Católicos perseguidos en España

A propósito del escándalo de pederastia en el colegio Valdeluz Agustinos, personajes e incluso organizaciones católicas han afirmado que “vienen a por nosotros porque somos católicos”. Grave afirmación que merece ser analizada en función de los datos de que ya disponemos, ellos y nosotros,  hasta sentencia del juez.

El tema tiene muchos y gravísimos agravantes, que explican, sin recurrir a ningún prejuicio ideológico, la atención de que ha sido objeto. Se trata, en efecto, de muchas víctimas, cuyos testimonio coinciden, dándose veracidad, y de unos abusos conocidos y repetidos desde hace siete años, por un individuo que tenía autoridad sobre ellas como profesor, y que ya había tenido problemas semejantes con anterioridad; hechos, además, sabidos desde 2006 por los superiores del Colegio, que ahora reconocen que tenían que haberlo denunciado.
 
El contexto social también condena a quienes intenta tapar los hechos haciéndose ellos las víctimas, usando la táctica de que “la mejor defensa es el ataque”. Resulta ridículo hablar de persecución a los católicos cuando la mayoría del país aún profesa esa religión y cuando gobierna a nivel estatal un partido “de inspiración cristiana” que le concede de distintas maneras y –contra la Constitución- unos diez mil millones de euros anuales de nuestro dinero.
 
¿A qué seguir? Está claro que todavía hay sectores católicos que no se contentan sino con tenerlo todo y tapar todos sus abusos, como en aún demasiado reciente franquismo. La misma ONU acaba de reprochar al Vaticano en este caso, que promete pero no sólo no cumple y no entrega a la Justicia a sus pederastas, sino que sigue facilitando su impunidad. Mientras, demasiados padres siguen confiando con fe ciega sus hijos al cuidado de quienes tienen unas costumbres sexuales reprimidas por normas antinaturales, lo que facilita la comisión de esos delitos, por más que intenten negarlo –¿qué otra cosa pueden hacer en su situación?- esos mismo sujetos, incluido el papa Francisco.   No hay que pecar tanto de soberbia y tentar a Dios, “mejorando” la naturaleza que Él nos dio: “Quien quiere hacer el ángel termina haciendo bestialidades”, nos advirtió ya el tan católico Pascal.   
 
Colegio Valdeluz Agustinos Madrid abusos

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