Educación, religión y convivencia en la escuela

Durante estos días, cuando aún resuenan los ecos de los intentos (exitosos en gran parte) que realizó la jerarquía eclesiástica (Conferencia Episcopal) ayudada por el Partido Popular para conservar en la nueva LOE. , sus privilegios de siempre e incluso incrementarlos, me vienen casi inevitablemente a la memoria algunos episodios de mi vida escolar.

 Después de pedir disculpas por “contar mi vida” al lector y asegurarle que “responde a necesidades del guión” que sigue, comienzo diciendo que yo, a la edad de 12-13 años era un “buen chico”. Ya no se si por amor al estudio o por miedo a las represalias que en aquellos tiempos “pintaban bastos” con bastante facilidad. En fin… estos recuerdos, ya lejanos, por fortuna y desgracia al tiempo, no resultan ser muy reconfortantes. Más bien, en algunos de los casos, rozan incluso lo siniestro.

Recuerdo como si fuera ayer cuando hice “novillos” por primera (y última) vez en mi vida no universitaria. Yo estudiaba el bachillerato en un Instituto de Madrid y teníamos programados unos ejercicios mal llamados espirituales durante tres días consecutivos. Se realizaban en una iglesia cercana al Instituto y cuando dieron comienzo (en la más completa oscuridad) el sacerdote encargado de aquel cometido empezó y no terminaba con el pecado ( el de los 12 años!!) , seguía con el pecado y continuaba con el pecado… No había una sola referencia positiva a ningún Dios de amor ni cosas por el estilo. Eso sí, había prolijas descripciones del Infierno (con mayúscula por aquel entonces) repleto de llamas, demonios y vapores de azufre. Conviene precisar, por completar el cuadro, qué el predicador se sentaba en una pequeña mesa con un crucifijo y un flexo que alumbraba un cráneo humano real sacado del excelente museo de Ciencias Naturales de que estaba dotado el Instituto. (Sentiría que la ironía con la que pretendo hacer más amena esta historia real desdibujara el miedo que algunos sentíamos ante semejante “Apocalipsis”)

Bueno, el que firma este artículo en un momento dado (y con nocturnidad o al menos con oscuridad) se deslizó sigilosamente hacía la puerta y no volvió a aparecer más, poniendo fin de esta manera a aquella tenebrosa ceremonia. Nunca me he arrepentido de tamaña “indisciplina.”. Ahora menos… Era el tardo franquismo. Es verdad. El catedrático de filosofía de aquel Instituto (tomista monotemático y bastante poco agradable para con el alumnado) nos repetía día tras día y una y otra vez que el valor principal para nosotros no debía ser otro que la Obediencia a la Autoridad, o sea a él en ese momento, y lo ilustraba diciendo” si a ustedes les mandan que siembren cebollinos con la porreta (sic) para abajo, ustedes deberán sembrarlos de esta forma. Qué crezcan o no crezcan, eso no es de su incumbencia”… Imagínense ustedes la que se armó cuando dos compañeros de mi clase fueron sorprendidos una mañana en flagrante “delito” de prácticas homosexuales. Los años 60. No quiero imaginar siquiera cómo fueron en las instituciones educativas públicas y privadas los 50 o los 40. Algún lector quizá nos lo pueda contar en estas páginas. Llegado este punto pido disculpas por si hiero alguna sensibilidad en lo religioso. En lo político, por supuesto, no pido ningún tipo de disculpas si alguien se siente ofendido. Faltaría más!!, pero prometo que lo que acabo de contar es la pura verdad, y sólo una parte.

Hubo cosas peores en mi “educación” religiosa y en la de mis compañeros. Conviene reflexionar y llegaremos a la conclusión de que la verdad no puede hacer daño, todo lo más escocer un poco y el beneficio que puede producir la exposición, catarsis, debate y afrontamiento cara a cara con la REALIDAD de toda aquella época más que lamentable, es imprescindible para sentar las bases de una verdadera CONVIVENCIA en la sociedad y en la escuela ¿Es qué acaso se puede dar la una sin la otra?. El tapujo, el silencio mal aplicado en nombre de la “concordia” ha servido de bien poco en esto años desde la transición. Para verificarlo no hay más que asomarse a la TV y contemplar los espectáculos de violencia verbal, exabruptos, desatinos, insultos, calumnias que se producen con demasiada frecuencia en las más altas instituciones de la nación, protagonizados inevitablemente por los destinatarios de la “concordia”. ¿Es que acaso pensamos que esos antidemocráticos comportamientos no influyen en nuestro alumnado? ¿Acaso es presentable ante la juventud que un diputado como el Sr. Martínez Pujalte deba ser expulsado de la sala por disrupción grave? ¿Por falta de respeto a sus compañeros, incluso a las instituciones que representan a todo el país?

La convivencia en las aulas no se enseña, se demuestra “andando”, con el ejemplo de todos, especialmente de los legítimos representantes públicos. A eso los psicólogos de la educación lo llaman educación por “modelado”. Yo que no lo soy lo llamo sentido común. No podemos pedir a los adolescentes lo que algunos adultos con grandes responsabilidades no son capaces de ofrecer. Sería incoherente y además una injusticia. Llegado este momento algunos dirán que hace un responsable de una Asociación educativa hablando de política y religión de forma casi exclusiva. Lo explico: El día 24 de mayo entró en vigor, tras su publicación en el BOE, la Ley Orgánica de Educación (LOE) y en ella se contemplan muchos aspectos: los valores democráticos, la convivencia, la educación integral… y también la enseñanza de la religión. Básicamente de la religión católica para que engañarnos. En cuanto a este punto hay que decir (y muchas se han dicho ya) algunas cosas: · Qué dicha enseñanza la sufragamos TODOS los españoles, seamos católicos, agnósticos o budistas zen. · Qué a pesar de lo anterior la Conferencia Episcopal Española conserva el “derecho de presentación” o sea selecciona al profesorado de religión católica. Eso nos trae a la memoria a algunos el privilegio de presentación de obispos por parte del dictador Franco ante la Santa Sede ·

Qué dicha Conferencia ha participado, participa y seguramente participará en actos públicos manifestándose claramente sobre cuestiones de carácter absolutamente opinable y normalmente escasamente espirituales, pero sobre los que el Gobierno legítimo y el Parlamento electo de la nación se han pronunciado favorablemente y que con esto se sitúan en contra de la voluntad popular mayoritariamente expresada en las urnas. · Qué es lógico pensar que a algunos de los candidatos a profesores de Religión católica se les selecciona ( o al contrario no se les selecciona) en función de su fidelidad ( o no-fidelidad) a cuestiones bastante terrenales y que, en ocasiones, se sitúan enfrente de la Constitución · Qué carece de sentido que se fomenten valores de forma transversal ( o en forma de asignatura de Educación para la ciudadanía o Ética) en el sentido de: tolerancia, respeto a la opción sexual, derecho reconocido al divorcio o el aborto responsablemente ejercido, mientras en la clase siguiente cabe la posibilidad ( y a veces bien materializada) de que se denigre todo lo anterior . Y el alumnado…”alucinando” · Esto tiende a agravarse cuando en el Sínodo de obispos celebrado a los pocos meses del inicio del último pontificado se vuelve al “fuera de la Iglesia no hay salvación”, que sienta las bases para la falta de respeto hacía otras opciones religiosas o la ausencia de dichas opciones, es decir atenta contra las bases de una convivencia intercultural sincera en momentos de asentamiento en territorio español de otras opciones religiosas y culturales. Y yo sé que el consenso es difícil… pero es que en este caso ¡ni siquiera ha habido consenso¡ El PP votó en contra de la LOE y la Conferencia Episcopal aprovecha la mínima para denunciar la “vuelta a las catacumbas”, la persecución del Gobierno español…  ¿Entonces?

Tengo en mis manos el “Informe de jóvenes españoles 2005”. Lo patrocina la Fundación Santa María (católica) y está elaborado por personas de la talla del Prof. Javier Elzo de la Universidad católica de Deusto. En este Informe se demuestra, por medio de encuestas rigurosas, que la influencia de la jerarquía eclesiástica sobre los jóvenes españoles está en “caída libre”. En el apartado sobre “grado de importancia para ti” la religión ocupa el último lugar ( 6%) Sigo y cito textualmente: “la mayoría de los jóvenes entre 15 y 24 años ya no se considera católica de hecho…hace 10 años los jóvenes católicos ascendían al 77% del total… hoy no llegan al 50%. Un descenso del 25% en sólo un decenio” “en el horizonte juvenil no se confía en la Iglesia (80%)” Y podríamos seguir. En el Informe citado se expresa que estos datos “coinciden en buena parte con los obtenidos por el CIS y el INJUVE. También con muchos otros. He citado estos por provenir de una Fundación marianista.

Es evidente que no todos los católicos son integristas, de la misma forma que no todos los musulmanes arreglan los conflictos con dinamita. Lo malo es que en la LOE los pactos se hacen con los Rouco, Cañizares…es decir, con los integristas. ¿Deben llegar las concesiones políticas a la extrema derecha? ¿a la intolerancia manifiesta? Reflexionemos, por favor ¿Se deben sacrificar principios generales que implican valores cómo la tolerancia, la solidaridad, la convivencia a otras cuestiones? Y si la respuesta es sí ¿ a qué cuestiones? ¿Hasta cuando va a otorgar su aquiescencia el Gobierno a un Concordato negociado con el Vaticano en plena hegemonía de la clase política franquista (1979)?

La Educación está en crisis. ¿Pretendemos sacarla de la misma con componendas de poder? Si es verdad que la Educación es el espejo en el que todos nos debemos mirar y el referente para las futuras generaciones de adultos ¿es este el camino a seguir? Estas reflexiones que no niegan ser apasionadas y duras, no pretenden ser ni destructivas ni inútiles. Serían probablemente ambas cosas si yo ahora pidiera la renegociación de otra Ley de Educación. Ahora bien, el futuro existe y nadie piensa qué esta Ley ( ni ninguna ) vaya a ser eterna. Sumo mi voz, tan solo a las que me han precedido (muchas) para que el rumor no se apague y que dentro de un tiempo (el mínimo imprescindible para que no nos volvamos todos locos con tanta Ley de Educación), la religión salga de la Escuela. Mientras tanto urge tomas medidas en los desarrollos reglamentarios del MEC y las Comunidades Autónomas. ¿Va a haber más concesiones a la Conferencia Episcopal? ¿Quizá se le debe “desagravio”? Sacudámos de una vez viejos temores. Afrontemos la responsabilidad de la construcción de una Escuela laica (respetando por supuesto el derecho de los padres y madres a optar por una educación de otro tipo) Eso sí, no debe salir de los fondos públicos ni un solo céntimos de euro que subvencione Centros en cuyo ideario existan elementos sexistas, homófobos, intolerantes, insultantes, irrespetuosos con las minorías étnicas y/o religiosas… ¿es mucho pedir lo que antecede? El deseo de consenso es a menudo bien recibido…con una excepción: la de los que lo interpretan cómo una muestra de “debilidad”. La de los que consideran que todo privilegio les pertenece. Qué todo es poco. Para ellos, desgraciadamente, cuánto más concesiones peor. Pedirán más.

La Religión católica no termina en los integristas. También hay católicos cómo Wolf, Miret Magdalena, Díez-Alegría, Tamayo…y muchos más que desean ver dignificada su fe y alejada de los circuitos del poder económico y político. Con esos si hay que dialogar. Con ellos y con cualquier persona o colectivo que respete los más elementales principios de la Democracia.

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