Con pañuelo a P-3 (Infantil de 3 años)

Es un tema que no se quiere abordar políticamente, ya lo vimos con los discursos después de los atentados del pasado agosto pero ninguna niña ni en primaria ni en infantil no tendría que ir con pañuelo al colegio

Me lo contó una maestra: en su centro una niña de P-3 llevaba pañuelo. Tendría que estar prohibido, le respondí intentando contener la indignación. Tendría que estar prohibido, entre otras cosas, porque las niñas no llevan pañuelo en Marruecos, las niñas de 3 años no llevan pañuelo ni en Arabia Saudí. Pero hemos interiorizado un respeto a la diversidad mal entendido que no se atreve ni a opinar sobre lo que forma parte de la “cultura” del otro. No es cultura ni es religión ni tiene justificación alguna que niñas de 3 años sean marcadas desde pequeñas con un signo que las hará distintas a las demás, que las educará en la interiorización de un sistema de normas discriminatorias en el que el pañuelo no es más que la punta del iceberg. Unas niñas que crecerán tapadas, en conflicto con su propio cuerpo, aprendiendo a considerarlo un enemigo sospechoso.

Es difícil que una niña a quien se le ha puesto el pañuelo a los 3 años acabe decidiendo libremente si ponérselo o no. Este es el objetivo de algunas familias asustadas ante la posibilidad de libertad de las hijas, sobre todo de libertad sexual, afectiva y religiosa: que cuando crezcan, si no han sido educadas férreamente en los rígidos principios de la moral que les corresponde, acaben escogiendo “salirse del camino recto”. Estábamos acostumbradas a ver nuestros movimientos sometidos a más control después de que nuestros cuerpos cambiaran y nos hiciéramos deseables, pero parece que con eso no es suficiente, que se tienen que anticipar las precauciones para impedir que en un futuro la hija crea que puede vestir como quiera.

Cuando yo era pequeña, en un pueblo que de feminista no tenía nada, solamente las mujeres casadas estaban obligada a taparse. Unas décadas más tarde y en una democracia aconfesional, igualitaria, se permite que una niña que aún no levanta dos palmos del suelo se convierta en bandera de una ideología reaccionaria que se infiltra en las conciencias de los creyentes. Porque es de lo que estamos hablando, de un fenómeno global con recursos y potencia suficiente para difundir su mensaje como si fuera verdad absoluta, negando a los individuos la libertad de elección cuando de practicar su religión se trate, una ideología obsesionada con el control de las mujeres, sobre todo del control de su sexualidad. Es decir, un patriarcado como todos los patriarcados religiosos. Ahora, además, no hacen falta imames de largas barbas predicando en las mezquitas, ni siquiera en las televisiones por satélite, ahora el mensaje fundamentalista viaja por las redes y se difunde sin resistencia alguna.

Es un tema que no se quiere abordar políticamente, ya lo vimos con los discursos después de los atentados del pasado agosto pero ninguna niña ni en primaria ni en infantil no tendría que ir con pañuelo al colegio. No hay norma religiosa que lo justifique. A menos, claro está, que asumamos el fundamentalismo como ‘diversidad’ digna de ser respetada.

Najat El Hachmi

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*Los artículos de opinión expresan la de su autor, sin que la publicación suponga que el Observatorio del Laicismo o Europa Laica compartan todo lo expresado en el mismo. Europa Laica expresa sus opiniones a través de sus comunicados.

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