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Torralva Beci y las invocaciones a Dios en la guerra (1915)

Eduardo Torralva Beci reflexionó sobre las invocaciones a Dios a cuenta de la guerra, en plena Primera Guerra Mundial que deseábamos comentar en esta pieza. Lo hizo en octubre de 1915, cuando dicha contienda ya llevaba un año generando muerte y miseria. Sería una reflexión donde negaba la existencia de Dios, además de responsabilizar al hombre de lo que estaba ocurriendo, centrándose, por lo demás, en los grandes personajes públicos, con especial atención en el presidente Wilson.

Para el socialista en ese momento había líderes piadosos. El káiser habría invocado a Dios antes de entrar en batalla, mientras el presidente Wilson había pedido que se realizaran actos religiosos con el fin de trabajar para que finalizase la guerra., aunque también afirmaba que en nombre de Dios se mataba.

Pero los que invocaban a Dios para ir a la guerra parecía que no sabían que la guerra no “residía” en Dios, mientras que los que le invocaban para que se hiciera la paz tampoco sabían que la misma no “residía” tampoco en Dios. En una palabra, nada residía en Dios. Y Torralva se ponía, a nuestro entender, hasta metafísico, al afirmar que “Dios era la Nada que dominaba en la Nada”, y que “Dios es el principio del Infinito. O bien el término de la Inmensidad”. En consecuencia, Dios no existía. Así pues, dirigir invocaciones a Dios era rogarse a sí mismo. Solamente existía el hombre, y en el mismo solamente residían la paz y la guerra.

Pero después de negar la existencia de Dios nuestro autor cargaba contra el hombre, al que consideraba un “animal-Dios”, y que tendría, entre otros atributos, el de la mentira, llegando a mentirse a sí mismo. Era un Dios tan miserable que ninguna teogonía había podido formar otro parecido.

Estando todo en la tierra y cerca el hombre, éste habría colocado la parte del mismo que había denominado Dios fuera del mundo terrenal, es decir, había puesto fuera de todo contacto consigo mismo su responsabilidad personal, y la había llamado Dios. Por eso, Torralva Beci consideraba que la tarea de la razón no debía ser matar a Dios sino reintegrarlo en el hombre, “integrar al hombre”, es decir, interpretamos nosotros, integrar o fomentar en el hombre valores morales, sentimientos…

Todo esto lo debían saber los grandes personajes públicos que había citado, aunque si lo supieran no ocuparían esos puestos porque serían seres íntegros, y todo hombre íntegro era bueno, y si se era bueno no se podían ocupar esas dignidades.

La invocación a Dios de Wilson era consideraba por nuestro autor como una “ironía lacerante” de la política internacional. Si a Wilson le preocupaba la paz debía gestionarla (bien es cierto que Torralba escribía antes de la elaboración de los famosos “Catorce Puntos” del presidente demócrata). El socialista era muy crítico con Wilson y con los Estados Unidos, y opinaba, citando a Kautsky, que el vencedor de la guerra no estaría en Europa, sino en América del Norte.

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