A la Monarquía y a la Iglesia católica la bolsa les aprieta

Aunque se ha atenuado algo, el caudal sobre noticias que afectan tanto a la Iglesia Católica Española como a la monarquía no cesa. Y lo que es la cosa, que en general las nuevas tienen que ver con el maldito parné,  que en gran parte son continuación de las anteriores.  Así se puede leer  “Como voló  el botín suizo de Juan Carlos I” como publica  “ La Tribune de Géneve” que llega a citarlo  como “un héroe nacional”. Claro que todas las referencias al asunto no son de igual cariz, cual las adhesiones acríticas y ensalzadoras, aunque quizá algo interesadas. Habrá que ver por qué. Respecto de la Iglesia hay referencias a las inmatriculaciones, en  las que ya el portavoz señor Argüello ya admite que puede haber algunas irregularidades, aunque de menor importancia. Hay aspectos varios que tienen que ver con llamadas al orden en el Tribunal de Cuentas, otras sobre Tv13, sobre la aportación a Cáritas y otras dudas surgidas a partir de la presentación de la Memoria anual  de  la Conferencia Episcopal Española.  Relaciono ambas instituciones  porque con frecuencia las aprecio unidas, incluso más allá del amor a la “pela”.

Antes de entrar a aportar mi opinión, he de explicar mi respeto a los sentimientos ajenos. Quien me conoce bien en Linares sabe de mi buena relación con cristianos  practicantes incluidos Juanjo y Tomás, dos curas de la localidad. Y es que éstos como tantas otras personas estarían por “echar a los mercaderes el templo”. Claro que en los templos, cómo en la casa de cualquiera, que cada quien haga lo que le parezca. Con lo que estoy menos de acuerdo es con lo que se hace con los bienes y otros derechos de la ciudadanía.  Eso precisamente, los caudales del pueblo y el siempre reprochable uso que, y más en tiempos de tanta necesidad, se vienen haciendo. No es casual ni nuevo que la iglesia, como institución, y la monarquía aparezcan unidas. La CEE ya ha mostrado su actitud remolona respecto de los servicios públicos en beneficio de sus doctrinas que, aunque respetables como otras, son privadas. En tal afán la propia Monarquía se muestra connivente atendiendo como si fueran también estado todos los requerimientos confesionales que se le hacen de uno a otro confín. Pero, son sobre todo los aspectos económicos y de insensibilidad que a través de los mismos se vienen mostrando, los que pueden enervar a la ciudadanía que tal se sienta.

   A la Monarquía habían tratado de blanquearla con la abdicación de Juan Carlos I cuando ya parte de los muchos escándalos de su conducta no se podían contener. Quienes se sienten ahora  sus  defensores, en buena parte miembros de un partido condenado por corrupto, callaban, quizá por lo mismo, las fechorías. En esa labor contaron con el apoyo de la cofradía de las puertas giratorias que seguían a quien entrara en política como abogado laboralista y hoy dispone de una más que apreciable fortuna. Se insiste en la historia y en los actos del 23F, suceso con ángulos oscuros. En todo ello podemos encontrar una pléyade de personas y colectivos que ven muy de lejos esta sociedad cada vez más injusta por más pobres. No tiene nada de particular que esa monarquía y los poderes aledaños se opongan o acepten a  regañadientes  esa mínima  familiar. Y es que en ese bloque en el que la iglesia institucional aparece, muestra su necesidad de que siga habiendo pobres. Y es que este personal que prioriza la caridad ante la justicia, está vigilante ante las tentaciones de criticar las riquezas excesivas. Tal parece ocurrir con “Cáritas”, colectivo que promueve algún informe para que la pobreza sea menor, sufre represalias de la propia iglesia.  De un lado, pese a que trata de beneficiarse de la actividad de la misma en la propaganda, el IRPF sólo percibe el 1% de lo recibido. Y es que Iglesia institución tiene otra orientación. Además de propiciar otro colectivo más sumiso, a través del Opus Dei ha promovido el Banco de Alimentos.  En esa línea económica, la Santa Iglesia cuida y aumenta su patrimonio aun que sea a costa del prójimo. Por aquí entran las dudas del señor Argüello: las inmatriculaciones. Ésta es una modalidad de “okupa” de la propiedad, que no del uso, de propiedades ajenas, la mayoría del patrimonio público, incluida alguna calle. Aparte de muchos templos que el estado mantiene con dinero público, hay innumerables fincas rurales urbanas de dudoso origen por las que también la Iglesia se niega a pagar el común impuesto.  

Son en ocasiones como la presente en que se ve el acuerdo que tradicionalmente mantienen estas dos instituciones, junta a algunas otras introducidas en la maquinaria del estado que retrasan el avance social.  Cuesta trabajo que el propio gobierno promueva un homenaje de estado, sin que la Iglesia se sienta desairada y trate de promover el propio, con cierto apoyo por cierto. Y es que como se dice en mi pueblo:

“A las buenas yuntas, Dios las crían y ellas se juntan.

Antonio Martínez Lara

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*Los artículos de opinión expresan la de su autor, sin que la publicación suponga que el Observatorio del Laicismo o Europa Laica compartan todo lo expresado en el mismo. Europa Laica expresa sus opiniones a través de sus comunicados.  

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