El burka y el nicab: un debate falso

El oportunismo populista, con tintes electoralistas obvios, se encierra detrás de muchas de las iniciativas políticas contra el uso público del velo islámico integral, ya sea éste el burka o el nicab. Como ocurre con excesiva frecuencia con casi todo cuanto guarda relación con la inmigración, sectores políticos diversos agitan el espectro de un peligro inexistente en nuestro país. Porque, ¿cuántas mujeres usan en la actualidad el velo islámico integral en España? Más aún, ¿por qué nadie se atreve a censurar a las mujeres integrantes de los harenes de jeques árabes que sí usan estas prendas en nuestro país cuando nos visitan, ya sea en sus ostentosos viajes de recreo a Marbella o en sus no menos lujosas estancias a prestigiosas clínicas oftalmológicas de Barcelona?

Nadie defiende en España el uso del velo islámico integral, excepto algún que otro imán salafista y sus seguidores más fanáticos. El uso del burka o el nicab, práctica cultural muy enraizada en algunos colectivos islámicos de algunos países que se ha extendido a los sectores más integristas del islamismo durante los últimos años, tiene una muy escasa presencia pública en nuestro país. Existe unanimidad en la percepción de que el uso del velo islámico integral, por más excusas religiosas con que se pretenda ampararle, constituye una humillación inadmisible de la mujer, incluso en el caso, por otra parte difícilmente comprobable, de que la portadora de estas prendas las use con entera libertad, sin coacción ni presión ninguna. De ahí que el rechazo al uso público del velo islámico integral sea generalizado en la sociedad española contemporánea.

Más allá de todas las iniciativas educativas y sociales que promuevan que las pocas mujeres musulmanas que utilizan estas prendas en nuestro país dejen libremente de usarlas por propia convicción, recuperando con la imagen pública de su propio rostro su dignidad como personas con plenitud de derechos y deberes en una sociedad democrática, lo único que pueden y deben hacer las autoridades es prohibir que en el espacio público se puedan utilizar prendas que oculten el rostro, sin hacer mención expresa del velo islámico integral y prohibiendo también, evidentemente, el uso de cualquier otra prenda u objeto que oculte el rostro. Lo han hecho ya algunos ayuntamientos catalanes de distinto signo político en sus propias dependencias e instalaciones, pero debería hacerse en el conjunto del espacio público en España entera. Sin oportunismos populistas de evidentes tintes electoralistas. Sin intentar utilizar la inmigración con finalidades partidistas. Sin abrir tampoco una innecesaria guerra de religión.

Jordi García-Soler es periodista y analista político

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