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Qatar: un mundial tacat de sang! · por Voro Torrijos

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El 20-N comença el controvertit mundial de futbol a Qatar. Una efemèride feta a mida per a rentar la deplorable imatge d’una monarquia dictatorial, ancorada en l’època medieval, amb forts trets de vampirisme laboral, misogínia severa i persecucions homòfobes, que pretén disfressar a colp de talonari. Com que els sàtrapes sanguinaris qatarians la ballen grossa sobre un desert farcit d’or negre i d’immenses bosses de gas natural, es poden permetre el luxe de comprar mig món sense parpellejar, d’intentar amollar consciències i d’adormir voluntats a base de circ futbolístic i de corrupteles.

Ni més ni menys que, durant aquesta última dècada, s’hi ha fet una despesa de més de 200.000 M€ en la construcció d’estadis ampul·losos, autopistes intel·ligents, hotels luxosos, aeroports extravagants i línies de metro fastuoses. I tot això amb una mà d’obra gairebé esclavitzada, el 95% de la qual de provinença forana. Amnistia Internacional n’hi ha denunciat unes pràctiques empresarials abusives avalades per lleis ‘ad hoc’ que lliguen de peus i mans els treballadors com si foren una propietat dels seus explotadors, que els impedeixen eixir del país o canviar de treball sense permís: una mena d’adscripció a la terra com la dels serfs de la gleva durant el feudalisme.

Com ja deveu saber, Qatar és una menuda península de l’Orient Mitjà, fronterera amb l’Aràbia Saudita, Kuwait i els Emirats Àrabs. Unes petromonarquies del golf Pèrsic on el seu sistema legal es fonamenta en la sharía o llei islàmica, amb diferents nivells de crueltat. Es tracta d’unes normatives i d’unes pràctiques que discriminen les dones, que són considerades en molts aspectes com a menors d’edat i que depenen de la tutela masculina. Que validen ‘de facto’ la violència domèstica com un dret dels hòmens. I que, a més, contemplen penes duríssimes per a les persones que practiquen relacions homosexuals, amb possibles penes capitals.

Però, per si no n’hi havia prou, Qatar té el criminal privilegi en el seu historial d’haver estat acusat de donar suport al terrorisme islamista d’Al-Qaeda o d’ISIS, entre d’altres grups. I com si res! Amb tot i el seu historial d’immundícies, res no li ha passat factura per a poder ser avalat pel món mundial per a tindre la seu de l’espectacle futbolístic més ostentós de les darreres dècades. Les dobles morals dels alts dirigents planetaris fan possible atorgar-li butlla neoliberal per a un esdeveniment tacat de sang, que ha provocat fins ara més de 7.000 treballadors morts a peu d’obra. Un particular «Valle de los Caídos» qatarià que ens retrotrau als sacrificis perpetrats en la construcció d’aquesta barbaritat arquitectònica feixista.

Fet i fet, el mundial se celebrarà amb la menyspreable càrrega d’injustícies, corrupcions i discriminacions assenyalades, i amb total impunitat. Els drets humans no hi jugaran cap partit. A tot estirar, hi haurà actes simbòlics per part d’una desena de seleccions europees que portaran braçalets per promoure la inclusió social –cosa que les dignifica, si més no, per anar contra corrent, encara que tímidament. Mentrestant, l’espanyola, ni això: tirarà balons fora i en serà encobridora, com la majoria de la població, que veurà còmodament, arrepapada al sofà, com el joc brut contra la dignitat humana guanya en aquesta indigna competició.

¡Catar: un mundial manchado de sangre!

El 20-N empieza el controvertido mundial de fútbol en Catar. Una efeméride hecha a medida para lavar la deplorable imagen de una monarquía dictatorial, anclada en la época medieval, con fuertes rasgos de vampirismo laboral, misoginia severa y persecuciones homófobas, que pretende disfrazar a golpe de talonario. Como los sátrapas sanguinarios cataríes nadan en la abundancia sobre un desierto relleno de oro negro y de inmensas bolsas de gas natural, se pueden permitir el lujo de comprar medio mundo sin pestañear, de intentar debilitar conciencias y de dormir voluntades a base de circo futbolístico y de corruptelas.

Nada más y nada menos que, durante esta última década, se ha hecho un gasto de más de 200.000 M€ en la construcción de estadios ampulosos, autopistas inteligentes, hoteles suntuosos, aeropuertos extravagantes y líneas de metro fastuosas. Y todo esto con una mano de obra casi esclavizada, el 95% de la cual de origen foráneo. Amnistía Internacional ha denunciado unas prácticas empresariales abusivas avaladas por leyes ‘ad hoc’ que ligan de pies y manos a los trabajadores como si fueran una propiedad de sus explotadores, que les impiden salir del país o cambiar de trabajo sin permiso: una especie de adscripción a la tierra como la de los siervos de la gleba durante el feudalismo.

Como ya debéis saber, Catar es una pequeña península del Oriente Medio, fronteriza con Arabia Saudí, Kuwait y los Emiratos Árabes. Unas petromonarquías del golfo Pérsico donde su sistema legal se fundamenta en la sharía o ley islámica, con diferentes niveles de crueldad. Se trata de unas normativas y de unas prácticas que discriminan a las mujeres, que son consideradas en muchos aspectos como menores de edad y que dependen de la tutela masculina. Que validan ‘de facto’ la violencia doméstica como un derecho de los hombres. Y que, además, contemplan penas durísimas para las personas que practican relaciones homosexuales, con posibles penas capitales.

Pero, por si no había bastante, Catar tiene el criminal privilegio en su historial de haber sido acusado de apoyar al terrorismo islamista de Al Qaeda o de ISIS, entre otros grupos. ¡Y como si nada! Con todo su historial de inmundicias, nada le ha pasado factura para poder ser avalado por el mundo mundial para tener la sede del espectáculo futbolístico más ostentoso de las últimas décadas. Las dobles morales de los altos dirigentes planetarios hacen posible otorgar bula neoliberal para un acontecimiento manchado de sangre, que ha provocado hasta ahora más de 7.000 trabajadores muertos a pie de obra. Un particular Valle de los Caídos catarí que nos retrotrae a los sacrificios perpetrados en la construcción de esta barbaridad arquitectónica fascista.

A la postre, el mundial se celebrará con la despreciable carga de injusticias, corrupciones y discriminaciones señaladas, y con total impunidad. Los derechos humanos no jugarán ningún partido. A lo sumo, habrá actos simbólicos por parte de una decena de selecciones europeas que llevarán brazaletes para promover la inclusión social –cosa que las dignifica, por ir contra corriente, aunque tímidamente. Mientras tanto, la española, ni eso: echará balones fuera y será encubridora, como la mayoría de la población, que verá cómodamente, repantigada en el sofá, como el juego sucio contra la dignidad humana gana en esta indigna competición.

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En el anterior escrito como en varios más, volví a decir que vivimos en una sociedad des educadora…
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