Postmodernidad, decadencia y crisis del pensamiento político clerical católico

Desde sus orígenes, la idea de dios es la primera idea que la clase dominante se hizo del Poder, su autoconciencia de clase. A partir de esa autoconciencia las religiones, especialmente las monoteístas, impulsadas por un fundador, fueron desarrolladas por un estamento o casta de esa clase, el clero o simplemente la casta militar, con la función de racionalizar la dominación y presentar su orden social, económico y político como el mejor de los posibles y, en consecuencia, como inmutable.

En algunas religiones monoteístas, egipcia, judía, mazdeísta y cristiana, en el Islam el poder político es indivisiblemente religioso y militar, al formarse una casta sacerdotal, como aparato ideológico del Estado, comunidad o pueblo, esta casta no sólo se limitó a legitimar y racionalizar la dominación sino que aspiraba, también, a dominar el propio Estado, sin cuestionar el orden establecido de la clase dominante de la que forma parte indivisible. Era una cuestión de quién tenía más poder si el ejército y la aristocracia civil o la casta religiosa.

Fue Sócrates el primero que, bajo la influencia de los sofistas y de algunos filósofos materialistas y mecanicistas que le precedieron, quién empezó a establecer una distinción entre sociedad política y sociedad espiritual. Según él existe un Orden Cósmico Universal al que se asocia un Orden Moral Universal, que es superior al orden político y social y, por lo tanto, éste debe ser guiado por aquél. O dicho con otras palabras, la casta sacerdotal debe dirigir el Estado y la comunidad política sobre la que domina, porque forma parte de en un orden moral superior. Son los fundamentos teocráticos del poder.

El concepto de determinismo astrológico impregna esta teoría. Y en el cristianismo será el fundamento teórico de su teoría del poder, de los valores, del deber y de la libertad. Se expresará, en términos absolutos y abstractos, algo parecido a lo que será el espíritu hegeliano, en el providencialismo y la gracia, que guían el devenir de las comunidades sociales y los individuos. De esa manera nada debe escapar al poder del clero. Sencillamente, las sociedades y los individuos deber ser aquello que decida el clero.

Sin embargo, con el desarrollo de las fuerzas productivas, del pensamiento político y científico y de los Estados nacionales, factor éste fundamental para afirmar la autoridad civil y política sobre el poder clerical, el Orden antiguo y medieval se fue desintegrando y con él se fue cuestionando el poder clerical. Porque el clero necesita de los otros aparatos del Estado, que ejercen fuerza, violencia física y violencia jurídica, el Ejército y el Derecho, como brazos armados para imponer la doctrina de dominación sobre los súbditos, sean esclavos, siervos o proletarios.

Y durante siglos el cristianismo permaneció en alianza indivisible con el Estado y su dominación, aunque no necesariamente con la persona, monarca o gobernante que gobierne en cada momento. Esta puede ser cuestionada no el Estado ni la forma de dominación. El Orden. De hecho, desde el siglo V hasta el siglo XIX, en los Estados que permanecieron siendo católicos, el clero católico y romano no necesitó más argumentos para mantener su posición de dominación, junto a la clase dominante, que el poder coactivo, legal y represivo del Estado católico. No se preocupó de elaborar estrategias porque la Inquisición y la ley se encargaban de condenar, perseguir y eliminar a todos los enemigos del poder, del Estado y del clero. Los heterodoxos.

Es importante retener la palabra Orden, puesto que de lo que se trata es de proteger el orden socio-político establecido en beneficio de la clase dominante. La argumentación socrática sería posteriormente desarrollada no sólo por Platón en su concepción ideal del Estado sino, fundamentalmente, por los estoicos. Cuya influencia en el cristianismo será determinante. Este Orden se construyó, y sigue construyéndose, sobre la existencia de clases antagónicas, cuya consecuencia es la existencia de lucha de clases. Que o son contenidas, en coexistencia y sumisión, bajo la opresión de ese Orden o éste será destruido por su negación, que el mismo orden ha generado: la clase dominada.

Las religiones monoteístas, asociadas al Poder y defensoras del orden, desorden establecido, harán todo lo imposible porque ese orden no cambie. Y lo harán tratando de dominar el poder, el pensamiento político, las teorías sobre los deberes opuestas a los derechos y libertades y obstruyendo el desarrollo del pensamiento científico. Tratarán de atrofiar el pensamiento para que nadie pueda elaborar ninguna teoría, ni política ni científica, que cuestione su dominación intelectual y política.La Ignorancia es el poder clerical.

El problema lo tuvo la Iglesia católica cuando, a raíz de las revoluciones políticas liberales, el Estado se separó de la Iglesia, abandonándola a su propia suerte e incluso desamortizando o nacionalizando sus bienes agrarios. Tardó un siglo en entender que su viejo Orden medieval y monárquico había sucumbido al empuje de tres revoluciones: la política e intelectual, la industrial y la científica. Hubo un momento en el que la Iglesia estuvo acorralada por todos estos avances: en la teoría del pensamiento político y origen del poder, la soberanía popular, en la nueva teoría sobre derechos y libertades y en las teorías racionalistas, empiristas, positivistas, darwinistas, marxistas, anarquistas, nihilistas… y del pensamiento científico.

Consolidados los nuevos Estados liberales, tuvo que elaborar, algo que nunca antes había hecho: una estrategia de supervivencia como casta sacerdotal que diera sentido a su razón de ser. El desarrollo del socialismo y anarquismo como amenazas a la propia burguesía y el hecho de que los derechos humanos se hicieran universales y no privilegio de los burgueses, creó las amenazas al nuevo orden burgués que favoreció la aproximación de la burguesía a la Iglesia y su inserción en los Estados como aparato ideológico de los mismos. De la conciencia de clase de la nueva clase dominante.

Pero, aún así, la Iglesia sólo podía imponer su ideología, sus valores y deberes, por la violencia, la ley y la coacción del Estado. Lo que resultaba cada vez más difícil porque esos Estados reconocían la existencia de derechos a sus propios explotados. El liberalismo político favorecía el desarrollo del proletariado y de una burguesía, revolucionarios anticlericales, que no estaban dispuestos a permitir que la Iglesia les impusiese su doctrina, sus valores y su orden político. El clero tenía que sobrevivir en los sistemas democráticos.

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Postmodernidad, decadencia y crisis pensamiento politico clerical católico. Fisac 2016

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