadero concepto de progreso y de libertad: "Prometen la libertad —advertía ya San Pedro a los primeros cristianos— pero ellos mismos son esclavos de la corrupción"». El principal colaborador español de Benedicto XVI analizó la gravedad de la situación política a través de una parábola evangélica: «¡Cuánta cizaña, fruto de un apasionado "fundamentalismo laicista" y anticatólico, ha sido y es sembrado desde algunos medios de información y ambientes políticos!: se inventan derechos que no existen y, en cambio, niegan derechos verdaderos».

Matrimonio y educación

Recorriendo el polémico programa legislativo del Gobierno, el cardenal denunció: «¡Cuánta demagogia libertaria contra el mismo concepto no solo cristiano sino natural del matrimonio; contra el valor social y la estructura antropológica de la familia, parte esencial del bien común de la nación; contra los derechos y la dignidad del ser humano desde su concepción hasta la muerte natural; contra los inalienables derechos de los padres en la educación religiosa de sus hijos, también en las escuelas públicas, que ellos sostienen económicamente; contra el valor histórico, cultural y social del cristianismo y de las obras benéficas, educativas y sociales promovidas por la Iglesia católica».

De todos modos, según el cardenal, «ante la cizaña que crece, sería un error ser pesimistas», pues la parábola termina con la victoria del bien. «Pero sería también equivocado —advirtió— el aburguesamiento o la pasividad de los cristianos ante la diligente y tenaz siembra de cizaña que otros hacen. Los cristianos no podemos adormecernos, desentendernos, dejarnos arrastrar por la tentación egoísta del "eso no va conmigo" o "a mi familia no le toca". Tanto Juan Pablo II como Benedicto XVI, a la vez que han condenado el "fundamentalismo o absolutismo laicista" que trata de negar o, al menos, obstaculizar, la dimensión social de la religión y la fe, exhortan tenazmente a los católicos a vivir responsablemente la unidad de vida del cristiano: es decir, la coherencia entre la fe que profesamos y sus consecuencias prácticas en el ámbito personal y en el ámbito publico de nuestras actuaciones sociales, profesionales y cívicas». El cardenal concluyó su apasionada homilía en un tono optimista pues «también el buen trigo crece, y crece abundante en España».

Vida de servicio

El purpurado agradeció la carta personal del Papa —leída por el Nuncio Apostólico— en la que Benedicto XVI le felicita «con cariño fraterno» en sus bodas de oro sacerdotales y elogia «sus extraordinarias dotes de alma e ingenio». El Papa enumera sus doctorados en Medicina, Teología y Derecho Canónico como preámbulo a un recorrido por una vida de servicio a la Santa Sede desde que intervino en el Concilio Vaticano II. El actual presidente del Consejo Pontificio para los Textos Legislativos —que codifica las leyes de la Iglesia y da la interpretación auténtica—, ha sido uno de los pilares de la inmensa reforma jurídica y legislativa llevada a cabo por Juan Pablo II.

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