A propósito de las relaciones Iglesia-Estado. Recuerdo del jurista y político Felipe Sánchez Román

Hace casi un siglo, en junio de 1905, fue nombrado Sánchez Román ministro de Estado. Pocos días después declararía al Heraldo de Madrid: “Se reconocerán a la Iglesia todos los derechos que le sean propios, dentro de su esfera de acción genuinamente religiosa”.               

Había nacido en Valladolid en 1850, allí estudió Derecho, ejerció después como abogado e impartió clases en la Universidad. En 1876 obtuvo la cátedra de Derecho Civil de nuestra Universidad. Aquí consiguió importantes triunfos como abogado, siendo su bufete de gran renombre en la ciudad. En 1878, tras la dimisión de un personaje del prestigio y arraigo de Melchor Almagro Díaz, fue elegido por unanimidad presidente de la Academia de Jurisprudencia de Granada. Al año siguiente, también por elección, presidió el Ateneo Científico y Literario y ostentó la vicepresidencia de la Sociedad Abolicionista de Granada. La publicación del primer tomo de su obra Estudios de Derecho le valió, en enero de 1884, el acceso a la cátedra de  Historia del Derecho de la Universidad Central, y poco después consiguió la de Derecho Civil. Sentía un gran entusiasmo por la enseñanza. Persona muy trabajadora, a pesar de sus ocupaciones y actividades políticas, no faltaba nunca a clase. En Granada debió alcanzar gran prestigio y contar con numerosos amigos, de modo que los doctores de esta Universidad, con voz casi unánime, le ofrecieron su voto para la Senaduría, siendo elegido en las legislaturas de 1893, 95, 96, 98, 99 y 1901. En junio de este último año fue nombrado senador vitalicio. Estuvo siempre muy vinculado a Granada. A él se debió la nueva creación de la Facultad de Ciencias, la construcción del invernadero y la verja del Jardín Botánico, que una inscripción recuerda allí. Ocupó los cargos de Consejero de Instrucción Pública, subsecretario de Gracia y Justicia, Fiscal del Tribunal Supremo, ministro de Estado y Consejero de Estado. Perteneció a la Comisión General de Codificación y a la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas en las que desarrolló una notable actividad. A pesar de su intensa participación en la vida política llevó a cabo una importante labor universitaria y ha dejado una sólida producción jurídica.

Persona honesta y dialogante, tenía amigos entre republicanos y conservadores. De ideología democrática, militante del partido liberal, estuvo en esa línea difusa que separaba a izquierda dinástica y al republicanismo templado. Con ocasión de las elecciones de 1899, La Unión Escolar Granadina le dedicó un número monográfico en el que lo calificaba como “una de las más legítimas glorias del foro y de la cátedra españoles”. Pascual Santacruz,  periodista y antiguo alumno suyo, decía: “No hay nadie que pueda señalar una sola inmoralidad del Sr. Sánchez Román en toda su larga historia, y en cambio, todos los no desmemoriados o sectarios pueden recordar sus rasgos de generosidad”. Criticaba “los trabajos de zapa” que lo tachaban de tibieza religiosa para desacreditar su candidatura, aseguraba que era católico, “pero aunque no lo fuera, es bueno, y ante la moral, que es por excelencia la religión universal, no hay ortodoxia más pura que la que da el cumplimiento de los deberes”. 

Fue Sánchez Román un hombre tolerante e independiente. El P. Andrés Manjón, catedrático de Derecho Canónico y más tarde canónigo de la abadía del Sacromonte, aunque en las antípodas ideológicas, reconocía que las Escuelas del Ave-María habían recibido importantes ayudas del senador. Estando éste enfermo fue a visitarlo el P. Manjón, quien le manifestó que no lo había votado porque era liberal. “No serás masón, pero liberal lo eres, y el liberalismo es pecado”. A lo que le contestó el senador: “Con esas ideas perjudicáis a la Iglesia”. Ignoraba Manjón la afiliación del senador a la logia vallisoletana Templo de la Libertad y que en 1888, ya con el grado 33, fuese uno de los fundadores de la logia Matritense nº 1, buque insignia y logia de honor del Gran Oriente Nacional de España.

            La personalidad y la obra de Felipe Sánchez Román tienen todavía hoy cierta actualidad. Fue un auténtico científico del Derecho, de modo que aún se le cita como autoridad.Con ocasión de su muerte el 13 de enero de 1916, el eminente jurista José Castán Tobeñas, después de relacionar su extensa obra científica y citar los importantes cargos ocupados, escribía, que “en todos ellos había dejado huellas inequívocas de su profundo saber y de su rectitud y energía de carácter poco comunes”.

Defensor de la enseñanza pública, sostenía que en los temas de educación había que estar por encima de todo partidismo. Mostró siempre sumo interés por la segunda enseñanza cuyo fin, decía, “más que enseñar debe ser “enseñar a aprender”. La redacción del decreto de 1894, de reforma del bachillerato, del ministro Alejandro Groizard, se consideraba obra de nuestro senador. Sería deseable que los redactores de reforma educativa leyesen los discursos de Sánchez Román.

Fue Sánchez Román un decidido defensor de la soberanía e integridad del poder civil. Se han cumplido 25 años de la firma del Acuerdos Iglesia-Estado. A propósito de la enseñanza de la religión y de la generosa aportación del Estado a la Iglesia se debaten en los medios relaciones entre ambas instituciones. Caben pocas dudas en calificar los Acuerdos de 1979 de preconstitucionales, incluso para algunos juristas son anticonstitucionales. Muchos pensamos que un gobierno de un estado laico debería denunciarlos, poniendo fin así a los privilegios de la Iglesia. Resulta absurdo que ésta no sea capaz de motivar a los fieles para que la sostengan con su aportación en la declaración de la renta y que tenga que suplir el Estado.

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