Carta a Dios

Crítica contra el doble lenguaje de la cúpula eclesiástica

Querido Dios, no sé quién recibirá esta carta, me refiero a si el Padre, el Hijo o el Espíritu Santo, la verdad que tengo un lío. Pero, como parece que sois lo mismo me dirijo a ti, y todo arreglado. Me dicen, quienes te «conocen», que te puedo tutear ya que parece estás por encima de banalidades. Yo te lo agradezco. Soy de los que pienso que el respeto no se pierde por el usted o el tú.

En fin, voy a lo que me ocupa. Había pensado enviar la presente a su Eminencia el Sr. Rouco; pero me dije, mejor al jefe que eres tú. La verdad, Dios, que lo de tu Iglesia por estos lares de España es para echarse a temblar o tal vez para reír. Mejor esto último, por aquello de la úlcera y el infarto.

Te cuento. Tres casos traen de cabeza a su Eminencia y por añadidura a la conferencia de obispos (entre ellos al valido monseñor Camino) que te representan en este valle de lágrimas. Uno el laicismo, el segundo la Ley de la Memoria Histórica sobre los asesinatos del franquismo, te subrayo lo de asesinatos porque, si mal no recuerdo, uno de tus diez mandamientos los castiga. Y el tercer caso en discordia es la selección de embriones para curar enfermedades específicas. Tú, es decir, tu hijo, -menudo lío- que resucitó a Lázaro y curó a paralíticos, debéis de estar «flipando» -te aclaro que es una palabreja de moda, a mí no me gusta, pero? ya sabes? la moda- , porque lo lógico es curar, y no dejar morir.

Con relación al laicismo, la eminencia del Sr. Rouco culpa al mismo de ser el inspirador del nazismo y del comunismo. Tú que todo lo sabes, aclara a Rouco y sus adláteres que tu Iglesia bendijo a Hitler, a Franco, a Pinochet, y que el actual jefe de la Iglesia Católica, fue de las juventudes hitlerianas, sí, ya sé, pecados de juventud, pero está bien que se lo recuerdes. Además sabes, y seguro que no estarás de acuerdo, que los obispos levantaban el brazo al son del Cara al Sol o al paso de Franco cuando regresaba de firmar el parte diario de penas de muerte. Explícale, también, que el comunismo no lo inspira el laicismo, sino la injusticia, las riquezas soeces, como las que posee tu Iglesia. ¿No te parece, pues, que resulta mendaz la tergiversación de Rouco Varela? Quiero, en este punto, dejar a salvo a sectores seglares y talares de tu organización eclesiástica que me consta no comparten lo de sus eminencias. Así, que a estos no los riñas.

Con relación a la Ley de Memoria Histórica, tu Iglesia se manifiesta por el olvido y el perdón. Sin embargo beatificará a ochocientos supuestos mártires de la Guerra Civil española que se sumarán a los 498 en 2007. No tengo nada que objetar a las beatificaciones; pero parece lógico que los demás quieran y deban saber que fue de los suyos. Supongo que con tanto beato y beata estarás contento, yo, si fuese tú, estaría «como unas castañuelas». La verdad es que no estoy por la labor de matar a nadie y me parece horrendo que haya habido tantos «mártires». De verdad, Dios, no lo comparto. Ninguna idea merece una vida.

Sin embargo, hay algo en esto que debería preocuparte. Son las declaraciones del señor Camino. Lee, con atención. Dijo: «La sangre de los mártires es el mejor antídoto contra la anemia de la fe» y «?el testimonio de los mártires es siempre para la Iglesia origen de vida». ¿No te parece truculento? Está bien que exhiban a tu hijo y el de María en la cruz lleno de sangre y de heridas, cruz que según las últimas declaraciones de otra eminencia de la Iglesia, (a raíz de la ya vieja reivindicación de que los signos religiosos no tiene que estar en los centros de enseñanza pública) es signo de libertad, ¿qué entenderá tu Iglesia por tal?, pero que el origen de la vida sea el testimonio de los mártires, es de esquizofrenia. Tú, que todo lo sabes, dile al inefable monseñor que el origen de la vida humana está en ciertas relaciones sexuales entre personas sobre las que los monseñores -por aquello del «voto» de castidad- deberían enjuagarse la boca antes de opinar. Aunque, algunos «ese voto» lo llevan mal, ¿perdonaste a los pederastas clericales? Espero tu magnanimidad.

Y, ahora, señor Dios, te comento el tercer caso que preocupa a tus colegas los obispos: la selección de embriones. Respecto a esto, sus eminencias lo tienen claro: «No se puede matar a una persona para curar a otra?» calificando de «práctica eugenésica» el nacimiento del bebé curado y que sanará a su hermano. Como todo lo ves y todo lo sabes irás sobrado sobre el tema, así que no entro en detalles. No puedo despedirme sin contarte algo que me trae de cabeza y es que la casta eclesiástica, entre otras lindezas, pregona que a ti se llega por el dolor y el sufrimiento. Deberías, tal vez, sugerir al Sr. Rouco y compañía que se quemen a lo bonzo o se hagan el haraquiri. ¡Habrá mayor gloria!

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