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Ecuador: Estado laico

En su discurso de posesión, Lasso demostró un lenguaje políticamente correcto, tomando en cuenta los temas de cajón y otros generalmente soslayados y postergados. Uno de ellos fue afirmar que gobernará un Estado laico, como establece la Constitución.

Suele pensarse que ‘laico’ es sinónimo de ‘ateo’, una tergiversación provocada por la propia Iglesia y los partidos conservadores desde hace más de cien años. Estado laico significa que respeta todas las creencias, incluidas aquellas de quienes no profesan religión; y observa que ninguna convicción religiosa influya en la generación de políticas.

La devoción y la fe son parte de la vivencia íntima de cada individuo, por lo que el Estado debe garantizar que todos puedan profesar su religión, sin que por ello sean excluidos. Sin embargo, no puede hacer proselitismo por ningún culto.

Pero el laicismo va más allá. Es el paraguas conceptual que cobija un extenso conjunto de libertades de la democracia moderna, como la libertad de conciencia, que incluye la libertad de culto y el derecho de expresión y comunicación sin coacción alguna. Es contrario a los dogmas que están detrás de los caudillismos, el germen de la intolerancia y la antítesis de la democracia.

La historia está plagada de gente que ha muerto o ha sido ultrajada en nombre de religiones y caudillos. Pero se ha tendido a reducir la concepción del laicismo a la separación entre Iglesia y Estado, con el equívoco de que es sinónimo de ateísmo.

Es paradójico que Correa sea un opositor militante del laicismo en todas sus aristas. Gobernó anteponiendo sus creencias religiosas e imponiendo sus opiniones como verdades incuestionables, cual dogmas, que impidieron políticas públicas acordes con las necesidades y tiempos actuales.

También es paradójico que se autodenomine progresista y de izquierda, y que ahora un presidente de quien se conoce su profunda militancia de fe afirme que promoverá el Estado laico, respetando la libertad de culto y la pluralidad de pensamiento. Son buenas señales, sin duda.

Es increíble pensar que lo que debería ser considerado normal en una democracia, sea visto hoy como un avance. Pero lo es, debido al retraso al que nos llevó la falsa izquierda, un oscurantismo que ahora, ojalá, empiece a superarse.

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