Dios debe ir a la escuela

DIOS no es la religión. Y menos aún la asignatura de religión. Casi todos los españoles han dado esa asignatura en la escuela o el colegio. Casi todos la han aprobado. Y algunos con nota. Pero a pocos se les nota que han tomado en serio a Dios

COMENTARIO: Compartimos algunas opiniones de este teólogo no ortodoxo respecto a la jerarquía eclesiástica. Pero no compartimos su defensa de la presencia de dios en la escuela. Nuestra defensa de la religión, de cualquier religión fuera de la escuela, no es sólo cuestión de privilegio de la católica (en nuestro país, en otros es a la inversa). Sino por entender que la escuela es la institución del SABER, no de la creencia, estas tienen sus lugares en los templos, las sinagogas, las iglesias, las mezquitas,… y siempre son promotoras de una convicción particular y no de lo común como personas. Esa es la tarea de la escuela trabajar lo que nos es común a toda la ciudadanía, y aportar el saber, no la creencia. En esto puede que coincidamos, pero no que la prsencia de dios en la escuela es la que va a permitir el respeto, la tolerancia, … la ética como seres humanos liberados de dioses es la que nos lleva a asumir esos valores, no la presencia de ese dios. No podemos aceptar que la moralidad de las personas dependan de dios. Somos personas adultas y capaces de asumir nuestra conducta libres de dioses.

Dios estará presente en la escuela sólo en la medida que forma parte de la historia, del arte, de la cultura


 Si el fracaso escolar es preocupante, el fracaso de la asignatura de religión es clamoroso. ¿No será que esa asignatura hace lo que las demás, que da unos 'conocimientos', pero no transmite una 'fe'? Ningún estudiante, por aventajado que sea, dice «yo creo en el teorema de Pitágoras», sino que asegura «yo me sé el teorema de Pitágoras». Como nadie dice «yo creo en Napoleón», sino que afirma «yo sé lo que hizo Napoleón». Me temo que, en el mejor de los casos, los muchachos, que acaban la escuela, salen de ella diciendo «yo sé que Dios es mi Padre». Pero no estoy seguro de que afirmen «yo creo que Dios es mi Padre», con todas las consecuencias que eso lleva consigo. Es más, estoy seguro de que casi todos los estudiantes se van de la escuela, del colegio, sin tomar en serio a Dios. La escuela se inventó para enseñar 'conocimientos' y comunicar 'valores'. Para transmitir 'creencias' está la familia y la parroquia o su equivalente en otras confesiones.

Y sin embargo, yo pienso que Dios debe estar en la escuela. Primero, porque en la escuela se debe enseñar el respeto a los demás, a los que son creyentes y a los que no lo son. Y se debe enseñar la tolerancia. Con los que tienen creencias religiosas y los que no las tienen. En la escuela se debe enseñar a convivir en paz en una sociedad plural, en la que viven creyentes, agnósticos y ateos. Y hay creyentes con creencias distintas. Por lo tanto, en la escuela se debe enseñar que Dios, por medio de las conciencias, no puede ser el gobernante supremo. Porque hay conciencias que admiten a Dios y conciencias que no lo admiten o que creen en dioses distintos. Una escuela que no aclara estas cosas, es una escuela que no educa para el respeto y la tolerancia, sino que deseduca y crea fanáticos que convierten la convivencia en un infierno.

Pero hay algo más importante todavía. Dios debe ir a la escuela para que allí se aprenda a no utilizar el nombre de Dios para lo que no se debe utilizar. Cuando los cristianos decimos «santificado sea tu nombre», es eso lo que queremos decir. Echar mano del nombre de Dios para imponer a otros lo que queremos (o para rechazar lo que no queremos) no se debe hacer nunca. Además, eso es peligroso, muy peligroso. Porque no es lo mismo decir «yo quiero esto» que decir «Dios quiere esto». Para mucha gente no es lo mismo desobedecer a un hombre que desobedecer a Dios. Por eso ocurre que, con frecuencia, las religiones, utilizando el santo nombre de Dios, limitan, recortan o niegan los derechos de las personas. Por ejemplo, les conceden a los hombres derechos que niegan a las mujeres. O les asignan a los creyentes una dignidad que les niegan a los ateos. Con lo que se establecen privilegios para unos y humillaciones para otros. En ese caso, Dios irrumpe en la sociedad civil para sembrar la discordia y el enfrentamiento. Y lo peor ocurre cuando, esgrimiendo la voluntad divina, se justifican resentimientos, odios, venganzas, humillaciones, violencias y guerras. El terror brota con frecuencia de mentes 'enfermas de divinidad', que ofenden, insultan y si es preciso matan en nombre de Dios. Estoy hablando de uno de los azotes más crueles que padecemos en este momento.

Muchas veces, el abuso de Dios no llega a tanto. Pero si es abuso, siempre es peligroso. Eso también se debe enseñar en la escuela. Porque hay gente que utiliza la voluntad de Dios y sus sagrados designios para hacer carrera, para trepar en la vida, para instalarse y aparecer como un notable, un personaje importante, dotado con una autoridad indiscutible. Con el agravante de que quien hace eso, normalmente invoca también a Dios para obtener privilegios, ganancias y favores que no se les conceden al común de los mortales.

Es importante que Dios esté en la escuela para evitar estos abusos. Porque sólo así será posible el respeto para todos por igual. Es más, sólo así será posible que la gente le tenga respeto a Dios. Porque un Dios que favorece a unos con detrimento de otros no puede ser el verdadero Dios. Por eso a veces pienso que quienes se imaginan que son los más dignos representantes de Dios en la tierra, lo que realmente hacen es provocar el rechazo. El rechazo hacia ellos mismos, que, en última instancia, llega a ser rechazo de Dios. Dicho más claramente, el llamado «ateísmo» de algunos, no es sino la manifestación más fuerte del explicable 'anticlericalismo' de muchos.

No sé si la asignatura de 'Educación para la ciudadanía' puede entrañar posibles peligros. Lo que sí sé con seguridad es que lo que he intentado explicar en este artículo es uno de los más serios problemas que tenemos que resolver en España lo antes posible. Por respeto a nosotros mismos, a los demás, y también a Dios. Por eso he dicho (y repito) que Dios debe ir a la escuela.

En España, la de antes y la de ahora, el 'factor Dios' siempre ha sido (y es) importante. Y también ha sido (y sigue siendo) un problema. Porque nuestros intereses y nuestras revanchas andan casi siempre 'enfermas de divinidad'. Y ya está visto que esta enfermedad no se cura sólo con clases de religión. Se curará el día que empiece a ir a la escuela el Dios que exige, antes que nada, respeto y tolerancia. El Dios que no tolera el abuso de su santo nombre. El Dios que nos enseñe a convivir en derecho, igualdad y armonía.

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