Acerca de Jesús

1. Jesús no fue un dios, ni hijo de ningún dios

Ya el hecho de que se diga que Jesús fue “hijo de Dios” es por sí mismo más que sospechoso de tratarse de un embuste de quienes escribieron los evangelios, pues las categorías biológicas de padre e hijo tienen sentido en el ámbito de los seres vivos que se reproducen sexualmente, pero no en el que se refiere a un supuesto ser espiritual como lo sería el dios cristiano, que, en cuanto no sería material, su reproducción sexual aparece simplemente como uno de los muchos absurdos que hay en todas las religiones y suena a simple fábula infantil, y mucho más cuando se intenta comprender cómo un dios, por muy poderoso que fuera, podría haber sido padre de sí mismo –en cuanto Dios Espíritu Santo sería padre de Dios Hijo. La verdad es que resulta bastante chocante que el padre de Dios-Hijo no sea Dios-Padre sino Dios-Espíritu Santo. ¿Por qué entonces a Dios Padre lo llaman Padre si dicen que María concibió por obra del Espíritu Santo y no por obra de Dios-Padre? ¿Por qué el propio Jesús hace referencia al “Padre” –a su Padre- en numerosas ocasiones mientras que son pocas las ocasiones en que nombra al “Espíritu Santo”? Si los relatos evangélicos fueran verdaderos, eso representaría un desprecio al “Espíritu Santo” a no ser que no se considerase al “Espíritu Santo” como Dios sino sólo como las diversas manifestaciones del poder de Dios. Además, resulta realmente extraño que a lo largo del Nuevo Testamento Jesús deje de referirse a Yahvé, como se había hecho a lo largo de todo el Antiguo Testamento, para referirse al “Padre”, no sólo para referirse a él como padre de Jesús -“mi padre”- sino también en el sentido amplio de “Padre de Israel” y más adelante como “Padre de la Humanidad”.

Por otra parte, en cuanto tanto el Padre como el Hijo y como el Espíritu Santo serían un único dios, por mucha imaginación que se quiera poner al asunto diciendo que la relación de paternidad del Espíritu Santo respecto a Jesús tiene carácter eterno, por simple sentido común sabemos que un padre es siempre anterior a su hijo, por lo que el Hijo tendría un comienzo posterior al de su padre –el Espíritu Santo-. Y, si quienes sostienen esta doctrina utilizan los términos padre e hijo en un sentido distinto del habitual, en el que el padre y el hijo son distintos entre sí, al menos deberían aclarar qué quieren decir al utilizar tales términos, pues en caso contrario estarán utilizando el lenguaje de manera ininteligible, ya que además defienden que ambos son eternos, mientras que los conceptos de eternidad y anterioridad –o simplemente temporalidad- son también, por definición, inconmensurables. Pero, ¡qué más quisieran quienes presentan estas críticas! ¡Pedir a los dirigentes católicos que aclaren lo que ni ellos mismos entienden por la sencilla razón de que es imposible entender aquello que simplemente es absurdo!

Además, el problema se complica cuando, a la vez que se habla del carácter eterno del “Hijo”, se dice que éste nació de María hace poco más de dos mil años, lo cual implica que el Hijo no sería eterno. Los dirigentes católicos podrían buscar una última defensa para su absurda doctrina indicando que el “Hijo” sólo adquirió un cuerpo humano por medio de María, pero que, al margen de ese “pequeño detalle”, sería tan eterno como el Padre. Sin embargo, con esta hipotética explicación estarían incurriendo en la contradicción de negar el dogma de la inmutabilidad divina, en cuanto tendrían que aceptar que Dios Hijo, aunque fuera eterno, no habría tenido cuerpo hasta hace muy poco tiempo, es decir, hasta que nació de María.

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