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El arsenal cristiano contra el Islam

Un filólogo de la Universidad publica una traducción inédita del Corán al latín del siglo XVII

Después de un viaje por España en el siglo XII, el octavo abad de Cluny, Pedro El Venerable, se decidió a combatir al Islam con la christianum armarium, palabra esta última que en latín tiene el doble significado de biblioteca y arsenal. En las siguientes centurias, la artillería cristiana se armó con numerosos textos y traducciones del Corán como la realizada en 1669 por el franciscano Germán de Silesia. Sus manuscritos, olvidados desde entonces en la biblioteca de El Escorial, ven la luz por primera vez gracias al investigador de la Universidad de Vigo Antonio García Masegosa.
"En la Edad Media los árabes eran el enemigo a batir y el Corán se tradujo al latín para que los estudiosos pudiesen decir qué cosas estaban mal. No eran obras excesivamente prohibidas, pero nunca llegaron al gran público ni a convertirse en libros", destaca este profesor de Filología Gallega y Latina en la facultad ourensana de Historia que ha invertido cinco años en la investigación.
La obra de García Masegosa, de 540 páginas y editada por el CSIC, se enmarca en el proyecto Islamolatina, impulsado por la Autónoma de Barcelona y en el que colaboran varias universidades españolas y algunas extranjeras con el objetivo de analizar la percepción que la Europa cristiana medieval tenía de los musulmanes y las influencias entre ambos.
La traducción revisada por el filólogo del campus ourensano es la tercera en ser editada y ya están en marcha otras dos. Todas las versiones del Corán fueron realizadas por diferentes autores, pero la Interpretatio Alcorani Litteralis de Germán de Silesia tiene la peculiaridad de incluir un segundo capítulo en el que el franciscano refuta cada uno de los preceptos islámicos.
"Lo rechaza punto por punto. Sería muy interesante estudiar esta parte de la obra, pero eso sería objeto de otra investigación que también requiere conocimientos de árabe pues hay palabras escritas en este idioma", aclara García Masegosa.
A pesar de que el franciscano consideraba la doctrina musulmana "nefanda, depravada, perniciosa y sacrílega", como describe en el prefacio, el filólogo asegura que su traducción resulta "bastante fiel" al original, lo que no era muy habitual entre los estudiosos cristianos de la época. "Era corriente que pusiesen las cosas peor de lo que eran", revela sobre el afán por mostrar una religión musulmana repulsiva y errada.
Formado en Roma, Germán de Silesia era un buen conocedor de la lengua árabe, que perfeccionó durante dos viajes a Oriente como legado papal. Él mismo se precia de ello en el prólogo de su obra, donde revela que también ha escrito un diccionario.
"Fue un personaje influyente en su época y consejero del rey en asuntos orientales. Escribió varias obras sobre temas árabes", destaca García Masegosa.
La edición crítica del estudioso se basa en cinco manuscritos de la Interpretatio Alcorani e incluye a pie de cada página todas las variantes encontradas y las razones para elegir una de ellas. Tres de los textos están escritos de puño y letra por Germán de Silesia y se conservan en El Escorial, a igual que un cuarto de autor desconocido. El quinto se encuentra en la Universidad de Montpellier, en Francia, y la teoría de García Masegosa es que fue copiado por alguien en el mismo monasterio madrileño antes de viajar al país galo.
Asegura el filólogo que el franciscano era "muy aficionado a corregir" sus trabajos. Tanto, que la muerte le sobrevino antes de finalizar el tercer manuscrito: "Es el más importante, pero se termina en el tercer capítulo cuando la obra completa tiene más de cien y unas quinientas páginas".
Se ignora la fecha exacta de su fallecimiento en El Escorial, donde yacen sus restos, pero es casi seguro que el franciscano murió a una edad avanzada, ya que en otra de sus obras pide perdón por las equivocaciones que un octogenario pueda cometer.
Las bibliotecas españolas todavía esconden muchos tesoros como éste por descubrir, pero García Masegosa lamenta la "falta de recompensa" para las investigaciones en la rama de humanidades. "Lo hacemos por satisfacción personal, pero son proyectos poco atendidos. De hecho, mi libro fue el único editado en este ámbito por el CSIC en 2009", argumenta.

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