Cada 11 segundos una niña es mutilada

El sábado día 6 se celebró el Día Mundial contra la mutilación genital femenina, una gravísima violación de los Derechos Humanos que se practica de forma habitual en 28 países africanos en niñas cuyas edades oscilan entre 4 y 10 años; una práctica que llevan a cabo “ancianas experimentadas” y “parteras” en condiciones higiénicas lamentables, sin ningún tipo de anestesia, con un cuchillo, con una hoja de afeitar, incluso con un pedazo de vidrio. En nuestra “civilizada” Europa durante los siglos XVIII y XIX se practicó la cliterodectomía a las mujeres que se consideraba afectadas de “histeria y epilepsia”.

Connotaciones mágicas
La ceremonia de iniciación que marca el paso de niña a mujer tiene unas connotaciones mágicas y sociales que dificultan la erradicación de esta práctica. Las mujeres permiten que sus hijas pasen por esta tortura para que no sean rechazadas de por vida, por ello es imprescindible que se involucre a toda la comunidad, que se transmita el conocimiento de que la ablación va en contra de los derechos de las mujeres y de su salud.

Breve descripción de una ceremonia de ablación
Los ancianos del clan eligen a las candidata/as, a la “madrina” de la ceremonia y la fecha de celebración; el día señalado se ata a la niña; después de los pertinentes rezos se procede a la “intervención”; finalmente se tapa la herida con una cataplasma de plantas medicinales para evitar las hemorragias y “facilitar” la cicatrización. Durante la ceremonia la víctima tiene que guardar un silencio sepulcral, no puede llorar ni gritar porque de lo contrario deshonraría a su familia.

Clasificación de las mutilaciones genitales según la OMS
Según la última clasificación de la OMS, se identifican cuatro tipos de mutilaciones genitales femeninas:

Tipo I: escisión del clítoris y/o del prepucio.

Tipo II: eliminación parcial o total del clítoris y de los labios menores, con o sin resección de los labios mayores.

Tipo III: se cortan y cosen los labios menores y/o mayores produciendo una estenosis del orificio vaginal, con o sin eliminación del clítoris. Este tipo se denomina también “infibulación”.

Tipo IV: amplio abanico de prácticas variadas e inclasificables, que incluyen el cosido del clítoris, o los labios, o ambos; la cauterización, quemando el clítoris y los tejidos que lo rodean; el raspado del orificio vaginal (cortes angurya) o hacer cortes en la vagina (cortes gishiri), y la introducción de sustancias corrosivas o hierbas en el interior de la vagina para provocar el sangrado de la misma o con la finalidad de reducirla o estrecharla.
Entre las secuelas de los tipos I y II están las infecciones recurrentes del tracto urinario, infecciones pélvicas, infertilidad, abscesos, fístulas, vésico-vaginales y recto-vaginales, quistes dermoides, queloides en la cicatriz, enfermedades de transmisión sanguínea (entre las que se encuentran la hepatitis B y el VIH), dismenorrea, dispareunia; entre las del tipo III además de todas las anteriores puede producirse retención del flujo menstrual con infecciones posteriores que pueden provocar inflamación pélvica, esterilidad provocada por la inflamación de pelvis, dificultad para orinar con infecciones crónicas, incontinencia urinaria, relaciones sexuales extremadamente dolorosas e incluso imposibles de mantener.

El testimonio de Khady Koita
“No se puede mirar hacia otro lado amparándose en que es su cultura o su tradición para no intervenir” afirma Khady Koita, una mujer senegalesa de la etnia soninké a la que le cortaron el clítoris con una cuchilla cuando tenía 7 años y cuyas tres hijas fueron “purificadas” sin que ella lo supiese; Khady lleva 22 años luchando contra la práctica de la ablación: “La mutilación es un atentado contra la dignidad y la integridad de la mujer; mutila nuestro sexo, pero también una parte de nuestro cerebro, buscando que seamos sumisas, muy sumisas. Te mutilan para garantizar la virginidad y que llegues casta al matrimonio, para que no puedas buscar a otro hombre, porque cuando una mujer es mutilada, se queda sin ganas de hacer el amor, el deseo físico desaparece. La culpable es la educación. Se educa a la mujer, desde bien niña, en que existe sólo para casarse y ocuparse de su marido e hijos. Le hacen llegar la idea de que la mujer está sólo para contraer matrimonio, procrear y ser esclava de su marido; que no tiene derecho a pensar por sí sola, a reflexionar, a vivir como otra persona cualquiera. Se le despoja de su dignidad e integridad. Y cuando a una persona se le quita su dignidad, ¿qué le queda? No gran cosa. Y la mutilación se hace sólo por eso: por el control y la dominación sexual sobre la mujer. Pero yo no culpo de esto a la religión, porque se ha comprobado que nada de ello viene en los textos religiosos, sino que son los hombres los que han querido meter esto en la religión”.

No sólo en África
A Europa, Estados Unidos y Oriente Medio junto con la población emigrante viaja la práctica de la mutilación genital femenina.. Los primeros casos conocidos en España datan de la década de los 90 y fueron denunciados por los servicios de salud pública, las madres intentaban que se sometiese a sus hijas a esta práctica. La modificación, en el año 2005, de la Ley Orgánica del Poder Judicial permite a los jueces españoles perseguir las mutilaciones cometidas en los países de origen.
Los factores de riesgo que indican que una niña es víctima potencial son su pertenencia a una etnia que practique la mutilación genital femenina; que su madre y/o hermanas hayan sido mutiladas, que en su grupo familiar el retorno al país de origen sea un objetivo prioritario, la proximidad de un viaje a dicho país. A partir de la constatación del riesgo llega la labor de formación y sensibilización con el entorno de la niña, labor que no siempre tiene un resultado positivo por lo que también se informa a los padres de las consecuencias legales para que ellos a su vez transmitan a los familiares en el país de origen lo que puede ocurrirles si la mutilación se lleva a cabo. Desgraciadamente, aunque acertadas, estas medidas son insuficientes. Algunas ONGs proponen la implantación de ceremonias alternativas en las que no se practiquen mutilaciones pero en las que permanezca el espíritu del rito de iniciación con la conservación de danzas, cánticos y actos simbólicos porque únicamente con la prohibición no se conseguirá erradicar esta práctica.

Pilar Rego es educadora social y bloggera

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