Deshielo con el Vaticano

La próxima visita del Papa a Santiago y Barcelona se produce en un momento de deshielo entre España y la Santa Sede después de años de tormentosas relaciones. La siempre difícil relación entre un Gobierno socialista y el Vaticano alcanzó tintes de auténtico enfrentamiento durante la primera legislatura de Zapatero. No en vano fue el mandato de reformas sociales tan audaces como la ley de matrimonios homosexuales o la revisión de la ley de educación del PP, con la introducción de la polémica Educación para la Ciudadanía.

Un cambio en Roma, no solo de Pontífice, sino de número dos de la curia, con la llegada de Tarcisio Bertone, y la voluntad del Gobierno de acabar con la guerrilla permanente, que incluyó insólitas manifestaciones de obispos en defensa de su visión tradicional de la familia, dieron un giro a las relaciones, conducidas con paciencia y constancia por la ya exvicepresidenta Fernández de la Vega.

El cambio de cromos comportó cesiones por ambas partes. El Gobierno mejoró la financiación de la Iglesia católica y aplazó indefinidamente la ley de libertad religiosa. Pero sacó adelante la nueva regulación del aborto y no transigió en el terreno educativo. Roma, en cambio, restó poder al Episcopado español tomando a su cargo la relación con el Estado y desactivó la línea ultra de la COPE.

Otra de las concesiones de Zapatero fue renunciar a la reforma de los acuerdos de 1979 que rigen las relaciones con el Vaticano como una herencia del Concordato. Esta es, sin embargo, una asignatura pendiente que un día u otro habrá que abordar.

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