Al Papa, no de mis impuestos

Asociaciones laicas y católicas han firmado un manifiesto que critica el apoyo político e institucional a la próxima visita de Benedicto XVI al Estado español. Plantean que, dado que no viene en visita de Estado ni en representación de los pocos habitantes del estado del Vaticano, sino que viene en una visita pastoral de interés particular y privado, no debe subvencionarse con dinero público ni recibírsele con honores de jefe de Estado, pues está previsto que se reúna con los reyes, con el presidente Zapatero y el líder de la oposición Rajoy.

Bajo el lema: «De mis impuestos, al Papa cero», las más de cuarenta asociaciones, entre las que figuran colectivos laicos, como Europa Laica y católicos, como Redes Cristianas han convocado una manifestación la víspera, denunciando que la visita tendrá un coste calculado de al menos 100 millones de euros, de los que más de tres cuartas partes serán abonados por las administraciones públicas. El Gobierno estatal ya ha destinado 25 millones de euros para financiar el acto, el Ayuntamiento y la Comunidad Autónoma de Madrid gastarán otros 30 millones, y 25 millones más serán aportados por grandes empresas. Además, serán necesarios unos 20 millones de euros en labores de seguridad, limpieza y sanidad, sin contar la cesión de espacios y locales públicos para los católicos que está previsto que participen en la convocatoria. El teólogo Evaristo Villar, miembro de la Asociación de Teólogos Juan XXIII y representante de Redes Cristianas, ha denunciado que esta convocatoria ni siquiera representa a toda la juventud católica, sólo a los más fundamentalistas, pues está organizada por la juventud católica más integrista.

Izquierda Unida ha puesto en marcha también una campaña «Madrid sin papa», con la que pretende mostrar el rechazo no sólo a este apoyo institucional a la visita de Benedicto XVI, sino también a todos los privilegios de índole económica, política y social que a estas alturas de desarrollo democrático en nuestro país sigue manteniendo la jerarquía de la Iglesia católica y que con actos de este tipo quedan aún más en evidencia. La campaña reivindica ese Estado aconfesional, plasmado en la Constitución desde hace más de 30 años, pero que parece inalcanzable después de décadas de acuerdo tácito entre PSOE y PP para que nada cambie durante sus sucesivos gobiernos.

Como manifiesta José Luis Sampedro, esta visita es el efecto de la dejación de responsabilidades que ha tenido éste y los anteriores gobiernos frente a la iglesia: «El miedo al voto católico, en el que se basan los obispos para hacer este permanente chantaje». A este reconocido escritor y economista le parece incomprensible pues en España, anque estemos bautizados la inmensa mayoría, a misa los domingos no va más que el 27%, por lo que laicos son de hecho las tres cuartas partes de la población española. Se pregunta, por qué estos tres cuartos de la población tenemos que financiar este turismo religioso que intenta atraer a la gente a su ideología con la celebración de estos festejos. Denuncia que, mientras estamos en medio de una grave crisis económica, con drásticos recortes a los servicios públicos y a las cuentas estatales y autonómicas, los ciudadanos y las ciudadanas no creyentes de nuestro país deben soportar el coste astronómico de esta visita pastoral privada de un líder religioso de una determinada confesión a sus seguidores. ‘Vendiendo’ además esta visita como uno de los mayores ‘negocios’ turísticos que va a hacer Madrid con los miles de visitantes que esperan, ocultando el coste real que va a tener en primer lugar para todos los madrileños y madrileñas, sean católicos o no, pero también para todos los españoles y españolas a través de las generosas desgravaciones fiscales para las empresas colaboradoras (de hasta un 90%) establecidas por el gobierno, el ingente operativo en medios de seguridad programados o los desproporcionados despliegues previstos de los medios de comunicación públicos financiados por todos.

A pesar de que desde los grandes partidos se nos insiste constantemente en que es necesario ‘apretarse el cinturón’, parece que hay una distinta vara de medir y que hay gastos que son irremediablemente necesarios, como el recibir a Benedicto XVI, lo cual demuestra los privilegios de la Iglesia Católica en la agenda política y en la legislación. Porque el dinero que va a poner la Comunidad de Madrid para ese día equivale al último recorte en educación que ha realizado Esperanza Aguirre en esa Comunidad. O el Ayuntamiento de Oviedo que, con la disculpa de la visita de 3.000 peregrinos a su catedral, pone de las arcas municipales 38.700 euros para el programa religioso, cultural y festivo del Arzobispado de Oviedo para los días previos a la jornada. Millones de euros del dinero público para recibir al Papa, de un dinero público que, sin embargo, no puede cubrir las prestaciones sociales de este país, sumido en los recortes sociales propiciados por el gobierno central y los autonómicos. Por eso el Foro de Curas de Madrid denuncia el pacto de la jerarquía católica con fuerzas políticas y económicas (como Iberdrola, Telefónica, Banco Santander, La Caixa o Sacyr-Vallehermoso, cuyas prácticas van en contra del evangelio y forman parte de lo que la prensa llama los mercados), que refuerza la imagen de la Iglesia como institución privilegiada y cercana al poder, con el escándalo social que ello supone, particularmente en el contexto de la actual crisis económica. Escándalo originado también al comparar la facilidad con que los poderes públicos financian este acontecimiento, por un lado y, por otro con tantos recortes en recursos económicos y en derechos sociales como se está exigiendo a la mayoría de la ciudadanía. Redes Cristianas, que aglutina a 147 colectivos católicos de base, denuncia que mostrar esta imagen de un Papa como «monarca absoluto y rodeado de ricos y de lujos», es antievangélico y preferirían que el dinero de la jornada se dedicase a obras sociales. Si Jesucristo levantara la cabeza se enfurecería con tales mercaderes y ante un representante del nazareno Jesús que entró en Jerusalén, hace algo más de 2.000 años, a lomos de un borrico como un pobre más. La visita que desearíamos de un seguidor de Jesús cualificado, como es Benedicto XVI, debería ser siempre desde la sencillez y la humildad y nunca desde la ostentación y el poder, denuncia este colectivo. Razón no les falta: predicar con el ejemplo.

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