El creciente número de ciudadanas que prescinden del velo mantiene viva la llama de unas manifestaciones sofocadas en gran parte por la represión del régimen
La imagen de los dos ancianos líderes supremos que han dirigido el destino de Irán en los últimos 44 años observa omnipresente desde vallas publicitarias, pósteres y carteles las vidas de los habitantes de Teherán. Solo otros rostros están más presentes que los del difunto ayatolá Jomeini y su sucesor, Alí Jamenei, en los murales de la capital iraní. Esas caras son las de los mártires en la guerra entre Irán e Irak (1980-1988). En esos dibujos ubicuos en esta ciudad gris no hay apenas sitio para las mujeres. Cuando aparecen, están en segundo plano, y, sin excepción, con velo.