Cuando las barbas de tu vecino veas pelar…

Francia, al igual que en otros momentos históricos, es una adelantada. Deberemos interpretar su señal y saber adaptarla a nuestra realidad.

En Francia estalló hace poco más de un mes una situación por todos conocida pero por nadie atendida de manera eficaz.

El Gobierno francés anunció medidas sociales a favor de la periferia desheredada de las grandes ciudades, una de ellas es la expuesta por el primer ministro Dominique de Vellepin: la creación de «una gran agencia de cohesión social y de igualdad de oportunidades», y el también ministro Nicolas Sarkozy declara que «los suburbios pobres han sido descuidados por 30 años».

El malestar y la rabia están ahí. No son décadas, sino cientos de años de explotación, primero en los países de procedencia, y luego en el «paraíso» que pensaron encontrar, donde se les necesita, pero se les discrimina. No es casual que suceda lo que está sucediendo, como no lo fueron tampoco los incidentes en la frontera de España con Marruecos. Ellos llegan del tercer mundo, como pueden, en busca de una vida mejor y alertan que debe cesar la impunidad y el irrespeto a sus derechos ( humanos), pues ellos son tan humanos como nosotros. Y ya estamos con el 'ellos' y el 'nosotros', aunque sea de forma inconsciente. Siempre se considera al 'nosotros' superior al 'ellos'; desde este planteamiento, cualquier tipo de paz será sólo transitoria. Debiéramos atrevernos a dar un paso más allá, y aproximarnos como individuos iguales en nuestra humanidad. Todos somos únicos y parte de la humanidad. Si nos identificamos excesivamente en el 'nosotros' perdemos la capacidad de identificar la humanidad del otro

¿Qué responsabilidades tienen las sociedades opulentas que fueron sus metrópolis y explotaron sin límites? ¿Dónde la humanidad de lo humano? ¿A dónde queda la educación religiosa ¿ recibida? ¿Dónde los obispos? Los ciudadanos bien asentados ahora se preocupan, las ciudades ricas se inquietan, Francia se estremece.

¿Puede esto pasar en España? El secretario general del Sindicato de Estudiantes alerta sobre la existencia de 'combustible' en nuestro país como para que se puedan producir estallidos semejantes. Y no es necesario que él nos lo diga, el que tenga ojos para ver, que mire a su alrededor, que mire el hacinamiento de los alumnos inmigrantes en la escuela pública, algunos convertidos por la desidia de la Administración. en auténticos guetos, que mire los barrios obreros, las concentraciones de inmigrantes en determinadas zonas. En sentido figurado, situemonos mirando a distancia, ¿acaso Mohamed y Ricardo, ambos de 8 años, tienen las mismas posibilidades de progresar? Fijemonos en Alemania, Francia… países con una mayor trayectoria en la recepción de inmigrantes, ¿ Cuántos Mohamed hay en sus oficinas, cuántos funcionarios, cuántos trabajando en los bancos, en las tiendas, cuántos presentadores de TV, parlamentarios?

Y cuando estos hoy niños sean ya jóvenes de 18 años, ¿quién tendrá dificultades para entrar, pongamos por caso, a la discoteca? Un mal día le dirán a Mohamed: «tú no entras» y la primera vez lo aceptará, pero a la tercera se irá a casa cargado de una sorda rabia.

La sociedad española cada vez es más plural, más multiétnica y esto es imparable. En este contexto social, la ciudadanía implica que así como el espacio público se debe regir por la igualdad de derechos y deberes, el espacio privado se debe basar en la libertad laica, es decir, cada cual tiene la posibilidad de que se respeten sus creencias, sus costumbres culturales y su identidad personal. El laicismo es la mejor garantía contra la intolerancia privada o colectiva. En este terreno de respeto al otro, a sus creencias, en España estamos muy por detrás de Francia, estado laico, y si allí esta pasando lo que pasa, aquí el futuro no se presenta nada prometedor.

Como propuesta de futuro, lo de Francia debiera servirnos para aprender e ir haciendo mejor las cosas, por ejemplo en eso de que no hay que jugar con el fuego del odio al otro, ya que ese fuego nos quema a todos, aunque aquí, con la derecha que tenemos, va a ser difícil. Estamos aún a tiempo para plantearnos España como un inmenso taller de integración, asegurando debates en los medios de comunicación, debates sobre la ciudad, sobre la lucha contra los guetos, sobre el acceso al trabajo… Hay que dar respuesta a la necesidad que las minorías y los inmigrantes tienen de reconocimiento social y cultural, sin tratar de imponer ningún modelo como mejor que otro. Esto desde la laicidad es posible, pero no desde el dogmatismo. España es una nación antigua, no va a desaparecer por esto, antes al contrario, se hará más grande, por plural y por influencia social.

Si en España el catolicismo perteneciera al ámbito de lo privado, como debiera ser, mañana el Islam, que irá en aumento, pertenecería igualmente a ese ámbito de lo privado, y esto sería un acontecimiento cultural de gran importancia histórica, que tendría repercusiones positivas en todo el mundo islámico.

No sé si aquí, en España, los políticos estarán a la altura, pero de seguir manteniendo las actuales conductas beligerantes que se manifiestan en determinados ambientes teístas mayoritarios y en determinadas jerarquías clericales, pensemos lo que esas mismas directrices pueden provocar en gente corriente que no hemos hecho votos y que tampoco hemos rezado mucho últimamente.

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