¿Constitución o Biblia?

Preámbulo: Estado laico o secular se denomina al Estado, y por extensión a una nación o país, independiente de cualquier organización o confesión religiosa o de toda religión y en el cual las autoridades políticas no se adhieren públicamente a ninguna religión determinada ni las creencias religiosas influyen sobre la política.

Desde que ambos existen, la relación Iglesia-Estado ha sido una de claroscuros, de idilios increíbles y litigios brutales que en otros tiempos llevaron a cientos a la muerte y que ahora siembran la incertidumbre en un pueblo en el que, irónicamente, su fe es su mayor debilidad.

Desde siempre el hombre ha buscado para su sociedad libros o documentos que normen su comportamiento o sus actividades humanas, comerciales y aún sociales; de ahí el nacimiento de códigos, leyes y constituciones que son rectoras del comportamiento en el ámbito público y otros documentos y libros religiosos que marcan las normas de comportamiento personal o espiritual de cada individuo y no necesariamente de la colectividad de una población.

Es de recordar que desde la Constitución de 1857 México es un Estado laico y por ende sus estados y municipios y en la actual Constitución de 1917: el artículo 130 establece que tanto la Iglesia como el Estado deberán permanecer separados en aspectos claramente definidos.

Todo lo anterior con motivo de la canonización del mártir sahuayense José Sánchez del Río, tema en el que el municipio de Sahuayo ha rebasado los límites de lo aceptable pues incluso la Dirección de Cultura de este Ayuntamiento se ha lanzado como productora de un tema musical alusivo al cristero martirizado.

En ese sentido, los ciudadanos sahuayenses han de preguntarse seriamente si las decisiones para ejercer el gasto del dinero público de este municipio se toman en base a la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, la Constitución del Estado de Michoacán, la Ley Orgánica Municipal o simplemente se abre la Biblia y se interpreta lo que se lee.

Podrán argumentar las autoridades, locales, estatales y aún la Federación que se trata de promover a través de la coinversión el llamado turismo religioso; sin embargo, acá la pregunta será cómo este turismo beneficiará a las clases más desprotegidas de este municipio habida cuenta que de construirse el santuario al mártir en el lugar que ha autorizado el Obispado de Zamora será operado por organizaciones religiosas.

¿Cómo la llegada de miles y miles de peregrinos beneficiará a otros que no sean los propietarios de hoteles y restaurantes que no son precisamente pobres? Lo cierto es que la fe es algo sagrado y muestra de ello fue justamente la muerte del próximo santo sahuayense, que ofrendó su vida por defender su derecho a creer ante un Estado que quería limitarla.

Lo incongruente es entonces que ahora sea el Estado, el municipio pues, el que pretenda generar una fiesta que nace a raíz de una tragedia propiciada por el empecinamiento del gobierno de aquel entonces en controlar las creencias de un pueblo.

En un ánimo de equidad e igualdad, me imagino que así como el municipio de Sahuayo invierte recursos y horas hombre en la preparación de este festejo, las diferentes sectas y cultos que están en esta ciudad podrán acercarse en busca de apoyos para la realización de congresos y eventos a final de cuentas nos queda claro que, al menos en este municipio, el concepto de Estado laico es sólo letra en papel que puede arrojarse a la basura.

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