Contra soberbia humildad

Tras el Congreso Nacional de Cofradías celebrado en la ciudad, el comentario es de éxito. Pero para la Iglesia, o al menos para el Obispo de Zamora, debe ser relativo, ya que se encargó en la misma inauguración de regalar perlas a las instituciones presentes ante el estupor general y totalmente fuera de contexto.

Que las cofradías no están para resolver el problema turístico de Zamora o que «no son grupos políticos o culturales» sino hermandades que nacieron para «dar culto a Dios y ayudar a los hermanos necesitados, a los pobres, lisiados y debilitados» es por todos sabido y aceptado, pero también hay un refrán que dice: «es de bien nacido ser agradecido» y está claro que las instituciones dan mucho a la Iglesia católica y a sus organizaciones paralelas.
Analizando sus palabras de eso se trata, pero también hay que contar con todo el dinero institucional que recibe la Iglesia, la exención del IBI y/o por el que se cobra en la las entradas a monumentos e Iglesias, o en los museos que regenta la misma entidad, muchas veces restaurados o erigidos con dinero público.

En estas circunstancias, su máximo representante ha de ser agradecido con las instituciones que ayudan a que se mantenga el patrimonio eclesiástico y también cultural de Zamora y de toda España. Un estado laico y aconfesional como es el Estado Español, aunque no se demuestre con las importantes inyecciones de capital continuo que, aunque esté declarado como laico, la iglesia católica acepta desde siempre.

La ausencia en la inauguración y en la ponencia que el Obispo iba a realizar en el Congreso Nacional de Cofradías, y otras muchas muestras de soberbia magna por sus formas de expresarse han de tener su respuesta, en este caso de este diario católico declarado, pero que intenta ser justo en sus apreciaciones.

Lo dijo el de Nazaret «Den al César lo que es del César, y a Dios, lo que es de Dios» . Lo que se predica se devuelve y está claro que nadie va a solucionar el aspecto turístico de la ciudad que no sea el Estado y el resto de instituciones encargados de ello, pero la Iglesia a la que representa como máxima jerarquía de la ciudad el Obispo tendría que hacer lo que tiene encomendado por Dios y dejar que los hombres hagan el resto.

Igual que nadie niega el origen y sentido religioso de la Semana Santa, es imposible desligarla de su importancia cultural, artística, turística, popular e incluso culinaria, le guste o no al prelado. Y todos estos aspectos, incluido el teológico, han estado reflejados en el Congreso.

Los congresistas y visitantes no vienen a la ciudad «gracias a Dios», sino gracias a las promociones que hacen los hombres, en este caso los del Patronato de Turismo, los de la sección de Turismo de la Junta de Castilla y León, los de la Concejalía del Ayuntamiento de Zamora y también las personas que integran la Junta Pro Semana Santa de Zamora, que han tenido un intenso trabajo añadido mostrando las bondades de la ciudad… y así el largo ecétera que hacen que, mediante la comunicación y el empleo de caudales públicos, Zamora se llene de visitantes y también de creyentes.

Todos ellos vienen a disfrutar de un patrimonio cuidado por todos y pagado con los impuestos de todos no lo olvidemos. Aunque la Iglesia en ocasiones no lo haga ni lo arregle aduciendo que ni tiene dinero para ello, aspecto cuestionable cuando es sabido que fondos de inversión tuvieron hasta en la tristemente famosa Gescartera.
«No busquéis otra finalidad a las cofradías. Las cofradías son el pilar que sostiene la Semana Santa, pero no las utilicéis para lo que no son, no pueden solucionar el problema turístico de nadie, eso son otros los encargados y responsables de solucionarlo». Efectivamente así es pero esa potestad de la decisión la tienen los humanos y no Dios ni el Obispo, la comunión entre ambos ha de ser el objetivo de corresponsabilidad.
La prepotencia y el mandato militar es para los militares y claro eso es un estamento que nada tiene que ver con la Iglesia, porque en la iglesia nos enseñaron otra cosa, como la de dar de comer al hambriento y de beber al sediento o las bienaventuranzas se aplican como debe hacerse o la cosa pinta mal.
Podrán hacerse críticas al Congreso, pero la primera ha sido la inoportunidad y el desprecio institucional del Obispo de Zamora que, además de no agradecer el apoyo, ha recriminado el uso de la Semana Santa como emblema turístico.

«Sancho, con la Iglesia hemos topado» diría Miguel de Cervantes, pero esa no es la que el Papa Francisco quiere, ni mucho menos, o sino que se lo cuenten a los 190 obispos que durante estos días han tenido que hacer un acto de contrición contra la pederastia y los abusos a menores, un acto totalmente loable y necesario en estos días que vivimos.
El problema se afronta reconociendo que se tiene, por tanto si el señor Obispo reconoce y tiene una visión tan sectaria, que no se preocupe, que le ayudaremos a afrontarlo desde la comunión, de la ayuda sincera y sin tapujos. Una colaboración que tiene que ir encaminada a que recuerde que contra la soberbia solo existe la humildad y que todos somos pecadores y dignos de alcanzar las promesas de nuestro señor Jesucristo. Que, además, fue quien también dijo que no quería mercaderes en el templo y que si quieres al prójimo como a ti mismo las cosas irían de otra manera.

Pues a aplicarlo tocan.

Paco Colmenero

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*Los artículos de opinión expresan la de su autor, sin que la publicación suponga que el Observatorio del Laicismo o Europa Laica compartan todo lo expresado en el mismo. Europa Laica expresa sus opiniones a través de sus comunicados.

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