«Bin Laden» estaba en el convento

Ha sido el robo de la semana y, si no me equivoco, puede ser el del año. Un ladrón entra en un convento de clausura de Zaragoza y se lleva debajo del brazo nada menos que ¡¡¡1,5 millones de euros!!! Ahí es nada. Y, además, en billetes de 500 euros, para que le pesara menos. Bueno, las monjas dicen ahora que han echado en falta menos dinero, ‘sólo’ 450.000 euros. Calderilla ‘divina’. Lo cierto es que la policía ya anda detrás del delincuente… y la Agencia Tributaria, de las millonarias religiosas, que, o mucho me equivoco, o van a tener que dar muchas explicaciones a Hacienda sobre qué hacía esa fortuna dentro de tan emblemático edificio consagrado a la pobreza.

El suceso ha dejado ya varias cosas claras. La primera, que en España los ‘Bin Laden’, nombre con el popularmente se llama a los billetes de 500 euros en nuestro país porque todo el mundo habla de ellos pero ninguno los ha visto, prefieren los conventos para pasar inadvertidos. Y pensar que todos estábamos convencidos de que estos preciados papelitos morados no pasaban por nuestras manos porque los acaparaban los especuladores del ladrillo en las suyas. Pues parece que ahora rentan más la magdalena y el bolillo que un piso en primera línea de playa.

Menos claro está, por ahora, cómo 16 monjas de clausura, algunas de avanzada edad, han sido capaces de acumular tal patrimonio en efectivo. “Los ahorros de 40 años”, les dijeron a la Policía. Vamos que llevan cuatro decenios sin gastar ni en pipas ni en rosarios. Los agentes debieron poner cara de “me lo dice o me lo cuenta”, porque ya le han mandado a los chicos de los impuestos un informe para que ellos hagan cuentas, porque la calculadura de los ‘maderos’ echa humo.

Ellos, como muchos de nosotros, dudan y mucho de que los fieles que asistían a misa los domingos en este monasterio zaragozano se hayan estirado hasta el punto de echar al cestillo tan preciados billetitos. Tampoco creen que la encuadernación de libros a las que dedicaban el tiempo las religiosas cuando no estaban orando dé para tanto. Por lo que la única opción que parece lógica es que los hayan recibido como pago de los cotizadísimos cuadros -se pagan cifras de cinco números por ellos- que pinta una de las religiosas, sor Isabel Guerra. Eso sí, todo lo que cobraban lo debían estar ahorrando para ir juntas de vacaciones a ver al Papa… eso sí, a todo lujo.

La segunda cosa que deja clara es que, aunque de clausura, las monjas están al tanto de la crisis y se fían menos del sistema bancario española que Moody’s y Standard & Poor’s juntas. Si el resto de los mortales cuando tienen 200 euros van corriendo a una sucursal para guardarlo en la cartilla de ahorros, estas religiosas preferían tenerlo todo en el convento, que, como todo el mundo sabe, intereses, lo que se dice intereses, no da mucho… por lo menos en esta vida terrenal. Eso sí, al menos han evolucionado y en lugar de utilizar la receta de nuestros abuelos, esa del calcetín y bajo la baldosa, han tirado de bolsa de basura y armario. Lo primero no es muy ecológico, pero con lo segundo evitan que las religiosas más ancianas tengan que agacharse para coger los ‘Bin Laden’.

Al menos, los empresarios en apuros han podido sacar una conclusión clara. Los créditos no hay que ir a rogarlos a los bancos, sino a los confesionarios. “Padre, yo me confieso… y además le pido un préstamo” puede ser más eficaz que presentar diez avales a Emilio Botín. ¡Si lo llega a saber la familia Ruiz-Mateos! Lo único de lo que está todo el mundo seguro, incluida la Policía, la Agencia Tributaria y la Santa Sede, es que al afortunado ladrón el botín le ha venido que ’ni caído del cielo’.

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