Mal tiempo bien merecido

  En una civilización de agricultores, se escogió bien que la máxima festividad religiosa de casi todos coincidiera con la máxima probabilidad de lluvias, que dificultaban el trabajo agrícola, acogiéndose entonces el pueblo en abarrotadas iglesias. Pero hoy la Iglesia se ha politizado, y pervertido también en esto el mandato de Jesús de que no se pusieran a rezar por las esquinas como los fariseos. Sale de calle de sus iglesias, siempre vacías, por su traición al Evangelio, que la gran mayoría de los ciudadanos no pisamos ya sino como turistas o en ciertos ritos sociales, cada vez menos frecuentes. Y hace ostentación de su verdadero poder, con romanos (¡!), guardias armados y hasta legionarios, lo más opuesto al espíritu de Jesús.
                              La lluvia castiga su perversión del espíritu primitivo, provocando lágrimas de despecho entre sus “nazarenos”, que no cristianos; crédulos, que no creyentes: algunos son ya incluso ateos declarados. Y, por supuesto, esa hoy insensata elección de fecha, y ese mal tiempo, nos castiga, -también a merecidamente, aguando nuestras vacaciones, haciéndonos la Pascua-, a la gran mayoría de de los españoles, que no hacemos respetar la aconfesionalidad constitucional e instaurar un nuevo y más racional calendario para nuestras actividades, rindiéndonos ante tan irracionales fantasmas del pasado.

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