Con la ayuda de Macri y el peronismo, los jerarcas evangélicos buscan un «Congreso provida»

La estrategia celeste y la preocupación por el voto de los sectores que representa la Alianza Cristiana Evangélica (Aciera), cada vez más vinculada al Estado y al poder político, es transversal a la mayoría de las listas. Sus objetivos hacia las generales de octubre y los aliados con los que cuenta.

En medio de la crisis que atraviesa el país, Mauricio Macri se tomó un rato para recibir este jueves, en la Casa Rosada, al presidente de la Alianza Cristiana Evangélica (Aciera), la organización que nuclea a los jerarcas que rechazan -entre otras cosas- la legalización del aborto.

Hace unos días, tanto el actual mandatario como Alberto Fernández, se reunieron también con la Conferencia Episcopal Argentina, cúpula de la Iglesia Católica, con lazos con Bergoglio y el mismo rechazo a este derecho elemental.

Pero sobre la alianza que preside el pastor de la Iglesia Bautista Rubén Proietti, parece pesar un interés particular. Con unos 9 millones de fieles y más de 15 mil iglesias en el país, Aciera vuelve a concentrar la atención de Cambiemos, así como la del PJ. Una renovada búsqueda del voto de los sectores a los llegan las iglesias, así como un renovado interés por garantizar una composición parlamentaria «a la altura» de las leyes y la contención que necesita una política de ajuste, parecen estar en juego.

La estrategia celeste

Proietti cuenta que desde Aciera no participan «en política partidaria», aunque reconoce que alientan «a los fieles con vocación» a involucrarse en el tema.

¿Rebuscado? No. Es una forma de describir la estrategia que tienen para avanzar en representación en el Congreso Nacional, la institución que finalmente tuvo que debatir, después de 7 presentaciones sucesivas, el proyecto de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto. Una institución alejada completamente de las necesidades de las grandes mayorías, y en la que también se debaten otras leyes, como la reforma previsional, o la reforma laboral, o los vencimientos de la deuda u otras medidas que exigen los planes que tiene el FMI… o el presupuesto que se otorga a las instituciones religiosas… o la injerencia que éstas tienen en las políticas del Estado. Son sólo algunos ejemplos.

Si en 2018 la estrategia de «los celetestes» fue la del lobby parlamentario , para evitar que avancen las demandas y la experiencia de la enorme marea verde, la estrategia que se dieron para 2019 «los fieles con vocación», fue la avanzar con su presencia en casi todas las listas que superaron las PASO. La excepción es el Frente de Izquierda-Unidad, que encabezan Nicolás del Caño y Romina del Plá y lleva a Myriam Bregman como primera candidata a diputada nacional por la Ciudad de Buenos Aires, siendo la única lista nacional completamente verde y con posibilidades de ampliar su representación en el Congreso.

La estrategia del lobby parlamentario le permitió a la cúpula evangélica afianzar muchos de sus lazos con gobernadores, funcionarios, diputados, jerarcas de otras iglesias y grupos antiderechos, y eso tuvo también su expresión a nivel territorial . Como señalan funcionarios del propio Estado bonaerense, en los barrios más humildes de la provincia, dónde muchas veces las iglesias llegan donde el Estado no, eso se ve claramente.

«Estamos con la gente, estamos en la calle, estamos en todas partes. Acá en La Matanza no podés doblar una esquina sin ver una iglesia evangélica», explica Gabriel Ciulla, pastor de la Iglesia Camino de Vida y flamante subsecretario de Culto de La Matanza, la cartera que poco antes de las PASO creó la intendenta y candidata a vicegobernadora del Frente de Todos, Verónica Magario.

Jerarcas evangélicos everywhere…

Aunque con un peso mucho menor al de la cúpula Católica, las elecciones encuentran a la jerarquía evangélica encabezando un número inédito en su historia en el país. Según sus estimaciones, más de 200 miembros , entre candidatos y candidatas a legisladores nacionales, provinciales, concejales y consejeros escolares, además de una candidata a vicepresidenta como Cynthia Hotton, que acompaña en la fórmula presidencial a José Gómez Centurión, integran en la actualidad las listas de los partidos mayoritarios. De todos.

Es lo que destacó el propio Rubén Proietti, que aunque es cercano a las filas del kirchnerismo festejó recientemente, en un encuentro con esos aspirantes a diversos cargos, «el rol de cada evangélico en los diferentes partidos». Allí, junto a los «celestes transversales» a las listas del régimen político, el presidente de Aciera trazó un nuevo objetivo hacia las generales de octubre: “reafirmar, independientemente del espacio que cada uno ocupa, la defensa de las dos vidas y la familia”, manifestó.

«Votá 2 Vidas», una de las organizaciones de Aciera, destacó luego que «para alcanzar un Congreso Provida sólo hay una misión y es muy concreta. Que la mayor cantidad de senadores y diputados, sean del partido que sean, sean provida. Este es el objetivo que asumimos», dijeron, y llamaron a redoblar esa campaña para conseguir la mayoría en ambas cámaras. «Tenemos dos meses para lograr el mismo milagro que logramos el año pasado», manifestaron en referencia al rechazo a la ley de aborto, que lograron en el año 2018.

Que oficialistas y opositores de la mayoría de las listas buscan el apoyo de las cúpulas religiosas, no es novedad. De manera más o menos directa, con más o menos cobertura «verde», en estas elecciones, esto se expresa también en el armado de las listas. Se ve en el Frente Nos, que encabeza el ex funcionario macrista Juan José Gómez Centurión, en las candidaturas de Juntos por el Cambio y en las que integran Consenso Federal, el frente que encabezan Lavagna y Urtubey.

Y también se ve en el Frente de Todos, incluso cuando Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner dicen -después de 12 años de negar este derecho, contando con la gestión del Estado, la mayoría parlamentaria y un ministerio de Salud- estar a favor de la despenalización de la práctica.

Ya el hecho de que el ex ministro de salud y actual gobernador tucumano, Juan Manzur, sea uno de los personajes más elogiados por esta fórmula, además de un candidato firme a ocupar el sillón de Marcos Peña, como Jefe de Gabinete de Ministros, debe leerse como mucho más que «un dato». Es, materialmente, una de las caras del llamado a «unir pañuelos verdes y celestes» que realizó la ex mandataria después de la derrota del aborto.

Pero el gobernador que -entre otras cosas- obligó a parir a una nena de once años, no es el único antiderechos en las filas de la alianza que promueve el kirchnerismo. Puede recordarse, por caso, a la actual intendenta de La Matanza, Verónica Magario, a la gobernadora de Tierra del Fuego, Roxana Bertone, que ingresaría al Congreso de la mano de este frente; a la senadora rionegrina que votó en contra del aborto, Silvia García Larraburu, nuevamente encabezando las listas del Frente de Todos; al intendente chaqueño Jorge Capitanich; al actual gobernador rionegrino Sergio Casas, que encabeza la lista antiderechos del albertismo en esa provincia; al ex embajador del Vaticano, Eduardo Valdés, otro de los que compite con la banca que encabeza Myriam Bregman.

… menos en el Frente de Izquierda

Todos ellos ingresarían al Congreso luego de las generales de octubre, y también son parte de la «estrategia celeste» que promueven las iglesias y grupos fundamentalistas. El Congreso por venir, de triunfar esa orientación, no sólo le daría una mayoría automática al peronismo, y sería al menos un grosero «error periodístico» no decirlo.

Tras los resultados de las PASO, el golpe de los mercados y el escenario que preparan para descargar la crisis capitalista sobre les trabajadores y pobres, la composición de ambas cámaras, la de Diputados y la de Senadores, hace también al debate sobre el futuro que se viene, no sólo para nuestro postergado derecho al aborto.

El intento de derechizar -más todavía- la composición del Congreso, con una mayor presencia de «celestes» en todos los partidos, no hay que dejarlo pasar.

Hay que fortalecer la voz de las que no tienen voz, la de las millones de mujeres jóvenes, trabajadoras y pobres, que son las principales víctimas del aborto clandestino, pero también las principales protagonistas, junto a sus compañeros, de las luchas por venir. Algo de eso parecen anticipar las luchas de los trabajadores y trabajadoras de Mielcitas, de la docencia de Chubut, de la comisión de mujeres que acompañó la lucha de los trabajadores de Ran Bat.

Las y los que tienen en sus manos la llave para invertir las prioridades que nos quieren imponer desde esa casta de políticos y políticas que sirven al interés de las iglesias, los gobernadores de turno, los empresarios. Fortalecer a la izquierda en el Congreso, será por eso también una gran batalla que encarará el Frente de Izquierda-Unidad en los próximos meses.

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