¿Por qué filosofía?

Nos empeñamos en que este pueblo aprenda a leer, sin decirle para qué y sin reparar en que él sabe muy bien lo poco que nosotros leemos. Pensamos, además, que ha de agradecemos esas escuelas prácticas donde puede aprender la manera más científica y económica de aserrar un tablón. Y creemos inocentemente que se reiría en nuestras barbas si le hablásemos de Platón. Grave error. De Platón no se ríen más que los señoritos, en el mal sentido -si alguno hay bueno- de la palabra.»
(Antonio Machado)

No podríamos decir con exactitud cuándo nace la filosofía, pero podríamos convenir que nace como una prima hermana de la ciencia entre los siglos VII y VI a.C. Este estudio no deja de ser una tradición, un saber que hace que desde el nacimiento de nuestra cultura nos preguntemos a nosotros mismos qué somos, por qué estamos aquí, de dónde venimos y a dónde vamos. Pero esto no ha sido exclusivo de Occidente. El ser humano se interpela a sí mismo y se pregunta desde hace decenas de miles de años, y quizás desde hace más tiempo. Algunas de las preguntas anteriormente planteadas las podríamos encontrar en la agenda escolar de un niño de 14 años, que se pregunta por qué el mundo es tan inhóspito, por qué hay guerras, racismo, o personas que han de cruzar un cementerio acuático para poner los pies donde residen sus sueños.

Los niños son filósofos. Pequeñas y aguerridas personas que nos apuntan con su infinita curiosidad  y  disparan sus balas en forma de pregunta: ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?. Y en este nuestro mundo, los mayores responden a cada uno de esos porqués hasta que se cansan y dicen: Porque sí. Es lo que hay. ¿Qué importa?  Así, esos maravillosos seres curiosos que anhelan conocer, van perdiendo su capacidad filosófica, su facultad de conocer por conocer, sin una utilidad, sin una finalidad prevista o inmediata. Eso siempre ha pasado, y quizás siempre pase. Pero mientras todo lo que nos rodea se transforma en predecible, algorítmicamente calculable, retuiteable, carne de meme o digno de likes y follows, los MBA más prestigiosos incorporan créditos que pretenden estimular el pensamiento creativo. Al mismo tiempo, los nuevos sistemas educativos que copian el modelo de empresa Google implantan asignaturas como Filosofía para Niños. El omnímodo capitalismo se ha percatado de que si la sociedad no impele a pensar, debemos hacer pensar, al menos dentro de un margen bien definido, al alumnado. Pensar dentro de unos límites que permitan el cuestionamiento y la crítica de las minucias, lo diminuto, las correcciones y errores de cálculo que respondan a la lógica del beneficio inmediato. Nunca un cuestionamiento al sistema. Nunca desde un discurso crítico que pueda poner en jaque a una estructura desalmadamente utilitarista.

Por otra parte, hay mucha gente que no se conforma. Por eso no es de extrañar que Merlí haya sido un éxito mundial. Ha mostrado al mundo el lado más divertido e irreverente de la filosofía. Mucha gente joven ha decidido estudiar filosofía en el curso 2020-2021, a pesar de que el universo multipantalla nos empuje a compararnos, a competir en una sociedad del espectáculo tiktoker e instagramer y hacer del entretenimiento un modo de vida. Vivimos en un mundo en que empezamos a pensar que la realidad nos hace perder la noción de internet. Nuestra mente se ha convertido en un navegador donde la actualidad es un compendio episódico sin sentido y nuestro cuerpo sufre las consecuencias ansiosas de un presente imposible: demasiadas ventanas abiertas, demasiados frentes. Frustraciones y premios. Pavlov en todos los dispositivos. Pavlov en todos los corazones y en todos los cerebros. La filosofía puede ser una esperanza ante este descarnado ataque de sinrazón que padece nuestra civilización. Ante esta patología social que estamos sufriendo, que se acelera, por desgracia, al ritmo de una pandemia en forma de atomización, individualismo, tristeza, insatisfacción y depresión.

Tenemos una oportunidad para repensarnos. De fomentar la filosofía. Incluirla en más etapas educativas y no desterrarla como siempre ha sucedido en la historia del sistema educativo español. Todavía reverberan los ecos de las palabras del exministro de educación Wert cuando decía que los alumnos debían plantearse estudiar cosas necesarias y útiles. A pesar de eso, parecía que habíamos pasado página del utilitarismo Wert, cuando en 2018  la Comisión de Educación del Congreso de los Diputados votó unánimemente, sí, también por parte del PP, la recuperación de la asignatura de ética en 4º de ESO, rectificando un error histórico por su parte. Sin embargo, hace unas semanas el PSOE votaba contra la filosofía en la Comisión de Educación celebrada en la tarde del día de la moción de censura y que está tramitando la nueva ley de educación del gobierno de coalición.  Tras el intento de Abascal de inocular droga caníbal en la sociedad,  el PSOE y el PNV decidían, con tardicidad y alevosía, perpetrar un ataque contra la reflexión, y el único contenido filosófico al que muchos alumnos tendrán que enfrentarse en sus años de educación obligatoria, la ética de 4º de ESO. ¿Las razones? Pretenden poner en marcha una asignatura tipo «educación para la ciudadanía» o «valores cívicos». Una asignatura maría que servirá para decirle a la sociedad lo que está bien y lo que está mal y que podrá impartir cualquier profesor no formado en la materia. Acostumbrados como estamos al fast food, también en el ámbito educativo,  pretenden darle al alumnado instrucciones sobre cómo debe comportarse y decirle que una vida humana vale lo mismo aquí que en Irak. Pero sin atender al porqué de las cosas. Sin menospreciar la validez y la necesidad de implementar contenidos sobre educación sexual, drogodependencias, derechos humanos y antirracismo, esto no puede hacerse a costa de la filosofía. No. Ni hablar. La filosofía no puede ceder ni un ápice de su espacio en una sociedad que piensa cada vez menos, que no reflexiona, que está sometida a un influjo de información imparable que nos ciega en un casino donde nuestras IP se compran y se venden para mantenernos enganchados a las pantallas.

El PSOE debería entender que tiene muchísimo más impacto en la lucha antirracista que 007 sea protagonizada esta vez por una mujer inglesa de ascendencia africana, a que en las aulas se diga que todos somos iguales, que es mejor que emprendamos el camino del pensamiento junto al alumnado, a que lancemos proclamas superficiales en twitter, que reflexionemos sobre cómo queremos ser y por qué,  a implantar una nueva «Educación para la ciudadanía», cosa que será además aprovechado por la extrema derecha para acusar a la izquierda de adoctrinar en las aulas. No deberíamos trasladar a la educación la crispación política que sucede en otros ámbitos, sirviendo en bandeja de plata al fascismo el argumento de que el PSOE quiere llevar a cabo un proyecto ideológico en los colegios e institutos de España. Hay 52 fascistas en el Congreso esperando a que eso ocurra. ¿Les preocupa el racismo? Pongan al alcance de la cultura subvenciones para películas protagonizadas por personas de ascendencia africana, limiten las imágenes de llegadas en pateras con subtítulos donde aparezca la palabra «inmigrantes». Exijan que la publicidad no sea solo de blancos y para blancos. ¿Quieren acabar con la homofobia o la transfobia? Promuevan la normalización en todas las manifestaciones culturales, series y publicaciones la aparición de personas que han decidido aceptarse a sí mismas como son, y que amen a quien quieran, independientemente de su sexo. Incluyan en sus listas a esas personas, y no solo eso, promuevan que ocupen cargos de responsabilidad. ¿Quieren acabar con el clasismo? Tres cuartos de lo mismo. La realidad de que cualquier persona puede amar a quien quiera, que la pobreza no es una elección, que las personas migrantes son seres humanos, la idea revolucionaria de que las mujeres son personas o de que el derecho a la vida es un eje fundamental…todo eso tiene que venir del cuestionamiento, no de un plato ideologizado al vacío y listo para el consumo de los estudiantes.

Este mundo self-service en el que triunfan frases célebres, se ofrecen modelos de vida, se dictan fórmulas facilonas, se consumen ávidamente libros de autoayuda y se promueve la esclavitud algorítmica, nos dirige hacia el abismo cultural y civilizacional. La filosofía es más necesaria que nunca. Había un eslogan durante la segunda república española que decía «las milicias de la cultura luchan contra el fascismo combatiendo la ignorancia». El odio hemos de combatirlo enseñando a pensar colaborativamente, cuidadosamente, creativa y críticamente. La filosofía no puede perder terreno en la escuela, porque somos y hemos sido un manantial silencioso y constante de la historia, porque somos y hemos sido parte de la conciencia de la humanidad, porque hemos abierto ojos y puertas, porque somos y hemos sido la crítica necesaria que acompañó a múltiples revoluciones, porque seremos el futuro, porque una sociedad que no se cuestiona a sí misma y obedece tan sólo a fuerzas ciegas, es una sociedad automática, una sociedad suicida que se dirige inequívocamente a su autoaniquilación.

Por la filosofía, porque en las décadas venideras tengamos la suerte de vivir una eclosión del pensamiento. Que nos definamos por lo que amamos y no por lo que odiamos. Que apasionados digamos sí a la emotividad de una vida que se piensa y se examina. Que se vive con todas sus consecuencias. Porque los porqués jamás se acaben. Por un mundo con preguntas y sin respuestas definitorias y definitivas. Por un mundo en que, como decía Nietzsche, «recuperemos la seriedad con que jugábamos cuando eramos niños».

Carlos Saura  Profesor de Filosofía

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*Los artículos de opinión expresan la de su autor, sin que la publicación suponga que el Observatorio del Laicismo o Europa Laica compartan todo lo expresado en el mismo. Europa Laica expresa sus opiniones a través de sus comunicados.

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