Amenábar: «No he hecho un filme contra el cristianismo»

Cuatro años y 50 millones de euros es la factura de la nueva cinta del realizador, «Ágora», un péplum contemporáneo que profundiza en los descubrimientos de la filósofa Hipatia, encarnada por Rachel Weisz

Encaja con total naturalidad (al menos aparentemente) las dudas que la Prensa le plantea sobre la carrera comercial que «Ágora» emprende hoy. Con los pies sobre el sofá de un hotel de la Castellana, Alejandro Amenábar parece querer recordar con sus respuestas que ha sido el niño de la clase más mimado por el público a pesar de haberles sometido a estructuras complejas, como el guión de «Abre los ojos», y temas con tantas aristas como «Mar adentro»: «Antes de los estrenos procuro no ponerme nervioso, porque he empleado cuatro años de mi vida en esto, aunque estaré expectante por la reacción del espectador. No quiero hablar de ésta como mi película menos comercial porque aún no se ha estrenado. En cualquier caso, es la más ambiciosa, no sólo a nivel económico –ha costado 50 millones de euros–, sino también intelectual: es en la que más se desafía la capacidad de entendimiento y atención del espectardor».

Ancestral enfrentamiento
Este péplum contemporáneo se afana tanto en profundizar en los descubrimientos científicos de la filósofa Hipatia –hija del último director de la mítica biblioteca de Alejandría, siglo IV d. C.– como en el contexto histórico, cuando el Imperio Romano cede ante el empuje del cristianismo, en un escenario donde los judíos también son fuertes, así como en la renuncia al sexo de la filósofa, que vive en el filme dos historias de amor no consumadas. Amenábar admite que ha querido «convertir una clase de ciencia en algo entretenido para el espectador»; pero niega que sea una película contra el cristianismo: «“Ágora” nace de mi interés por la astronomía, pero cuando te documentas ves que ha habido un ancestral enfrentamiento entre la fe (que dice que el hombre está en el centro del universo y los dioses te están mirando) y la razón (que afirma que estamos perdidos en una esquina de la galaxia)». Aunque acaba por admitir que la cuestión religiosa sobrevuela sus tres últimos guiones: «Es verdad que al mirar claves de mis películas quizá la religión se manifieste, pues mi evolución personal ha ido desde la creencia al ateísmo». Este enfrentamiento entre creyentes parece que está dificultando la distribución de la cinta en Estados Unidos: «“Los otros” ya la tenía antes de rodar; sin embargo, quisimos hacer “Ágora” sin ningún tipo de presión y desde Europa. No me preocupa lo de Estados Unidos porque creo que lo conseguiremos».

Huir de los tópicos
De momento, ha eliminado quince minutos del metraje que no fue excesivamente bien recibido en el pasado Festival de Cannes: «Se acabó la película con el tiempo muy justo. Estaba bien terminada, pero no tenía la sensación de haberla reposado, como le pasó a Tarantino también. Alñ haber tantos meses por delante hasta el estreno decidí juntar a unos cuantos amigos y tratar de mejorarla. Lo que falta ahora es un poco más de contexto histórico, el mundo que rodea a Hipatia. Además, he quitado una especie de prólogo musical de dos minutos y medio con un fondo de estrellas que me hacía mucha ilusión porque suponía evocar a los péplum, pero no corren buenos tiempos para la lírica, así que decidí quitarlo y entrar en faena».
Aunque quiso hacer ese guiño al cine de romanos, lo estudió con detenimiento antes de filmar para tratar de no abusar de sus excesos: «Revisamos “Cleopatra”, “Julio César” y todos los títulos de este tipo porque quisimos huir de la palabra, de la retórica excesiva del género». Tampoco le gustaban las recreaciones de la época que Hollywood ha estrenado en los últimos años por su violencia explícita, por eso prefiere filmar las batallas desde planos cenitales, en ocasiones, acelerando la imagen: «Cuando tú ves una reyerta en la calle te da vergüenza ajena, pero parece que cuando eso pasó hace 1.600 años sus protagonistas se convierten en héroes. Aquí los héroes son los que utilizan la cabeza». Por primera vez, el realizador no firma también la banda sonora: «No he trabajado siempre con el mismo director de fotografía, ni el montador… y quería cambiar de músico. Dario Marianelli ha hecho muchas cosas que yo no habría ni siquiera intentado. Aprendí más de lo que creía y decidí darle libertad porque si no, no iba a funcionar», concluye.

La tutora de los hombres
El realizador también tuvo tiempo para halagar a su musa. «Por lista, por guapa…». Amenábar comienza y no termina de piropear a Rachel Weisz, protagonista absoluta de la película, aunque en la primera parte del filme la cámara se enamore del esclavo Davo (Max Minghella). Pero, a diferencia de las historias épicas en las que el amor vivido por el personaje femenino nunca falta, Weisz vive centrada en el conocimiento. «En las conversaciones con Rachel nos preguntábamos hasta qué punto no aplicamos el prejuicio, pues eso mismo no lo pensaríamos de Sherlock Holmes. Parece que porque es una mujer y se trata de un “péplum” debe vivir una historia de amor. Ella no es la ayudante, sino la tutora de los hombres».


Virgen Hipatia
Aunque tuvieron diferentes opiniones sobre la frialdad del personaje de Hipatia, Weisz acabó por aceptar que la protagonista renunciara a la sexualidad y al amor en favor de sus investigaciones: «Es lo que recogen las crónicas, pero, en nuestra opinión, tenía mucho que ver con el modo de vida de Newton y ese tipo de genios: han estado toda su vida tan centrados en la búsqueda del conocimiento que renunciaron a la faceta personal y sexual», explica Amenábar.

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