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Mi yo juvenil se siente menos sola

Aún existe una pena de hasta dos años de prisión en Perú, pena tan simbólica como hiriente. Pese al activismo feminista, las campañas y el trabajo de miles de mujeres y disidencias, cada vez que llega al Congreso el proyecto es archivado, una y otra vez.

Le escribo a Andrea porque ayer despenalizaron el aborto en su país y quiero que me cuente si es verdad todo lo que se cuenta. Andrea Aldana es una periodista colombiana que vive hace un año como refugiada en Madrid, desde que empezó a recibir amenazas de muerte y agresiones por sus investigaciones contra agentes estatales y, bueno, por ser una mujer haciendo periodismo, gran periodismo. Alguna vez se le han llenado los ojos de lágrimas contándome eso.

Hace un poco más de un año contó por primera vez en una columna que había abortado, se titulaba “Yo aborto, tú abortas, ellas abortan… siempre”. La encuentro con la novela que está escribiendo (Dios, cuando salga esa novela, Dios) un poco parada, porque otra investigación sobre gente mala y corrupta la tiene ocupada. Anoche intentaron asesinar en Colombia a uno del equipo de investigación al que pertenece y anda de reunión en reunión pero me chatea, menos mal que me chatea.

–Lo de el aborto es tremendo, Gabi. Cuando era muy joven aborté y tuve que hacerlo en condiciones miserables. Un tipo me metió los dedos dizque para introducirme bien las pastillas en el cuello vaginal, un extraño que yo sentía que palpaba más de lo necesario, y luego casi muero desangrada. La misma historia la vivieron varias de mis amigas, casi todas abortaron muy chicas. 

No llegaba a los 20 pero Andrea recuerda que fue en una habitación, la acompañó el chico con el que salía entonces, pero ella moría de la vergüenza porque tenía que tirarse en una cama y abrirle las piernas al extraño que le estaba metiendo las pastillas.

–A él le pidieron salir del cuarto y yo quedé con el personaje que supuestamente era un doctor. No sé si lo era y no sé si el procedimiento era adecuado, pero me sentía absolutamente invadida con esos dedos palpando dentro de mí. Era muy joven y muy inexperta en mi vida sexual. Mi familia nunca lo supo. 

Conozco bien esa clandestinidad, la sensación infame de estar desprotegida sobre una camilla con las piernas abiertas esperando, rogando, que sepan lo que están haciendo contigo y no te hagan daño. La primera vez que aborté tenía 15 años y fui con mi enamorado, me durmieron con anestesia general en un consultorio cualquiera sin los equipos necesarios para revivirme. La segunda vez fui con mi mamá y el médico me pidió que acallara mis gritos de dolor mientras me intervenía porque podían oírme los vecinos y quitarle la licencia. Y tampoco es que nosotras, urbanas, de clase media, seamos las mujeres más desprotegidas por la ilegalidad del aborto.

El aborto parece un tema vintage desde que en Argentina y México se logró la despenalización y luego llegó el monotema covid, pero a veces se olvida a todas las que faltan. Necesitamos recordarlo. Le digo que envidio su ley. ¿Sabes que en Perú aún el aborto es ilegal salvo que peligre la vida y salud de la mujer? 

–No envidies, Gabi. En Colombia era un poco igual. Ahora, aunque ya es jurisprudencia aún el aborto no es ley en Colombia, la noticia es que ya no es un delito. Todavía no están claras cuáles serán las formas de garantizar este derecho. Pueden pasar meses hasta que a un médico le dé por practicarte el aborto y no alegue su objeción de conciencia.

Le digo que aún existe una pena de hasta dos años de prisión en Perú, pena tan simbólica como hiriente. Pese al activismo feminista, las campañas y el trabajo de miles de mujeres y disidencias, cada vez que llega al Congreso de mi país el proyecto es archivado, una y otra vez, golpe tras golpe, derechazo tras derechazo contra nuestras vidas. ¡¿Cómo lo lograron?! Ni que fueran argentinas…

–En Colombia pasa lo mismo. El aborto no es ley todavía. No han querido legislarlo. Lo que tenemos es una sentencia de la Corte Constitucional garantizando que ya no es delito si se practica dentro del límite de la semana 24. Pero crece un movimiento de opinión pública que está atacando a la Corte y pidiéndole que no “usurpe” las funciones del Congreso. Están proponiendo un referendo en contra de esta jurisprudencia, un “referendo por la vida”. La noticia es: “Corte Constitucional despenaliza el aborto hasta la semana 24”. Pero ellos entendieron “se despenaliza el aborto SOLO en la semana 24″. Están manipulando a la opinión pública.

Sabía que no podía ser tan fácil. No creo que Colombia sea más conservador que Perú pero por ahí andan. Siento cauta a mi amiga. Me dice que no cree que puedan pararlo porque la Corte lo que hace es resolver situaciones amparada en la normativa constitucional y la Constitución Política es la norma de normas. 

–Pero en un país tan conservador y corrupto como es Colombia y sus décadas de gobiernos de derecha, hecha la ley, hecha la trampa. Por eso mi cautela.

En Perú votamos a un gobierno de izquierda que da muchas malas señales en cuanto a derechos sexuales y reproductivos, menos mal ahora vuelve a haber una ministra feminista, solo esperamos que tenga margen de maniobra. ¿Qué dice el gobierno de Colombia?

–Te voy a escribir las palabras textuales del presidente de mi país: “Me preocupa que esta práctica de aborto que es contraria a la vida, se convierta en una práctica cotidiana (…) que se vuelva para muchos en métodos anticonceptivos para no usar el condón”. O sea, me quería arrancar los oídos. También dijo que era muy peligroso porque esta decisión se podía tomar como práctica anticonceptiva. Y que él era “provida”. El presidente, el gabinete, el partido de gobierno y los candidatos de derecha de mi país están en contra del fallo. Los fallos de la corte solo los respetan cuando les conviene. En resumen, no solo son antiderechos, también son antidemócratas. En realidad toda Latinoamérica es muy camandulera. Lo que pasa en El Salvador frente al aborto, por ejemplo, es horrible. Allá no existe ninguna causal que te lo permita. Incluso si eres víctima de una violación y quedas embarazada estás obligada a esa maternidad.

A veces sueño en que podamos unirnos todas las empañueladas de América latina, Andrea, y actuar como una gran república donde mi cuerpo, mi territorio. sea ley. Y el aborto también. 

–Es mi sueño también, Gabi. La autodeterminación sobre nuestros cuerpos. Pero es tan difícil, y a veces tan irónico. Por ejemplo, del fallo reciente que eliminó al aborto como delito en Colombia  los ponentes fueron hombres. Y en el fallo nueve magistrados votaron. Se ganó 5 a 4. Solo una mujer votó a favor junto a otros 4 hombres. Las otras tres mujeres de la Corte votaron en contra. Al final, aunque a favor nuestro, fueron los hombres los que terminaron decidiendo. Eso es muy irónico. ¡Tanta paridad para esto! Y un fallo que a nosotras nos garantiza un derecho se ve como un festival de aborteras.

¿Celebraste?

–Ayer vino una amiga a casa. Una amiga que nunca ha abortado. A abrazarme porque lo sintió como un triunfo. Es española pero vivió cinco años en Colombia como garante del proceso de paz. Y me contó de las condiciones tan hostiles —que ella vio— de las campesinas de la zona rural colombiana. Nos abrazamos. Celebramos. Pero también pensamos que esas campesinas tan apartadas de la capital ni siquiera se van a enterar de la jurisprudencia. Porque allá no llega nada, no hay Estado. Y para ellas —como cuando estaban solo las tres causales—  no va a cambiar nada. Con mis amigas de Colombia, todo fue felicidad y llanto por chat y por videollamada.

Espero algún día llorar con mis amigas por algo así, aunque sea por zoom.

–Mi yo juvenil se siente menos sola. No sé, creo que de algún modo, después del fallo, nos sentimos como legión: nada de histéricas, sólo históricas.

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