«Dentro de la Iglesia no existen los derechos humanos»

El jesuita granadino José María Castillo defiende que en la Facultad de Teología «no se enseñan doctrinas que perviertan a los futuros sacerdotes»

El jesuita José María Castillo (Puebla de Don Fadrique, 1929) fue apartado de la docencia de la Facultad de Teología granadina hace dieciocho años, pero su prestigio internacional no ha hecho más que crecer desde entonces. Reclamado en medio mundo para que ofrezca conferencias sobre temas sociales, se muestra crítico sobre muchos aspectos de la Iglesia, «a la que le tengo un profundo afecto y la prueba es que sigo en ella y la sigo defendiendo». Este teólogo de renombre habla con mesura pero sin miedo, y no puede evitar la indignación cuando aborda el tema de la pobreza. Su último libro, una recopilación de artículos ya publicados, ha sido rechazado por la Congregación para la Doctrina de la Fe. Incluso lo acusaron de masónico.

-Es usted un ejemplo de que en la Iglesia existe la censura.

-En la Iglesia no existe la debida libertad de expresión. Además, la Iglesia defiende los derechos humanos fuera de ella pero dentro no existen los derechos humanos, no funcionan. El poder del Sumo Pontífice es equivalente al de las monarquías absolutas. En el estado de la ciudad del Vaticano, se dice que el Papa posee los tres poderes, así que no es un estado de derecho. En la Iglesia si a uno lo castigan o trasladan, a quién recurre. Hay bastante miedo en los estamentos eclesiásticos.

-¿Se considera usted un rebelde?

-Yo no me considero un rebelde, es posible que haya quienes me consideren rebelde. Lo que ocurre es que en la Iglesia, como en todas las instituciones en las que hay algo de humano, hay cosas deficientes. Hay mucho de bien y de verdad pero hay también deficiencias e incoherencias y yo no me suelo callar. Pero siempre he tenido mucho cuidado en no decir nada contrario a la fe cristiana y en no ofender a nadie en concreto. Pero sí soy crítico con cosas que se dan en la Iglesia y que no coinciden con lo que enseñó Jesús y el Evangelio, me parece que puedo y debo decirlo.

-Usted siempre ha sido batallador. Ha cuestionado asuntos como la postura sobre el uso del preservativo…

-La doctrina de la Iglesia en estas cosas es conocida. Pero incluso dentro de la Iglesia, personas de gran autoridad como el cardenal Martini, que era obispo de Milán y uno de los papables que nombró a Benedicto XVI, lo dice también. La Iglesia tiene sus motivos para prohibir el uso del preservativo, pero habida cuenta de que puede evitar el contagio de enfermedades como el sida, que es un gran problema en África y en todo el mundo, pues evidentemente se puede opinar. Y no es una cuestión de fe, es una cuestión de doctrina moral que se puede modificar si hay razones que lo aconsejen.

-¿Con qué otras cosas se muestra crítico?

-Por ejemplo con la evolución de la Iglesia desde lo que fue su origen, hasta la realidad actual. Jesucristo fue un campesino de la Palestina del siglo primero, un hombre humilde que pronunció un discurso muy crítico con cosas que ahora se hacen en la Iglesia. Por ejemplo, Jesús critica a quienes buscan los primeros puestos, preminencias, títulos, cuestión de privilegios. En la Iglesia hay más preocupación por sus propios privilegios, sus propios intereses, que por lo que le pasa a la gente, o lo que pasa en el mundo.

-En España da la impresión de que la Iglesia se alinea con determinadas opciones políticas.

-El término Iglesia es muy ambiguo. Si entendemos que son todos los creyentes, hay de todas las tendencias. Pero si nos referimos a los obispos, efectivamente hay un sector importante en el episcopado que tiene una marcada preferencia por la derecha, concretamente por el Partido Popular. Esto se nota mucho, por ejemplo, en la Cope. Es algo notorio. Así como el grupo Prisa tiene una tendencia conocida por el PSOE o socialista. Entiendo que se pueda tener una opción u otra. Lo que yo ya no entiendo es que se sirvan de la religión o de la Iglesia para empujar en la dirección de sus ideas políticas.

-¿Qué ha pasado entre el arzobispo y la Facultad de Teología?

-Lo que ha pasado no lo conozco, sólo sé lo que veo en el periódico. En este caso se ve claramente cómo se usan estos asuntos para expresar otros sentimientos que tienen poco que ver con la Iglesia. Hay que tener gran respeto, porque ahora se le falta el respeto a la Iglesia hablando mal de ella. Si lo que se hace es criticar las incoherencias de la Iglesia sobre lo que dicta el Evangelio, estoy de acuerdo porque soy el primero que lo hago. Pero así como de Biología o de Derecho hablan los que entienden, de Iglesia y de religión entiende todo el mundo, y todos dan su opinión dogmatizando y sentenciando. Pero también se le puede faltar al respeto desde dentro de ella. Por ejemplo, utilizando a la Iglesia para fines políticos, intereses económicos, para obtener privilegios o cargos, trepar o hacer carrera.

-Esta decisión de apartar a los seminaristas de la Facultad es difícil de entender, sobre todo cuando el centro tiene un gran prestigio

-No sé más que lo publicado o en la sección de cartas al director. Ante eso, como no dispongo de los datos, prefiero no opinar.

-¿Cómo ha sentado esto en la Facultad?

-Noto a la gente tranquila. Ha sido inesperado, nadie se lo imaginaba, pero tampoco está el ambiente revuelto. Hay serenidad, las cosas son como son. Pero yo insisto mucho en el respeto. Me parece que hay, sobre todo en la teología, ciertos elementos constitutivos que sabe muy poca gente.

-Da la impresión de que el problema ha sido que el centro se ha mostrado progresista, el curso se abrió con un discurso sobre bioética

-Yo voy a trabajar a la facultad porque uso la magnífica biblioteca, que debería ser un orgullo para la ciudad de Granada. Pero no sé lo que enseñan los profesores en las clases de teología -está ya retirado-. Pero sí le puedo garantizar que no enseñan doctrinas contrarias a la de la Iglesia ni que perviertan a los futuros sacerdotes, de eso estoy absolutamente seguro. Al mismo tiempo, si el señor arzobispo ha tomado esta decisión, tendrá sus motivos que yo respeto.

-Habla usted de que la Iglesia no debe buscar privilegios. El arzobispo intentó evitar a la justicia ordinaria en su contencioso con el ex canónigo, ¿Qué le parece?

-Pienso que todo ciudadano español tiene que estar sometido a las leyes del estado español. No veo por qué tiene que haber nadie que goce de privilegios que no tiene otro ciudadano. No tengo más que decir, ni menos tampoco.

-Usted siempre trata temas de actualidad, ¿Cree que a la Conferencia Episcopal le falta poner los pies en el suelo?

-En España, a partir del momento en que el PSOE ganó las últimas elecciones, se ha producido un proceso de crispación fuerte, hasta el punto de que se vuelve a hablar de las dos Españas. Creo que el que tenga las manos limpias que tire la primera piedra. En lugar de resolver los problemas que hay que resolver, pienso en los problemas de corrupción urbanística o en las carencias que tiene la educación, nos dedicamos a pelarnos unos con otros y eso no hace bien. Por otra parte yo creo que la jerarquía eclesiástica tiene que entender que la sociedad española no es como hace cuarenta años, ni siquiera como hace veinte años.

-¿Hay corrupción en la Iglesia?

-Los cargos eclesiásticos no son cargos políticos, son una responsabilidad de representación religiosa y de transmisión de valores y creencias, que va en otro orden de cosas y ante todo se tiene que predicar con el ejemplo. Esto ante todo y sobre todo. Si no predicamos con el ejemplo, de qué sirven las palabras. Y en ese sentido, habría que vigilar mucho más para que hubiera mayor coherencia. Vigilar para que la gente viera mayor claridad, mayor ejemplaridad y mayor transparencia en todos los que tenemos dirección eclesiástica.

-Es habitual que usted critique a los gobiernos porque no destinan el 1% del PIB que podría erradicar la pobreza

-Es tremendo pensar que hay 800 millones de personas que se alimentan por debajo del umbral mínimo de calorías que necesita un ser humano. 800 millones de personas que están abocados a una muerte de hambre, que es quizá la más cruel que se puede sufrir. Hambre o sus consecuencias. Y sin embargo, en el mundo se produce un 10% más de comida de la que necesita toda la población mundial para alimentarse suficientemente. Además, es notable que la Unión Europea se gaste muchos miles de millones de euros cada año en pagar a los agricultores para que no produzcan más leche, vino, cereales, cuando a pocos kilómetros de nuestras fronteras, la gente se está muriendo de hambre. Ahí es donde quisiera ver a las religiones y a la Iglesia. Sin darnos cuenta ha emergido una nueva religión en el mundo, la religión del mercado neoliberal. Se ha convertido en la gran religión en la que cree el mundo entero. Y es la que está ocasionando mas desigualdades y más sufrimientos.

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  • Castillo
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