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Clase secreta en Afganistán para niñas / CEDIDA

[Afganistán] Escuelas clandestinas, la lucha por la educación de las adolescentes en Afganistán

Los activistas de la educación en Kabul, Parwan, Herat y otras provincias de Afganistánestán intentando sortear la prohibición de que las niñas puedan estudiar una vez han llegado a la adolescencia creando escuelas clandestinas. Nisa Rahimi es la responsable de una de estas escuelas en Kabul, que procura proveer de conocimientos a las niñas por cualquier vía posible. 

En este centro secreto Arghvan que ha establecido enseña a unas veintitrés adolescentes. Nisa decidió abrir su pequeña escuela después de que los talibanes no cumplieran la promesa que hicieron a principios de marzo de facilitar el retorno a las aulas de las niñas a partir de sexto grado. Dice que esperó durante un año a que las puertas de las escuelas se abrieran para ellas, pero desafortunadamente los talibanes no tienen otra intención que anular a las mujeres. “Si seguimos las indicaciones de los talibanes, las mujeres solo podemos estar en casa. Tenía que hacer algo”, explica. 

Esta joven, que se protege bajo un nombre ficticio, asegura que “cuando los talibanes dijeron que no podrían estudiar Secundaria, me planteé qué podía hacer para subir la moral de las chicas”.  Con la llegada al poder de los talibanes y su imposición de numerosas restricciones a las mujeres, las esperanzas, ideales y motivaciones de las niñas se desmoronaron, pero en el corazón de esa oscuridad, prende la luz de proyectos así. 

En Kabul, en la provincia de Parwan, y en la ciudad de Herat al oeste, mujeres como Nisa también han iniciado este tipo de escuelas ocultas para ayudar a las chicas privadas del derecho a la educación a seguir sus estudios.

Nisa ha convertido una habitación de su casa en una clase, y allí enseña las materias típicas de los grados séptimo y octavo. Se enfrenta a problemas como la falta de libros o profesores que puedan ayudar, pero las niñas acuden a estudiar con gran entusiasmo. “Cuando veo sus ganas por continuar con su educación, mi energía y motivación de multiplican”, asegura. No solo eso, también le permite mantener viva la esperanza en el futuro. 

Fatimah, otro seudónimo, es una joven y valiente profesora que enseña en este centro contraviniendo las estrictas leyes de los talibanes para poder ayudar a su hermana y a otras niñas. Explica que Nisa acudió a ella necesitada de maestras y que aceptó por el bien de su país y de su gente. También imparte lecciones privadas y trabaja de manera voluntaria porque “es mi manera de prestar servicio a mi país en estos días oscuros”.  Argumenta que, por el bien de Afganistán, necesitan educar a su población: “Si puedo ayudar gracias a los conocimientos que tengo, aunque mi vida esté en peligro, asumiré el riesgo para que mi país prospere”. 

Según UNICEF, la llegada del régimen Talibán ha impedido el acceso a la educación a 850.000 niñas. Darya Mubarez es el alias de una de estas niñas, de una de las estudiantes de esta escuela. Tiene 16 años y está en noveno grado. Cuenta lo complicado que es estudiar para ella, por las pobres condiciones y las limitaciones existentes, “aún así, esta escuela significa esperanza para mí, que siga confiando en tener un futuro por delante”. “Quiero creer que los talibanes no permanecerán, que estos días tan oscuros llegarán a su fin”, añade. 

A Darya fue su familia la que más la animó para seguir estudiando. Desde cuarto grado había demostrado ser una estudiante excelente, siempre con las notas más altas. Tiene una hermana con la que también acude a la escuela clandestina y un hermano que está en quinto grado y puede acudir libremente a estudiar. Se alegra por él, pero le duelen las diferencias que se aplican a su género. Su mayor temor es que los talibanes encuentren y clausuren la escuela de Nisa. 

Vida Stanekzai, una de las inmigrantes que han buscado refugio en España como yo, me habla sobre su experiencia durante el anterior régimen talibán, durante el que también ella tuvo que formarse en secreto a lo largo de cuatro años. Hace veinticinco, su madre, que era profesora en un colegio público, ayudó a las niñas a estudiar: “Recuerdo que mi madre creó una clase en nuestra casa”. 

Vida explica que los talibanes acudieron a investigar, nosotras decíamos que eran lecciones religiosas, nada que ver con una escuela”. Pero cada día, las niñas llevaban sus libros en secreto, por miedo. “Teníamos una habitación y un pasillo, mi madre nos enseñaba a mí y a las otras niñas en el pasillo; con muchas dificultades, continuamos nuestras lecciones y nos preparamos para continuar nuestra formación cuando los talibanes se fueron”. “Hemos vuelto atrás, justo igual que antes, las niñas tienen denegado el acceso al colegio”, se duele.

A mí realmente me gustaba estudiar. Una de las hijas de nuestros vecinos también había creado una clase con ayuda de una institución extranjera. Era muy pequeña y éramos muchas, pero aún así aprendíamos y mirábamos con ilusión al futuro. Gracias a ella, pude convertirme en periodista y escribir columnas como la de hoy. 

Ahora, cuando veo a poco más que niñas luchando por educar a otras niñas, creando clases en sus hogares, quiero creer que las jóvenes de mi país algún día podrán también alcanzar sus sueños. 

Monesa Mubarez, una activista afgana por los derechos de las mujeres, dice que no podemos olvidar las lágrimas de estas escolares, que hubo un día que las niñas volvieron a los colegios henchidas de esperanza y que los talibanes han vuelto a recluirlas en sus casas. Para alcanzar sus objetivos políticos, los talibanes han tomado a las niñas y las mujeres como rehenes.

La mayoría de las niñas de Afganistán llevan ya más de 400 días sin poder ir a la escuela.

Niñas afganas en una clase clandestina.
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