El alcalde (CC) de Telde (Las Palmas) en los actos religiosos de San Juan, que procesionó con escolta de la Policía Local

La procesión del patrono de la ciudad por las calles del casco histórico puso esta noche el punto final a las fiestas de San Juan Bautista de Telde. Unas celebraciones que han estado marcadas por la tragedia que se vivía la madrugada del pasado sábado, con el fallecimiento del pequeño Abimael, de tan solo ocho años de edad.

El desfile religioso, el único de los actos que se mantuvo tras la declaración de dos días de luto oficial y la suspensión de todas las actividades lúdicas, culturales y deportivas, se puso en la calle a eso de las 20.40 horas, cuando aún era de día, al término de la eucaristía que ofició el vicario general de la Díocesis de Canarias junto a otros sacerdotes. Ceremonia en la que el recuerdo a Abimael estuvo muy presente.

La imagen del santo y patrono de Telde, una obra de corte neoclásico y gran valor artístico que hace justamente doscientos años, en 1819, tallara el escultor tinerfeño Fernando Estévez, lucía en su trono de color caoba engalanada para la ocasión con un conjunto floral obra de Segundo Amador, a base de lirios en tonos naranjas y blancos.

Una representación de autoridades locales, con el alcalde Héctor Suárez a la cabeza, quien durante todo el recorrido portó el bastón de mando de la ciudad, acompañó a San Juan Bautista en su discurrir por el conjunto monumental. Al igual que decenas de vecinos y feligreses. Eso sí, muchos menos que en años anteriores. También una escolta de la Policía Local de Telde, con su jefe Felix Ramos y varios agentes, y voluntarios de la agrupación de Protección Civil.

La Banda Municipal, bajo la batuta de su director José Martel, puso la nota musical con la interpretación de varias marchas. Y tras poco más de una hora, después de procesionar por las calles Juan Carlos I, Conde de la Vega Grande, Duende, Plazoleta Marín y Cubas, Doramas, Los Sabandeños, Julián Torón y León y Castillo; la imagen de San Juan Bautista regresó a su templo en una noche calurosa y plomiza, de ambiente triste por las circunstancias y sin duda muy diferente a las de otros 24 de junio.

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