Con Dios no se juega

Nicola Pozzi, jugador de la Samp, sancionado con un partido por blasfemar

Que un jugador se santigüe antes de un partido es algo habitual en el mundo del fútbol. Que después su comportamiento esté alejado de los cánones dictados por la doctrina católica es otra historia. Al menos, en muchos rincones del mundo. Porque en Italia no. En el país transalpino, que pasa por ser uno de los más católicos del mundo, miran con lupa la religiosidad de los futbolistas y esperan de ellos que sean un auténtico espejo para los más jóvenes.

Este celo es el que, a buen seguro, ha llevado a la Federación Italiana a castigar con un partido de suspensión a Nicola Pozzi, delantero de la Sampdoria. El jugador del cuadro genovés no entró con violencia a ningún rival. No se extralimitó en sus protestas al colegiado. No vio dos cartulinas amarillas. Su 'pecado', y nunca mejor empleado el término, fue blasfemar.

En efecto, a Pozzi se le calentó la boca al término del Cesena-Sampdoria del pasado domingo. Y según numerosos testimonios, recogidos ampliamente en numerosas webs italianas, Pozzi pronunció dos palabras que le obligarán a descansar esta próxima jornada: "Porco Dio!", exclamó el delantero. Literalmente, podría traducirse como 'cerdo Dios'. El caso llegó a los órganos disciplinarios de la Federcalcio y estos no dudaron en castigar a Pozzi con un partido de suspensión "por haber, al término del partido, proferido una expresión blasfema".

El caso ha desatado una auténtica polémica en el país transalpino. "Es absurdo", sentenció el técnico de la Samp, Domenico di Carlo, que defendió que Pozzi habría dicho lo que dijo "veinte minutos después del final del partido, discutiendo con un compañero de equipo mientras se comían un bocadillo de jamón. Habría que tener un poco más de sentido antes de adoptar según qué decisiones".

El lío está servido. Y aliñado además por el hecho de que Cesare Bovo, jugador del Palermo, soltó un idéntico 'Porco Dio!' mientras se quejaba amargamente ante uno de los árbitros asistentes de su partido. Con el agravante de que su exabrupto fue fielmente recogido por las cámaras de televisión. Bovo, curiosamente, se ha salvado de la suspensión. Salvo que la Federación se lo repiense. Porque en Italia, con Dios no se juega.

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