¡Sapere Aude! (Ten el valor de servirte de tu propia razón.)

Para Kant “La Ilustración» es la salida del hombre de su auto culpable minoría de edad, esta minoría de edad es auto culpable porque su causa no se debe a la falta de razón, sino al valor y el coraje de servirse de ella sin la tutela de otro.

Todo hombre vive eligiendo y al elegir se construye a sí mismo, este proceso requiere de la intervención de la razón como facultad y de la impugnación de los dogmas para la liberación del pensamiento.

José Ingenieros en uno de los pasajes de su libro el Hombre Mediocre hace referencia al individuo que no es voz, sino eco, describiendo así al ente rebaño como aquel que no se atreve a honrar su juicio por conveniencia, temor o por falta de dignidad.

Si bien le cabe al estado en su compromiso para con la sociedad, la búsqueda del bien común, el mismo no le arroga derechos por sobre la soberanía individual.

Este concepto nos instala nuevamente en el pensamiento de Kant con respecto a la ilustración en contraposición al oscurantismo complaciente, el mismo que convierte al sujeto en el hombre mediocre que describe José Ingenieros.

Esta oscuridad político-cultural, agiornada a nuevas coyunturas, hoy desacredita la meritocracia y degrada la educacion ilustrativa, marcando una clara preponderancia en demérito del esfuerzo y la dignidad, corrompiendo mediante el clientelismo benéfico, masificando como rebaño de ecos, doblegando principios por temor a la perdida de dadivas y privilegios.

Así es, como la Teocracia, arrolla al sistema Republicano, poniendo en falta el uso de la razón, enfatizando el paternalismo coloquial, el fanatismo y la intolerancia.

En pleno siglo XXI la Alegoría de la Caverna, mantiene su vigencia para una sociedad cada vez más manipulable.

Salir de la oscuridad, de la ignorancia, del mundo de las apariencias solo es posible a través del conocimiento de lo real y no de lo aparente, como planteaba Platón abandonar el “Presumo”, por el Pensamiento crítico.

La educación es acción y transformación, es el medio para revertir todo aquello figurativo y subjetivo considerado como un falso real, dirigiéndola hacia el conocimiento verdadero y objetivo.

La Democracia debe ser cognitiva, educando y conduciendo a la sociedad hacia la sensatez cívica y el compromiso social, esta educación faculta la madurez ciudadana, nutriendo la cultura ética-social en el crecimiento personal hacia el progreso colectivo.

Para finalizar quisiera dejar un pensamiento de Domingo Faustino Sarmiento:

Quienes llegan al ejercicio del gobierno comparten, con el pueblo del cual provienen, un carácter común, una idiosincrasia que los hace identificables. El ser argentino está en ellos, sean de la clase social que sean, y se manifiesta en sus valores, en sus hábitos, en sus vicios. Pueden cumplir el mandato recibido o no, pero —sin duda— saben hablar a sus representados con las palabras que aquellos quieren oír. Es por eso, porque el gobierno conoce los códigos que la sociedad maneja: lo aprobable, lo aceptable, lo tolerable…, que podemos afirmar que es el pueblo —y nadie más que el pueblo— quien conduce el carro de su propio destino. Independientemente de quien ocupe, de un modo transitorio, los altos estamentos del poder. Y porque es el soberano, el pueblo demanda y hace o permite hacer, a sus representantes, todo lo que —de un modo o de otro— habrá de celebrar o padecer como nación. Los países que han conseguido desarrollar sus potencialidades no lo han hecho por tener grandes líderes, sino por tener grandes ciudadanos.

 

Sergio Gentile Galli.

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