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Qué es el movimiento ‘woke’ y su herencia judeocristiana

Miguel Ángel Quintana Paz, Ayme Roman y Elizabeth Duval han debatido este viernes sobre la vigilancia y el castigo que se ejerce en redes en nombre de algunos movimientos sociales.

El wokismwokismo o movimiento woke cobra cada vez una mayor presencia en el espacio público, los debates políticos y las redes. Viene del inglés, “despierto”, y se refiere a la conciencia en torno a las desigualdades sociales. Los wokes son aquellas personas que se definen como antirracistas, feministas, a favor de los derechos LGTB y una larga lista de causas. Sin embargo, la vigilancia que ejerce el movimiento sobre los individuos y su consecuente cultura de la cancelación ha levantado dudas, también desde la izquierda, sobre su utilidad como práctica política.

De este modo han reflexionado este viernes tres grandes voces del pensamiento español actual, como son Elizabeth Duval, escritora, filósofa y colaboradora en varios medios, Ayme Roman, filósofa y divulgadora académica en redes sociales, y Miguel Ángel Quintana Paz, director académico y profesor del Instituto Superior de Sociología, Economía y Política, en el Congreso Utopías, Distopías y otras nostalgias que organizan el estudiantado de Filosofía, Política y Economía, el grado de la triple alianza universitaria entre la Carlos III (UC3M), la Pompeu Fabra (UPF) y la Universidad Autónoma de Madrid (UAM).

Roman se ha remitido al origen del movimiento woke y la cancelación, que hunde sus raíces en el antirracismo estadounidense y se refería a la discriminación que sufrían las personas afrodescendientes. “Cancelar originalmente tiene que ver con dejar de apoyar públicamente a una persona”, de modo que si un artista o un personaje notorio pierde audiencia porque así lo han decidido sus propios seguidores, no habría nada que reprochar. “Pero ahora hay un linchamiento que va más allá”, ha señalado la divulgadora, refiriéndose al señalamiento mediático que se ejerce sobre los individuos, tanto famosos como ciudadanos de a pie.

En este sentido, Quintana Paz ha defendido que los espacios en los que se habla y se opina deben ser diversos y plurales. Para el pensador, no se trata de negar el diálogo a aquella persona que puede ser calificada como problemática desde lo woke. “Invitadla y cuestionadla”, ha animado.Quintana Paz defiende que los espacios en los que se habla y se opina deben ser diversos y plurales

Duval ha aludido a la dificultad para definir hoy en día el acto de cancelar. “¿Qué se cancela? ¿Qué implica cancelar a alguien?”, se ha cuestionado. Como Roman, también ve lícito que se hagan “juicios morales en redes y que luego haya unos consumidores que deciden dejar de participar de algo por sus propios valores”. Pero a Duval también le preocupa la deriva punitivista de estos movimientos identitarios, que pueden conducir a un “feminismo del Código Penal” poco útil para la conquista de derechos y avances sociales. Esta búsqueda del castigo constante por parte de lo woke tendría que ver con un resentimiento por parte de estas identidades.

Y es que Roman ha apuntalado que esta radicalización hacia la violencia se debe a que existen personas para las que “el linchamiento ha sido la única práctica”. “La izquierda no se siente capacitada para hacer una praxis política. En su lugar, se ha retraído a espacios seguros, pero herméticos, que legitiman los prejuicios. Al no permitir ciertos discursos, rasgamos las vestiduras en vez de hacer pedagogía. Esto solo posterga el conflicto”, ha añadido.

Jesucristo como la víctima perfecta

Quintana Paz ha señalado que lo woke propone un modelo de civilización que vendría de la propia cultura judeocristiana y grecorromana de occidente. En la sociedad occidental, la víctima antes era vista como despreciable, ya que algo habría hecho, pero con el tiempo se la comienza a ver como dadora de una verdad acerca de la realidad y de quiénes somos, ha explicado el profesor.

Así, Jesucristo sería el mejor ejemplo de víctima que otorga verdad y abre los ojos al mundo. “Con el wokismo, la víctima pierde todo el marco religioso y se queda con la noción de autoridad”. Tras la victimización de Dios, es la víctima lo que se deifica.

Sobre la cuestión de las víctimas como autoridades para explicar su opresión, Ayme Roman ha mencionado la standpoint theory o la teoría del punto de vista, según la cual las personas discriminadas tendrían cierta ventaja para poder entender los daños que sufren, ya que lo viven en primera persona. “No se postula que los subalternos sean árbitros de la verdad”, ha matizado, ni tampoco su experiencia es infalible. “Si no, las feministas nos habríamos puesto de acuerdo”. Se trataría más bien de encontrar pistas en sus testimonios sobre por dónde debe ir la ciencia. Sin caer en relativismo, se busca “sofisticar la lente con la que observamos el mundo”.

Duval ha criticado que solo se permita hablar sobre una opresión a las personas que la sufren. Como también argumentaba en su ensayo, Después de lo trans, si solo se permite hablar a las personas trans sobre esta cuestión, las propias personas trans estarían obligadas a hablar exclusivamente sobre sí mismas.

El futuro distópico de la civilización

En suma, los tres participantes parecían de acuerdo en que el movimiento woke había generado cierto hermetismo de las identidades subalternas, causa de cierto resentimiento, ante la imposibilidad de pensar otras formas de canalizar la indignación. Dentro de la izquierda, habría una incapacidad de imaginar un mundo mejor.

Cuando los ponentes han sido preguntados por el lugar al que se dirige la sociedad occidental, Quintana Paz ha pronosticado una civilización carente de perdón, en la que se puede pedir disculpas, “pero solo como mero ritual humillatorio”, haciendo crecer la venganza y el resentimiento. De este modo, solo cabrían dos posibilidades: o una comunidad más violenta, o una comunidad que introduzca el perdón.

Por su parte, Duval ha mencionado que, de manera pendular, España ha pasado de un clima progresista, fruto del 15M, a uno más conservador o incluso reaccionario. “La rebeldía se ha vuelto de derechas”, ha afirmado. Y aunque, entre irrupciones de guerras y pandemias, es difícil ver a dónde va la izquierda, la escritora ha sentenciado que ahora mismo “tiende a la derrota, pasará el tiempo, ganará y ya está”.

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