Las peleas entre Julio Ariza y Rouco Varela, al descubierto

El jefe de los obispos nunca perdonó al presidente de Intereconomía la emisión de la misa dominical desde el Valle de los Caídos

Fue el 8 de diciembre de 2005 cuando se produjo el primer gran desencuentro entre el presidente del Grupo Intereconomía, Julio Ariza, y el presidente de la Conferencia Episcopal, Antonio María Rouco Varela. Convertido en la nueva heroína mediática de la derecha más extrema, ese día Ariza pretendía que el cardenal bendijese el monumento a Juan Pablo II y a la virgen María que había ordenado construir a escasos metros de la entrada principal de su sede (situada en pleno Paseo de la Castellana, una de las arterias más emblemáticas de Madrid).

La estatua, que representa al Pontífice como un anciano peregrino que contempla a la Virgen en su adolescencia, había sido sufragada por suscripción popular después de que Julio Ariza pidiese a sus oyentes y telespectadores que contribuyesen a pagar los emolumentos de Juan de Ávalos, el mismo escultor que levantó los evangelistas que guarnecen la Cruz del Valle de los Caídos.

Sin la presencia de Rouco
Como es propio en él, Ariza impulsó esta iniciativa individualmente, sin contar con nadie y sin esperar a obtener el visto bueno del arzobispado de Madrid. Algo que provocó enorme enfado en el presidente de los obispos, acostumbrado a que no se tome ninguna iniciativa relativa a la Iglesia Católica sin su consentimiento. Por ello, Rouco Varela declinó acudir al Paseo de la Castellana e inaugurar un monumento que finalmente bendijo Julio Sagredo Viña, un sacerdote con escasísima proyección pública.

Peleados por el Valle
Desde entonces, los desencuentros entre Rouco Varela y Julio Ariza han sido constantes. Probablemente, el más significativos de todos se produjo el día en que el arzobispo de Madrid se enteró que Intereconomía Televisión había decidido emitir la misa dominical desde el Valle de los Caídos. En constante enfrentamiento con el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, Rouco Varela pretendía rebajar la tensión con el Ejecutivo español en lo concerniente al cierre temporal del mausoleo donde está enterrado Francisco Franco. Por aquel entonces, Rouco Varela entendía que no era positivo para la Iglesia que se produjese una identificación por parte de la ciudadanía entre la institución que preside y el régimen franquista.

La ruptura final
Pero Ariza volvió a hacer oídos sordos. Animado por los movimientos ultracatólicos con los que tanto se relaciona, y aprovechando la militancia de algunos de sus colaboradores más próximos en la hermandad del Valle de los Caídos, Ariza empezó a emitir desde noviembre de 2010 la eucaristía dominical en su canal de televisión. Fue la gota que colmó el vaso. Rouco Varela había sentenciado definitivamente al presidente de Intereconomía.

Los intentos (baldíos) de Ariza
Tanto es así que todos los intentos que Julio Ariza ha realizado desde entonces para acercarse al presidente de los obispos han resultado en balde. Sin duda, el más sonoro de todos ellos se produjo en abril de 2010, cuando el editor navarro nombró al exdirector del CEU, Alfredo Dagnino, consejero delegado y hombre fuerte de la casa con el objeto esencial de conseguir a través de sus buenas relaciones con el cardenal Rouco Varela dinero y ayuda de la Conferencia Episcopal, además de un acuerdo con COPE y 13TV.

La negativa de Rouco
Sin embargo, y en contra de lo esperado por Ariza, Rouco Varela no cayó en la trampa, dándose así cuenta el presidente de Intereconomía de que la intención de los gestores de la COPE (emisora propiedad de la conferencia episcopal) no era otra que dejar caer a su televisión, quedarse con su “share” audiovisual y convertirse en el canal de referencia para los fieles católicos.

Helado ante la respuesta del prelado
Algo parecido había ocurrido en septiembre de 2004, mes en el que Rafael Miner (exdirector de comunicación del Grupo Intereconomía) pidió audiencia con Rouco Varela para presentarle la última ocurrencia de Ariza: la salida al mercado de Alba, un semanario católico que criticaría con dureza todos los avances sociales que pretendía impulsar el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. La respuesta del prelado no pudo ser más fría: “No comparto la decisión de publicar un nuevo semanario católico. Para eso ya está Alfa y Omega , la revista que edita el arzobispado de Madrid y reparte el diario ABC”, aseguran a ELPLURAL.COM que dijo entonces Rouco Varela. Las mismas fuentes explican a este diario que el exdiputado del PP se quedó helado ante la reacción del prelado.

Prefieren al grupo que edita Playboy
Así las cosas, que la Conferencia Episcopal eligiese al diario La Razón (en contra de otras opciones como el ABC o La Gaceta) para publicar la versión española del suplemento católico que edita la Conferencia Episcopal, L’Osservatore Romano, no sorprendió a Julio Ariza. Aunque sí le dolió sobremanera. Pese a que su reacción pública fue la de criticar que la Iglesia eligiese a al grupo que edita la revista erótica Playboy o que incluye entre sus páginas anuncios de prostitución, la realidad es que Ariza no acaba de asimilar el trato que recibe por parte del jefe de los obispos.

Dolido con Rouco
Navarro de nacimiento y muy cercano al Opus Dei, lo cierto y verdad es que Ariza nunca ha dudado en poner sus medios al servicio de los valores más retrógradas que profesa la jerarquía católica. “El dolor que le causa su enemistad con Rouco es tremendo”, confiesan a ELPLURAL.COM desde su entorno más cercano. “Él, que incluso se lleva a meditara sus colaboradores al santuario que tiene el Opus Dei en Hueca es incapaz de comprender que sea precisamente la Iglesia Católica la institución que pretenda dar la puntilla final a su maltrecho imperio mediático”, sostienen las mismas fuentes.

El puritanismo de Ariza
Católico confeso, en las oficinas centrales del Grupo Intereconomía se cuentan por decenas las anécdotas relativas al supuesto puritanismo de Ariza. Entre las más comentadas resalta la que se produjo el día en el que supuestamente llamó la atención a una trabajadora porque se le veía el tanga al final de la espalda (instándole acto seguido a que se vistiera con decencia). Igual de celebrada entre sus redactores es la historia que tiene como protagonista a una trabajadora a la que supuestamente metió en su despacho para preguntarle muy serio si estaba casada o vivía en pecado.

El surrealismo de Ariza
Queda claro que Ariza no ha tenido reparos en ordenar la realización de piezas informativas surrealistas, como aquella en la que defendía el no uso del preservativo en África porque en un continente tan caluroso los preservativos no pueden conservarse en lugares frescos y secos, o cuando desde sus programas lanzaba la consigna de que el matrimonio homosexual era intolerable porque era contrario al que hace 2.000 años diseñó Jesucristo.

Las críticas de Rouco en público
Así las cosas, situaciones como las que el periodista y exfundador de Intereconomía Enrique de Diego desvela en su libro Dando Caña parecen provocar enorme dolor en Ariza. Dice de Diego que, una vez finalizada la Jornada Mundial de la Juventud, el prelado organizó un almuerzo con los que habían participado en la organización de la JMJ que se celebró en Madrid. La sobremesa acabó derivando en una francachela de comentarios críticos hacía Intereconomía mientras Rouco callaba. Fue entonces cuando un militar de la base de Cuatro Vientos (Madrid) que también participaba en la comida tomó la palabra para elogiar al grupo de comunicación de Ariza y ensalzar la labor que Intereconomía realizaba al defender los valores católicos. Visiblemente molesto, Rouco golpeó la mesa con los cubiertos y le contradijo por completo. El militar se quedó sobrecogido ante la violenta reacción del prelado.

Los meapilas también se pelean
Hechos que demuestran, tal y como sostiene en su artículo el colaborador de ELPLURAL.COM, J.D., que “Julio Ariza, Rouco o los meapilas tambien se pelean”. Prueba de ello es que tras haber despedido a más de la mitad de sus trabajadores, con la audiencia de Intereconomía Televisión desplomada, debiendo hasta cuatro nóminas a sus trabajadores , habiendo fracasado de forma estrepitosa el proyecto de La Gaceta, y planeando otro Expediente de Regulación de Empleo que podría dejar en la calle a cerca de 300 periodistas, Ariza ha tenido que hacer frente al fichaje del que hasta ahora era el rostro estrella de su canal, Antonio Jiménez.

A la espera del milagro
La salida de Jiménez a 13 TV (tirando de talonario), no es la única que se ha producido en Intereconomía. Carmen Tomás, Isabel Durán, Jaime González, Carmen Gurruchaga o Edurne Uriarte ya le abandonaron antes para recalar en la televisión que gestiona la Iglesia. Ariza es consciente que, en los próximos días, otros rostros seguirán el mismo camino de Jiménez. Abandonado por el Partido Popular de Rajoy y en el punto de mira de la Conferencia Episcopal, el ex diputado autonómico del Partido Popular parece ser consciente de que sólo un milagro podrá evitar la ruina de su cada vez más maltrecho imperio mediático.


Las ratas, Jiménez, son las primeras en abandonar el barco

De pronto, Antonio Jiménez se largó el otro día de ‘El Gato al Agua’. Las ‘ratas’ son las primeras en abandonar el barco. Mientras tanto, los gatos -siempre que pueden- se comen a los ratones. A Jiménez lo han fichado los obispos y lo han llevado a la gloria, que para eso está la clerigalla.

No ha ido a la COPE. Ahí está ahora Emilio Sáenz de Buruaga, que llegó al cielo tras Nacho Villa, un ‘pistolero del oeste’, que fracasó en la radio de la Iglesia católica, apostólica, romana y de las JONS. Aterrizó Buruaga dos años después de que fueran expulsados del paraíso Federico Jiménez Losantos y César Vidal, pastor protestante e historiador de mentira.

Buruaga, Losantos y Jiménez son productos ‘made in Aznar’. Triunfaron en el ejercicio del incensario y ganaron cada uno de ellos más dinero que Epulon, el rico del evangelio. Losantos, desde la COPE, tramaba con el cardenal Rouco Varela convertir a la cadena radiofónica divina en un bunker conservador intocable.

Vidal engordaba todavía más. Buruaga saltó a la palestra de los millonarios y manipuló en TVE a gusto de su padrino, el presidente Aznar. En Antena 3 consiguió ser consejero delegado de esa televisión y en 2006 Esperanza Aguirre le dio el oro, el moro y hasta el señor de Puerto Rico en un programa a la medida de las necesidades del Partido Popular. Cumplió bien las órdenes y aumentaron mas y más sus emolumentos.

Requerido por el alto clero, Buruaga se plantó en la COPE. Antonio Jiménez, que pilotó las mañanas de RNE en tiempos de Aznar y en época de muchos vetos -como ahora con Rajoy- pasó a primera división gracias a su habilidad aduladora.

Al día siguiente de la derrota de los ‘populares’, el 15 marzo de 2004, se personó en Ferraz y el muy perillán se ofreció a un dirigente del PSOE para seguir en RNE al servicio, claro está, de los socialistas. Le dijeron que no, que gracias, y fue fichado por Julio Ariza. Es difícil estar más a la derecha que Jiménez.

Ahora Intereconomía culpabiliza a la Conferencia Episcopal. ¿Guerra de religión o guerra de intereses? En ‘La Gaceta’ de hoy ‘disparan’ contra la jerarquía eclesiástica actual. “Adquirir protagonismo y audiencia a cualquier precio no se entiende en una cadena cuyo principal fin se supone que es la evangelización”, claman los católicos de Intereconomía más reaccionarios aún que la mayoría de los Papas.

“Viene de lejos la actitud de la cúpula de la Jerarquía de la Iglesia en España de poner palos en la rueda de Intereconomía y sus medios”, lamentan Ariza y sus amigos ultramontanos. Insisten: “La estrategia de COPE y su cadena es muy discutible en cualquier empresa, y especialmente en una que es propiedad de la jerarquía de la Iglesia”.

“¿Qué pasa entonces entre Intereconomía y la Conferencia Episcopal Española, accionista mayoritaria de Cope y su TV, que ha puesto desde junio de 2010 en manos del gerente de la propia Conferencia Episcopal?”, se preguntan los directivos de Intereconomía. Católicos a la greña. Rouco desprecia a Ariza. No quiere el cardenal perder ni un palmo de poder para que se lo lleve, al fin y al cabo, un intruso. Los meapilas también pelean entre ellos. ¡Amén!

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