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Discursos de odio y prácticas violentas · por Juan José Tamayo

​Descargo de responsabilidad

Esta publicación expresa la posición de su autor o del medio del que la recolectamos, sin que suponga que el Observatorio del Laicismo o Europa Laica compartan lo expresado en la misma. Europa Laica expresa sus posiciones a través de sus:

El Observatorio recoge toda la documentación que detecta relacionada con el laicismo, independientemente de la posición o puntos de vista que refleje. Es parte de nuestra labor observar todos los debates y lo que se defiende por las diferentes partes que intervengan en los mismos.

Para una primera aproximación a la construcción de los discursos de odio por parte de los partidos de la derecha y la extrema derecha parto de la conferencia Rasgos del nuevo radicalismo de derecha,que Theodor Adorno, pronunció en abril de 1967 en el Neues Institutsgebäude de la Universidad de Viena invitado por la Asociación de Estudiantes Socialistas de Austria. La conferencia fue grabada y guardada en la Österreichsche Mediathek. La edición actual (Taurus, 2020) responde a aquella grabación. La conferencia pretendía analizar el ascenso del Partido Nacional Democrático Alemán (NPD), fundado en 1964. Sus análisis, que se centram en los objetivos, recursos y estrategias del radicalismo de derecha de entonces, siguen siendo válido hoy.

Adorno considera el extremismo de derechas como un problema real y político, y no psicológico e ideológico. Se caracteriza por el anti-intelectualismo, el carácter autoritario y el uso “de un número pequeño de trucos estandarizados y totalmente cosificados que se reiteran una y otra vez, que son en gran medida pobres y endebles, pero que, por otro lado, debido a la repetición constante que de ellos se hace, logran tener para esos movimientos cierto valor propagandístico”.

En el auge del extremismo que conforma a los partidos de derechas, Adorno concede especial importancia a la propaganda que es “sobre todo una técnica de psicología de masas” y no va destinada tanto a la difusión de una ideología, que es demasiado inconsistente, cuanto a mantener ocupadas a las masas. En la propaganda se utilizan las mentiras, hoy hablamos de las fake news.

Características del radicalismo de derechas son también el formalismo de corte jurídico, el “idealismo vulgar”, el irracionalismo, el nacionalismo y el sadismo camuflado, que reclama la reintroducción de la pena de muerte al tempo que exige la impunidad para los verdugos de Auschwitz.

Adorno cree que no deben subestimarse los movimientos de la derecha radical, ni considera que vayan a fracasar por tener un ínfimo nivel intelectual, una falta de teorización y una oscuridad en los fines. De lo que sí disponen es de una extraordinaria perfección de las técnicas y los medios propagandísticos, que constituyen “de por sí la sustancia misma de la política”, como así sucedió con los nazis.

Los grupos proclives al fanatismo y al racismo se forman a partir de experiencias negativas1. El odio no surge de la nada, tiene un contexto histórico y cultural específico, unas motivaciones, unas causas, unos porqués. Recurriendo a la alegoría de Shakespeare, que hace suya la intelectual alemana Carolin Emcke, alguien tiene que haber provocado la pócima que provoca la reacción del acérrimo y encendido odio. Son “unas prácticas y convicciones fríamente calculadas, largamente cultivadas y transmitidas durante generaciones”2, alimentadas por foros de debate, publicaciones, medios de comunicación, canciones, discursos, tertulias.

Estos discursos no son creación de la ciudadanía, sino que están inducidos desde instancias que pretenden desacreditar la democracia, instalan dicho descrédito en el imaginario social, son cooptados por un sector importante de la derecha política y por la extrema derecha, y han entrado en las diferentes instituciones del Estado: gobiernos nacionales y locales, parlamentos regionales y nacionales, judicatura y colegios profesionales. Lo más preocupante es que son normalizados, cosa que no sucedía en décadas anteriores.

La extrema derecha política, cultural, económica y social, las organizaciones religiosas integristas y fundamentalistas y no pocos de sus dirigentes tienen una responsabilidad no pequeña en los discursos y delitos de odio a través de la dialéctica que practican: amigo-enemigo, nosotros-ellos, personas nativas con todos los derechos-personas extranjeras carentes de los mismos, masculinidades hegemónicas-inferiorización de las mujeres, personas creyentes-no creyentes, culturas hegemónicas-culturas subalternas, etc.

Los discursos y delitos de odio se dirigen contra las minorías religiosas, étnicas y culturales, la teoría de género calificada despectivamente de “ideología de género”, los movimientos feministas acusados de feminazis, los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres, considerados puro libertinaje femenino, los colectivos de inmigrantes y refugiados, las personas LGTBIQ y la educación afectivo-sexual en la escuela. Desmintiendo los datos de la realidad y las investigaciones científicas, son negacionistas del cambio climático y de la violencia de género. Fomentan la homofobia, el racismo, el sexismo, el antiecologismo, la islamofobia, el antisemitismo, el supremacismo blanco y constituyen una grave amenaza para la democracia.

Pero la sociedad -nosotros y nosotras- no está exenta de responsabilidad en la medida en que legitima con frecuencia los discursos y delitos de odio y las prácticas violentas con el silencio, la inacción, cruzarse de brazos, creer que no se puede hacer nada por evitarlos y lo único es esperar a que pase la oleada reaccionaria. Nosotros y nosotras también podemos ser generadores y transmisores de odio. Por eso tenemos que hacer un acto de introspección ética y revisar nuestras emociones e inclinaciones descontroladas a la ira, al asco, al odio y a las microfobias anidadas en nuestros rincones sentimentales y mentales.

Estamos ante un problema que hay que atajar desde la familia, la escuela, las asociaciones vecinales, los movimientos sociales, los sindicatos, los partidos políticos, las asociaciones de padres y madres de alumnos y alumnas, deportivas, estudiantiles, profesionales, religiosas, culturales y las ONG’s. El empeño en esta tarea educativa es prioritario y afecta a toda la sociedad.

La educación para la ciudadanía y los derechos humanos fue una asignatura efímera que se eliminó al poco de incorporarse en el sistema educativo español. Dicha asignatura no cabe, ciertamente, en un paradigma cada vez más tecnológico e intelectualista como el español. Creo necesario recuperarla y considerarla no marginal, sino piedra angular de la enseñanza escolar, si bien para que tenga los resultados adecuados hay que cambiar el modelo y los contenidos de dicha enseñanza.

Theodor Adorno nos recuerda que no sirve la táctica de guardar silencio sobre estos temas, que es necesario mostrar las contradicciones en las que están montados esos partidos; en otras palabras, hacer ver a la ciudadanía la escisión en la conciencia de las personas autoritarias, represivas y reaccionarias desde el punto de vista político, que reaccionan de manera distinta cuando están en juego sus intereses. Es uno de los puntos de partida más importantes para reaccionar contra esos movimientos.

¿Cómo responder a los discursos de odio, que desembocan en prácticas violentas con más frecuencia de lo que aparece en los medios de comunicación? Ofrezco algunas propuestas:

– No considerar el odio como algo natural e inevitable, ni apelar a razones biológicas y psicológicas para su justificación. El odio es algo que se incuba, se programa, se cultiva y se fomenta a través de los múltiples y con frecuencia sutiles mecanismos de quienes lo practican y lo apoyan con su silencio, pasividad o su permisividad.

– No normalizar el odio, por muy dramáticas que sean las situaciones que pretendan justificarlo. No se debe permitir que el odio se convierta en costumbre o tradición y se instale en el imaginario social.

– Reconocer y respetar la igual dignidad y los derechos de todos los seres humanos sin ningún tipo de discriminación por razones de cultura, etnia, género, identidad sexual, clase social, procedencia geográfica, tipo de educación, etc.

– Construir comunidades integradoras del pluriverso étnico, cultural, religioso, político, afectivo-sexual, donde quepamos todas y todos, también la naturaleza, practicando la eco-fraternidad-sororidad, la ciudadanía global y la cuidadanía (de cuidados.

– No creer las fake news en las que se basan los discursos de odio, sino cuestionarlas de manera argumentada.

– Comprometernos en los movimientos sociales que luchan contra el racismo, la exclusión social, la discriminación cultural, el patriarcado, el sexismo, la aporofobia, la homofobia, la LGTBIQfobia.

– Fomentar un cambio en el lenguaje y en las relaciones humanas: del anti a inter, del nosotros-ellos a un nos-otros inclusivo, de la identidad singularista a la inter-identidad, de lo único a lo múltiple, del anatema al diálogo.

– Ejercer la ironía, el sentido del humor y la duda, actitudes de las que carecen los generadores de odio, enfundados como están en certezas absolutas, mentalidades dogmáticas, actitudes intolerantes, comportamientos fanáticos, identidades singularistas, seguridades roqueñas, actitudes intolerantes y gestos airados. Frente a los discursos de odio sugiero seguir los orientaciones y prácticas de tres mujeres sabias y un pensador:

. Frida Khalo, pintora mexicana: “Reír me hizo invencible./ No como los que siempre ganan,/ sino como los que nunca se rinden”.

. Almudena Grandes, novelista española en Las tres bodas de Manolita: “Aprendí que la alegría es superior al odio, las sonrisas más útiles que los gestos de rabia y desaliento”.

. Paula Ortiz, directora de la película Teresa: “No hay herramienta más poderosa contra los dogmatismos que la duda […]. La duda es para mí el motor más subversivo”.

. Albert Camus, escritor y premio Nóbel de Literatura: “En medio del odio me pareció que había dentro de mí un amor invencible. En medio de las lagrimas me pareció que había dentro de mí una sonrisa invencible. En medio del caos me pareció que había dentro de mí calma invencible. Me di cuenta, a pesar de todo, de que en medio del invierno había dentro de mí un verano invencible. Y eso me hace feliz. Porque no importa lo duro que el mundo empuje en mi contra, dentro de mí hay algo mejor empujando de vuelta”,


1 Carolin Emcke, Contra el odio, Taurus, Madrid, 2020, 2ª reimpresión,47.

2 Ibid.

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