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montaje realizado por periodistas-es.com con el semanario falangista El español de 1943 y la portada del panfleto «La masonería en acción», editado en Toledo en 1941.

La propaganda antimasónica antirrepublicana en España. 1931- 1939

La teoría complotista

Desde 1932 los medios de comunicación afines a la Iglesia venían desarrollando una intensa campaña antimasónica con el objetivo de desprestigiar a la república, presentándola como un régimen manipulado por las logias. Las decisiones del parlamento, según repetía insistentemente la prensa de derechas, obedecían a los dictados de la masonería internacional. La idea principal que articulaba la construcción de este discurso procedía del libro “Los Protocolos de los Sabios de Sión”. Los llamados Sabios de Sión, habían organizado una conspiración judía apoyada por la masonería para destruir el cristianismo e imponer una dictadura mundial. El supuesto “documento” de los Protocolos era, en realidad, una burda manipulación panfletaria creada por los servicios secretos zaristas, en la época del Affaire Dreyfuss (1900-1901)[1] que se extendió por toda Europa tras el triunfo de la Revolución Soviética.

La teoría complotista, inicialmente gozó de un escaso predicamento, pero esta circunstancia desaparece cuando el jesuita Juan Tusquets se convierte en su principal propagandista en España.[2] Su idea de que la Segunda República era un instrumento anti-español en manos del contubernio judeo-masónico-bolchevique fue difundida a través de los artículos que el presbítero escribió en El Correo Catalán[3] y, sobre todo, como consecuencia de una serie muy exitosa de 14 libros; Las Sectas,[4] bajo su dirección. La obra del jesuita, fruto de su proteica pluma, llegó a tener, pese al carácter burdo de sus planteamientos, un gran predicamento entre la derecha. Franco, acérrimo lector de sus textos, devoraba sus diatribas antimasónicas con gran entusiasmo.[5]  El conocimiento de Los Protocolos adquirió un gran nivel de divulgación con el gran éxito alcanzado por sus “Orígenes de la revolución española” [6] La obra, en la que acusaba a la Segunda República de ser “hija de la masonería”, fue un éxito de ventas para la época. Tusquets se refería en su texto a Los Protocolos como una evidencia “documental” demostrativa de que los judíos estaban resueltos a destruir la civilización cristiana. Los masones y los socialistas, serian unos instrumentos en sus manos, encargados de hacer el trabajo sucio por medio de la revolución, las catástrofes económicas, la propaganda impía y pornográfica y un ilimitado liberalismo.

No hubo que esperar mucho tiempo tras la proclamación de la República para que el nuevo régimen democrático fuera presentado como “un régimen masónico antiespañol.” [7]El neurólogo valenciano Albiñana, fundador del Partido Nacionalista Español, primer partido pseudofascista español,[8] aprovechó el tiempo pasado en la Cárcel Modelo de Madrid para escribir en 1931 “Prisionero de la República.” Para Albiñana, que creía a pies juntillas en la tesis de los Protocolos, la quema de conventos del 12 de mayo de 1931 era el resultado de un “compromiso contraído con las logias masónicas de París.” Su obsesión contra La Orden era ilimitada. Los Legionarios de España-[9] “los de la porra”- así era el nombre con el que vulgarmente se conocía a los afiliados a su partido – eran definidos, según sus propias palabras, como: «la única defensa de la independencia española, frente a la conspiración extranjera destructora, decidida por los planes masónicos.” El neurólogo sostenía que la llegada de la República había sido el resultado de una conspiración judía contra España, conspiración que hundía sus raíces en la expulsión de 1492: ”desde entonces su acción semita ha venido influyendo en los desastres españoles. Los judíos se han aliado con toda clase de elementos para perjudicar a España en todos los tiempos. En Flandes se aliaron con los protestantes (…) esparcidos por todo el mundo continuaron su persecución antiespañola, con poderos elementos de difamación y de rapiña. Uno de esos elementos es la masonería”. Los masones, obedeciendo los dictados judíos habían apoyado a Napoleón en su conquista y destronado a Isabel II. La pérdida de Cuba, Puerto Rico y Filipinas fue consecuencia de una conspiración de las logias, subvencionada por el judaísmo internacional. Los masones financiaron la Escuela Moderna de Ferrer, provocaron la Semana Trágica de Barcelona y la huelga general de 1917. La masonería sionista había logrado terminar con la monarquía alfonsina y conseguido imponer una Dictadura Republicana.[10] No existía acontecimiento ligado al transcurrir de la historia nacional detrás del que no estuviera presente la omnipotente mano del contubernio judeo masónico.[11] La Orden se había infiltrado en la Institución Libre de Enseñanza “para dominar al profesorado y movilizar a los estudiantes.” Las logias habían sido las inspiradoras de la política educativa de los gobiernos republicanos. La interpretación delirante de la historia fue tal, que Albiñana llego a aventurar que el judaísmo internacional, apoyándose en una red de infiltrados en la Internacional Comunista, conseguiría hacer triunfar la revolución comunista en España, y después, según sus propias palabras: “será inmediatamente abolido el decreto de los Reyes Católicos (…) y los judíos entrarían victoriosos en nuestra patria vengándose de su destierro secular.” [12]

La república masónica

Algunos periódicos de la prensa clerical, en su afán por establecer nexos de vinculación entre las logias y las medidas legislativas republicanas, achacaron la autoría del anteproyecto de la Constitución republicana a una maquinación masónica de venganza contra la Iglesia. El artículo titulado “El sectarismo de la República”, publicado el 21 de julio de 1931 en El Noticiero de Zaragoza, es un cumplido exponente de un tipo de textos bastantes frecuentes en este tipo de prensa:

un sectarismo morboso que imponen algunos de sus ministros para satisfacer los designios de la Masonería, de la que son dócil instrumento con que vengar su odio contra la Iglesia. No hay que perder de vista que la masonería está acechando continuamente la ocasión de atacar a nuestras instituciones católicas (…)”[13]

En esta campaña propagandística antirrepublicana desempeñó un papel fundamental el Semanario Gracia y Justicia. El periódico, fundado en 1931,[14] contribuyó a extender una visión popular de la masonería valiéndose de viñetas y caricaturas denigratorias de los principales políticos republicanos.[15] Su línea editorial tenía como objetivo generalizar entre la opinión publica la idea de que República y masonería participaban en una empresa común: destruir a la Iglesia Católica. Especialmente insistente fue el empeño del semanario en presentar la Ley de Congregaciones Religiosas de mayo de 1933 como resultado de la acción concertada de los diputados masones. Si los diputados republicanos habían aprobado la ley, había sido por su dependencia respecto a las consignas políticas procedentes de las logias. Lo mismo podría decirse de la Revolución de Asturias: la masonería había sido su instigadora y organizadora. Los anarquistas, comunistas y socialistas simplemente se limitaron a ser los actores que ejecutaron un guión escrito en los talleres masónicos. Los periódicos más importantes de la prensa católica nacional: ABC, Informaciones, La Nación, El Siglo Futuro[16] participaron activamente en esta campaña a la que se sumó El Debate, dirigido desde 1933 por Ángel Herrera Oria- uno de los fundadores de la Asociación Nacional de Propagandistas católicos-[17], presentando el reformismo laicista de las leyes educativas republicanas como un conjunto de propuestas decididas en las reuniones de las logias. [18]

Después de la formación de la CEDA, en marzo de 1933, cuando la campaña mediática contra las medidas de modernización laicistas alcanza su punto álgido, se produce una reactivación propagandística anti masónica. En el célebre discurso electoral pronunciado por Gil Robles en la plaza de toros de Madrid, la democracia fue presentada como una vía para llegar a la creación de un Estado Nuevo: ”llegado el momento o el parlamento se somete o lo hacemos desaparecer”. En ese Nuevo Estado que la Confederación iba a construir; según el discurso pronunciado por su líder en el cine Monumental: “la patria quedaría depurada de masones judaizantes.”[19]Las declaraciones antimasónicas de Gil Robles no eran la primera vez que se producían. En un mitin, celebrado en Palencia en noviembre de 1931, el líder de la derecha acusaba a las logias de instigar al gobierno republicano para que persiguiera a la Iglesia. En 1932 apuntaba a la masonería como causante de la caída de la monarquía y en enero de 1933, la hacía responsable de ser la autora de la Ley de Congregaciones Religiosas, que prohibía a las órdenes ejercer la gestión de centros docentes. [20]

El triunfo de las derechas en las elecciones de noviembre de 1933 extiende una explosión de entusiasmo entre la prensa confesional, que aprovechó la euforia política de la victoria para renovar la campaña agresiva contra las medidas de modernización religiosa republicanas.[21] La mayor parte de los textos antimasónicos de la época republicana se escriben en el periodo 1934-1935,[22] estimulados en gran medida por el rearme moral consecuencia de esta victoria. En 1934, la actividad de la editorial del Padre Tusquets se intensificó con la publicación de tres obras: “La Iglesia y la masonería. Documentos pontificios”, “El espiritismo y sus relaciones con la masonería” y justo después de la revolución de Asturias; “La dictadura en España y en el mundo.” [23]

Durante la campaña electoral de 1933, la cuestión estrella en el discurso de la derecha fue la cuestión religiosa, la abolición de la ley del divorcio, la defensa de la familia cristiana y el ataque a los partidos marxistas, antiespañoles y promotores de la lucha de clases, en resumen:” Una defensa de todos los principios básicos de nuestra nación y existencia histórica”,[24] como decía el ABC del 7 de noviembre de 1933. La derecha prometía a sus votantes católicos la derogación de la Ley de Confesiones y Congregaciones Religiosas y la revisión del artículo 26 de la Constitución.[25] La mayoría del clero regular y secular y la Asociación Nacional Católica de Propagandistas apoyaron las candidaturas conservadoras.[26] El gigantesco esfuerzo de medios realizado por la CEDA, en propaganda escrita, pasquines, octavillas y carteles, fue propio de una auténtica campaña de masas; las camionetas y automóviles recorrieron las circunscripciones de todo el país, más de 10 millones de octavillas fueron repartidas y 20 modelos distintos de carteles se pegaron en las paredes. La ayuda de los artículos de opinión, los editoriales de El Debate y publicidad electoral en prensa también resultó fundamental en la campaña. En Madrid, Pujol, que habría de ser uno de los participantes en la trama civil de la rebelión y posteriormente jefe de los servicios de propaganda franquista, denunciaba «un contubernio socialista- masónico para apoderarse de España con apoyo de separatistas vascos y catalanes.” [27]Uno de los carteles electorales más reproducidos de la CEDA, el que contenía el célebre eslogan de “Gil Robles os pide todo el poder”, sirvió de modelo para el ¡No pasaran ¡del Madrid cercado por las tropas franquistas, pero eso sí, con una apostilla radicalmente diferente: “No pasará el Marxismo, no pasará la Masonería, no pasará el Separatismo. España les cerrará el paso[28]

Guerra y antimasonería

El discurso antimasónico de la época republicana apenas sufrió ninguna transformación a partir de 1936. Los estereotipos que habían constituido la campaña propagandística durante la II República reaparecen en la guerra civil. El trabajo realizado anteriormente había asentado entre la opinión pública de la retaguardia franquista el conjunto de consignas que lo constituyeron. En el ámbito sociológico de la derecha, el constructo masón- enemigo de la patria estaba sólidamente establecido. Su imagen había arraigado con la suficiente contundencia como para que no fuese necesario renovar el argumentario que lo sostenía. La masonería resultaba muy productiva desde el punto de vista propagandístico y se convirtió en un eficaz estereotipo que andando el tiempo no requirió de ninguna explicación. El carácter secreto de la organización convertía sus maniobras políticas en algo que no precisaba justificación, ¿qué necesidad había de presentar pruebas irrefutables de sus acciones, si nunca quedaban huellas documentales de sus acciones? Al no precisar de su acreditación en el terreno de los hechos demostrables, la idea del contubernio quedaba dotada de un campo de posibilidades políticas prácticamente ilimitado.

Los componentes argumentales de este discurso se reactivaron a partir de 1936 con un nuevo objetivo: la construcción de una noción del “enemigo” simple y fácilmente identificable, articulado en torno al concepto de la antiPatria. La antiPatria estaba constituida como conjunto de fuerzas anárquicas, revolucionarias y disolventes cohesionadas en torno a la destrucción de la unidad nacional. El espectro que la constituía era el resultado de una imposible babel ideológica conformada por la acción concertada del liberalismo individualista, el marxismo destructor del orden social tradicional, el anarquismo enemigo de la autoridad, el nacionalismo independentista y el internacionalismo masónico. La machacona hiperactividad propagandística antimasónica se convirtió en un discurso de gran penetración emocional que encajó con el clima de patriotismo bélico extendido entre la retaguardia. La fobia masónica es uno los elementos fundamentales constituyentes de lo que algunos autores han llamado cultura de guerra: una simplificación discursiva elaborada con el objetivo de producir un consenso movilizatorio eficaz y activar y conectar identidades colectivas entorno a una noción común del enemigo.

El propio Franco escribió obras de propaganda anticomunista y antimasónica bajo el seudónimo de Jokin Boor

La propaganda de los rebeldes presentó a la masonería como un todo coherente, una sociedad sin disensiones internas, férreamente disciplinada y coordinada a la hora de llevar a la práctica sus intereses. Nada más alejado de la realidad, la masonería española se hallaba profundamente dividida entre los intereses divergentes de las dos grandes cúpulas masónicas del momento. Las diferencias internas en las dos jurisdicciones eran notables, la disparidad de opiniones sobre cuales habían de ser las relaciones con los partidos políticos eran significativas de una gran división, que hacía absolutamente imposible que la Orden trabajara en una línea de acción política conjunta, pero nada de esto interesaba a la publicista rebelde, empeñada en trasladar a la opinión publica una imagen de gran cohesión interna, la propia de una fuerza poderosamente articulada ante un único fin: la destrucción de la patria.

El discurso antimasónico permitía seguir una estrategia propagandística de una capacidad enorme a la hora de permeabilizar socialmente el constructo polisémico de la idea del enemigo. El variado y constante conjunto de los actos y ceremonias político religiosas, que tan abundantemente se celebran durante la guerra, es una inmejorable oportunidad para deslizar mensajes propagandísticos. Este discurso se acoplaba perfectamente a las diversas circunstancias en las que se reproduce; se reactivaba en los sermones dominicales de las iglesias, en los discursos pronunciados en los actos patrióticos religiosos, en artículos y noticias de la prensa diaria, en charlas radiofónicas, incluso, como veremos, se instaló y se extendió en el currículum escolar.

Todos los medios de comunicación social de los rebeldes franquistas se pusieron al servicio del mismo empeño colectivo: construir una imagen eficaz del enemigo en la retaguardia. La estrategia propagandística jugó con la “acumulación” de la exposición reiterada de la población al mismo tipo de argumentos; reputados por repetición, podríamos decir. El objetivo de esta estrategia acumulativa no podía ser otro que crear una movilización colectiva de apoyo masivo a los rebeldes y un consenso social sobre los rasgos identitarios que definían al enemigo, un enemigo que había que destruir en el campo de batalla y represaliar en la retaguardia La estrategia se valió de medios y retoricas que dispararon y dirigieron la emocionalidad de la comunidad hacia el odio y el miedo, tal y como lo demuestra la importancia que se dispensó durante los primeros meses de la guerra a la inclusión en prensa de noticias relativas a la represalias contra los masones.

Foto: CDMH de Salamanca

La propaganda antimasónica se trasladó incluso hasta las escuelas, constituyéndose en un componente muy importante de manuales de historia, libros de lectura,[29] conferencias y catecismos. En algunos de los textos de historia escolar, el antimasonisno fue empleado como el principal concepto explicativo del relato histórico sobre la república; el régimen que había traicionado la esencia patriótica de la tradición nacional. En 1940 el sacerdote jesuita Enrique Herrera Oria[30] publica “Nociones de Historia de España”; de los 10 subtítulos que se ocupan de la II República, 3 son de contenido antimasónico: “El gobierno de masones y comunistas”, “Reunión de masones en París”, “Plan del Gobierno masónico comunista, la época del terror.”[31]  Según se recogía en el “Manual de Historia de España”, de obligatorio uso en todos los centros escolares, editado por el Instituto de España en 1939:

”la República era una concentración y alianza de todos los constantes enemigos de España para hacer, contra ella, un esfuerzo definitivo. Napoleón, brazo de la revolución francesa y liberal volvía a entrar en España detrás de la masonería(…) en 1936 se llegó al llamado Frente Popular, o sea la alianza de todos los extremos enemigos de España- masones, socialistas, separatistas- para su completa destrucción.” [32]

El “Catecismo Patriótico Español” del padre Menéndez Reigada,[33] impuesto como texto oficial en todas las escuelas, por orden del Ministerio de Educación Nacional en marzo de 1939, establecía cuales eran los siete enemigos de España:” los enemigos de España son siete. El liberalismo, la democracia, el judaísmo, la masonería, el capitalismo, el marxismo y el separatismo”. La obra de M. Reigada dirigida a los niños, les trasladaba al mundo de oscuridades demoniacas de una organización definida con las siguientes palabras :

«una sociedad secreta, aliada del judaísmo, para realizar en la sombra sus intentos criminales (…); tiene por divisa su odio contra Cristo y aun contra Dios, ensalzando todas las fuerzas de la naturaleza, hasta las pasiones más bajas y abominables, como procedentes de lo que llaman el Gran Arquitecto del Universo, adoptando como medio el disimulo y la hipocresía más solapada«.[34]

Ni tan siguiera los centros de beneficencia infantil se libraron de esta campaña. En los hogares escolares de Auxilio Social se abordaban una o dos veces a la semana charlas de adoctrinamiento político para niños impartidas por la Asesoría Nacional de Cuestiones Morales y Religiosas. La masonería hace constante acto de presencia en estas conferencias, que llevaban títulos tales como: ”Lucha contra las internacionales: la masonería, el materialismo histórico- marxista, la Guerra de Liberación”

Montaje realizado en el Archivo General de la Guerra Civil de Salamanca (actual CDMH) con bienes incautados a logias masónicas
El Mal reificado

La represión contra los masones fue transformada en un elemento propagandístico más. Las razones teóricas que explicaban la “malignidad intrínseca” de la organización deberían verse apoyadas en resultados demostrativos del peligro real que acechaba a la sociedad. Las noticias sobre la desarticulación de logias y persecución de masones en la retaguardia servían para extender entre la población una percepción generalizada del “enemigo interno” y crear un difuso, pero eficacísimo clima de temor. De no ser así se corría el riesgo de fabricar una figura inaprensible del “enemigo interior”, endeble y fácilmente desvanecible sino se trasladaba a la realidad de lo cotidiano. Entre el comienzo de la sublevación y finales de septiembre de 1936, se insertaron en la prensa de los rebeldes, numerosas las noticias relativas al hallazgo e incautación de logias masónicas. El día 26 de agosto, el periódico católico “El Ideal Gallego”, controlado por la jesuítica ACNP[35] , relataba el descubrimiento de las logias en la ciudad herculina el día anterior. En la ocupación del local intervinieron las milicias falangistas y los Caballeros de La Coruña. El relato periodístico enfatiza los aspectos fetichísticos del ritual, en la seguridad de poder comunicar a la opinión pública la idea de que había poca diferencia entre una tenida ( reunión de los integrantes de la logia) y la celebración de un terrorífico ritual satánico:

“en la activa labor que con tanto entusiasmo viene efectuándose para librar de escorias y lastres a nuestra querida patria, se llegó ayer al descubrimiento de dos logias masónicas que tenían su albergue en un lugar de la calle Nakens(…) el antro tenebroso albergue de las sectas “Renacimiento Masónico” y “Pensamiento y Acción”, fue invadido ayer por las fuerzas y milicias de falange y “Caballeros de La Coruña” que se incautaron de todos los muebles, mandiles y bandas de los “Hermanos”, libros de rito y estudios, una calavera hecha en papel negro, el mallete de la mesa del presidente, mesas y banquetas rituales y otros efectos más macabros.” [36]

Las órdenes para dirigir las represalias contra los masones fueron muy tempranas. Desde los primeros días de la rebelión a los falangistas se les conminaba para que los persiguieran, incluso en zonas donde apenas existía implantación masónica. El órgano de la falange pamplonesa Arriba España, ordenaba a sus afiliados el 1 de agosto de 1936: «¡Camarada!: tienes la obligación de perseguir al judaísmo, a la masonería, (…) Destruye y quema sus periódicos, sus libros, sus revistas, sus propagandas (…)”[37]

Imagen de los miembros de la logia Germinal de San Roque (Cádiz) en la que se señaló con una cruz a los que fueron fusilados (foto: ABC)

Las noticias sobre los saqueos de logias se complementaban con la publicación de listas de sus miembros, en algunas ocasiones, acompañadas de cartas públicas de retractación. El clima social de fobia antimasónica que se vivió en algunas de las ciudades franquistas de la retaguardia, se ilustra muy bien con lo sucedido en Santa Cruz de Tenerife. La amenazas que la prensa falangista local dirige hacia los masones que intentasen afiliarse a la organización, para ponerse a salvo de la persecución, nos trasladan a este ambiente generalizado de persecución y miedo inducido[38]:

“No os preocupe que algunos del nunca bastante odiado Frente Popular Masónico y criminal quiera entrar en nuestras patrióticas instituciones creyendo que con ello se libran de todo examen de su conducta anterior y de la sensación inexcusable. Ni los olvidamos, ni los perdonamos. Falange Española no admite componendas ni mixtificaciones. Los sacaremos de donde se encuentren(…).”[39]

Los escarnios llevados a cabo contra los masones, transformados en espectáculos públicos convocados a través de la prensa, incluían la quema purificadora de objetos rituales y la apertura de logias para ser visitadas por la población. En todas estas persecuciones de los primeros meses de la guerra, hay elementos de una violencia política con manifestaciones purificadoras contra los enemigos de la anti Patria.

La sede de la logia Añaza nº 270 de Santa Cruz de Tenerife, asaltada por militares el 19 de julio de 1936 (durante el asalto fue asesinado el guardatemplo Antonio Ramírez Sanjuan)(foto: nuevomundo88.es)

El asalto llevado a cabo contra la principal logia tinerfeña, “Añaza No 270”, el 19 de julio de 1936, nos aproxima al pánico creado durante los primeros días de la rebelión militar. Inmediatamente después de su ocupación por las milicias falangistas se procedió a convertir el antiguo templo en una atracción popular abierta al público; se permitía la visita de la población los sábados por la tarde, previo pago de la módica cantidad de 0’50 pesetas.[40]Tras la incautación militar, el antiguo templo se transformó en cuartel de falange. [41]

La exhibición en prensa de las represalias no se limitó únicamente a Canarias y Galicia. Otra comunidad masónica muy importante, la andaluza, también se vio sometida a este tipo de prácticas. El Correo de Andalucía del 24 de julio de 1936 hacía un relato del asalto efectuado por un grupo de falangistas a un templo masónico sevillano. La imprenta anexa a la logia fue invadida y sus libros y documentos saqueados. El Boletín Eclesiástico provincial celebraba la quema de mandiles, insignias y objetos masónicos como si de un auto de fe se tratase.[42] La noticia del asalto se completó con la publicación de los nombres de los componentes de la logia saqueada. Días después se sacaba en prensa una carta anónima dirigida al director de “El Correo de Andalucía” pidiendo que continuara haciendo públicas las listas de masones: ” que los conozcamos, que sepamos quienes son los traidores a la patria. A lo mejor los estamos saludando todos los días y compramos en sus establecimientos, cuando deberíamos apartarnos de ellos, como de toda carroña, y aislarlos, por ruines, hasta que se vayan de España.” Diez días más tarde el mismo periódico hacía pública una relación de 71 maestros masones. En los tres meses siguientes llegaron a la redacción numerosas cartas de masones atemorizados que negaban su pertenencia a la orden.[43]

En un contexto persecutorio- paranoico semejante no es de extrañar que al poco tiempo de haberse producido el pronunciamiento, las obras del sacerdote jesuita Tusquets alcanzasen un gran eco mediático en la España rebelde. Su actividad desplegada como conferenciante en los teatros principales de las ciudades más importantes fue enorme.[44] Sus conferencias antimasónicas repartidas por toda la geografía franquista se reproducían en periódicos y se editaban en folletos de gran tirada. En vista del éxito, la antigua colección de Las Sectas se refundó bajo su dirección en un nuevo producto editorial, con un título acorde con los nuevos vientos de guerra: Ediciones Antisectarias; financiada por el Cuartel General de Franco.[45] En la contraportada de las publicaciones se evidenciaba la intención propagandística de la colección: “propagar estas ediciones es un deber de todo buen español (…) para ir formando la conciencia de la Nación y hacer obra de sólida cultura popular”. La labor editora abarco la publicación de 24 títulos durante los 3 años de guerra, 7 de los cuales se ocupaban directamente de la masonería. La nueva colección se inició en 1936 con una obra escrita por el propio Tusquets; “La Francmasonería, Crimen de lesa patria”, un auténtico superventas editorial para la época, con 300.000 ejemplares vendidos.[46]  Al año siguiente saldrían a la venta, también debidas a su fecunda pluma: “Masonería y sepatismo”, y “La masonería y el obrero.” [47]También en 1937 se publicaba la obra de José Manuel Ojeda,”Vida política de un grado 33”. En 1938 se publicaban “Historia de la masonería Española”, obra de J.A.Navarro y “La masonería y la pérdida de las colonias” debida a la pluma de Primitivo Ibáñez. El último texto de la colección, que llevaba por título” Masones y pacifistas”[48]  mereció en 1940 una respuesta escrita desde su exilio mejicano del Presidente de la República y Gran Maestre del GOE Diego Martínez Barrio: “Comentarios al libro del Padre Tusquets, Masones y pacifistas.”

Logia «Acacia» de La Línea de la Concepción (Cádiz) con sus miembros identificados con nombres y apellidos en una foto que sirvió para su persecución (foto: CDMH de Salamanca)

La lista de manipulaciones políticas históricas que el jesuita atribuía a los masones era gigantesca. La masonería había sido la causante de la decadencia histórica y degeneración política de España; había llevado al poder al liberalismo durante la época del reinado de Isabel II, pero también se le imputaba la perdida de las colonias, el triunfo del Frente Popular, la introducción en España del marxismo y el comunismo, el fraccionamiento separatista de la patria y las medidas de política laicista dictadas por el Estado Republicano.[49] En algunas ocasiones los Hijos de la Luz actuarían solos, en otras conjugando sus intereses con el judaísmo internacional, con el marxismo, cuando no con el liberalismo. Tusquets estaba perfectamente informado sobre la falsificación que había dado origen al texto de los Sabios de Sion, y no tuvo ningún inconveniente en reconocerlo públicamente en una conferencia pronunciada en el Teatro Principal de San Sebastián en febrero de 1937: ”podría citar los famosos protocolos de los Sabios de Sión que si no son auténticos, merecen serlo, ya que se han cumplido y se cumplen todas sus predicciones.” [50]Su cinismo no era separable del convencimiento personal sobre la nula validez histórica del origen documental del contubernio judeo masónico.

No solamente fue su labor de publicista realizada durante la etapa republicana la razón que llevo al padre Tusquets a ocupar un lugar preeminente entre los escritores que después de la rebelión militar continuaron con su labor propagandística a favor de los militares sediciosos. Desde inicios de los años treinta, con la ayuda de Joaquim Grau, Tusquets había compilado diligentemente listas de masones, sirviéndose de la información que le proporcionaba una red a la que llamaba “mis fieles y audaces informadores».[51] Cuando Tusquets se convirtió definitivamente en un colaborador de Franco en Burgos durante la guerra civil, la información acumulada en sus fichas sobre supuestos masones fue fundamental para constituir una parte muy importante de la infraestructura organizativa de los servicios de información encargados de la represión antimasónica: la Sección Judeomasónica del Servicio de Información Militar ( SIM) fue puesta bajo su dirección y la del Comandante Antonio Palau. El material incautado en las logias masónicas, trasladado a Salamanca, se archivaba bajo su supervisión.

Documentación de una logia masónica entregada a las autoridades franquistas por la Alemania nazi, actualmente conservada en el CDMH de Salamanca

Tusquets no fue el único sacerdote jesuita empeñado en esta cruzada antimasónica.[52]  Al suyo habría que añadir los nombres de Fernández Almuzara y el mallorquín Francés Ferrari Billoch para que la nómina estuviese completa.[53] Para Fernández Almuzara, autor de Evangelio de la Nueva España (Valladolid, 1937), la masonería causante de la decadencia histórica de la Nación había de ser incluida entre los “Enemigos de la Nueva España”:

” todo espíritu versado conoce ya la inquina diabólica con que, desde el siglo XVIII, la Francmasonería ha perseguido a nuestra patria(…) a la masonería se le debió el extrañamiento de la Compañía de Jesús en los días de Carlos III y la abolición de los colegios mayores(…) de ella dimanó el criminal intento de sofocar el magnífico Alzamiento Nacional contra los ejércitos napoleónicos(…) La masonería promovió  la rebelión de nuestro imperio colonial(…) De ella, la caída de la Dictadura y las sublevaciones de Jaca y Cuatro Vientos, y las agitaciones comunistas y la labor antipatriótica de las Cortes Constituyentes. De ella, el regionalismo y el separatismo, la Reforma Agraria y el Panislamismo y la alianza en suma, con anarquistas y soviets, encarnación monstruosa de todo lo antinacional y subversivo.”[54]

La actividad publicista del jesuita mallorquín Francesc Ferrari Billoch[55] resultó incansable, superior, incluso, a la de Fernández Almuzara. Varios libros de temática conspirativa salieron de las prensas, procedentes de su incansable mente: “La Masonería al Desnudo, las logias desenmascaradas”(1936), “¡Masones, así es la secta!”(1937), “Las Logias de Palma e Ibiza”(1937), “Entre masones y marxistas, revelación de la masonería femenina”. “Confesiones de un Rosa Cruz, II parte de la Masonería al Desnudo», 1939.

Semejante producción propagandística hizo que el camino preparatorio que llevaba a la represión de los masones, estuviese perfectamente empedrado; el constructo político del masón enemigo de la patria, estaba firmemente asentado entre todas las capas de la sociedad. [56]

Notas

[1] Javier Domínguez Arribas, El enemigo judeo- masónico en la propaganda franquista (1936-1945), Marcial Pons, Madrid, 2009, pág. 69.

[2] La prensa católica; especialmente el destacado periódico próximo a la CEDA, El Debate; sostenía desde sus páginas la autenticidad de Los Protocolos (Michael Seidman, La Victoria Nacional. La eficacia contrarrevolucionaria en la Guerra Civil, Alianza Editorial, Madrid, 2012, pág. 249)

[3] Paul Preston, El Holocausto Español. Odio y exterminio en La Guerra Civil y después, Debate, Barcelona, 2011, pág. 71-73.

[4] En el segundo volumen de la colección: “Los poderes ocultos en España. Los Protocolos y su aplicación en España”, (1932), incluía una traducción completa de Los Protocolos.” La colección editada en Barcelona por José Vilamala, llegó a publicar entre 1932 y 1936, 15 títulos, casi todos con tiradas de 10.000 ejemplares.

[5] Ignasi Riera, Los catalanes de Franco, Plaza & Janés, Barcelona, 1998, pág. 126-127.

[6] Jordi Canal i Morell, Banderas Blancas, Boinas Rojas: Una Historia Política Del Carlismo, 1876- 1939, Marcial Pons, Madrid, 2006, pág. 301.

[7] “LAS JONS. Nuestras consignas”, La Conquista del Estado, 24 de octubre de 1931 (Pedro Carlos González Cuevas, “La trayectoria de un recién llegado. El fracaso del fascismo español”, Fernando del Rey (dir), Palabras como puños. La intransigencia política en la Segunda República española, Editorial Tecnos, Madrid, 2011, pág. 496)

[8] El Partido fundado en abril de 1930, recibía financiación de organizaciones monárquicas. Exigía a los afiliados el saludo a la romana. Organizó un cuerpo paramilitar llamado Legionarios de España. En marzo de 1930 empezó su participación política, publicando un agresivo manifiesto contra las actividades del Ateneo Madrileño. (Doctor Albiñana, Después de la Dictadura. Los cuervos sobre la tumba, Compañía Iberoamericana de Publicaciones, Madrid, 1930, pág. 128; Julio Gil Pecharroman, “Sobre España inmoral solo Dios”, José María Albiñana y el Partido Nacionalista Español (1930-1937”), Madrid, Uned, 2000, pág. 95)

[9] Los “Legionarios de España” son definidos por su creador como un voluntariado ciudadano “avanzada guerrillera del Partido Nacionalista Español”. Tenían como misión exterminar a los difamadores y destructores de la Patria. Los “Legionarios” inician su bautismo de fuego patriótico en el acto pro-republicano del Cine Europa, el 4 de mayo de 1930, en el que intervino Unamuno. Reventaron la celebración y la fuerza pública tuvo que emplearse con determinación para proteger al filósofo salmantino. El diputado socialista Indalecio Prieto resultó herido en un ojo (Doctor, Albiñana, Después de la Dictadura. Los cuervos sobre la tumba, Compañía Iberoamericana de Publicaciones, Madrid, 1930, pág. 128). Uno de sus pistoleros fue detenido en abril de 1932 cuando se disponía a asesinar a Azaña durante su visita al Teatro Español de Madrid para asistir a un ensayo de su obra La Corona.

[10] Doctor Albiñana, Prisionero de la República, Talleres Tipográficos el Financiero, Madrid, 1931, pág. 68-70.

[11] Doctor Albiñana, “Preludios de la gran tragedia”. La ofensiva contra España”, La Legión, 1 de enero de 1931, págs. 60-61 (Joan María Thomas, Los fascismos españoles, Editorial Planeta, 2011, Barcelona, pág. 59)

[12] Doctor Albiñana, Después de la Dictadura. Los cuervos sobre la tumba, Compañía Iberoamericana de Publicaciones, Madrid, 1930, pág. 128, pág. 72.

[13] Víctor Manuel Arbeloa Muru, ”La masonería y la ley de congregaciones religiosas”, pág. 171, La masonería en la historia de España, I Symposium de Metodología Aplicada a la Historia de la Masonería Española , Zaragoza, 20-22 de junio de 1983, págs. 169-185.

[14] Manuel Delgado Barreto, su fundador, recibía apoyo del periódico El Debate y la Asociación Nacional de Propagandista Católicos. Aprovechó la llegada de Hitler al poder para sacar a la calle un semanario pro fascista: el 16 de marzo de 1933 salía el periódico El Fascio. Haz Hispano. La publicación fue rápidamente prohibida por el Ministro de la Gobernación, en aplicación de la Ley de Defensa de la República. Un único número vio la luz, fue recogido en su mayor parte por la policía. Únicamente pudieron salvarse de la incautación, algunos paquetes enviados a provincias (José María Thomas, Los fascismos españoles, Editorial Planeta, 2011, pág. 79; Fernando Montero Pérez Espinosa, “Las elecciones de febrero de 1936 a través de la propaganda antimasónica de “Gracia y Justicia”, Ferrer Benimeli, José Antonio (coord.), Masonería, política y sociedad, Symposium de Metodología Aplicada a la Historia de la Masonería Española, Vol. 1, Córdoba, 1987, págs. 313-322; Maximiano García Venero, Falange en la guerra de España: la Unificación y Hedilla, Ruedo Ibérico, Burdeos, 1967, pág. 38)

[15] La publicación satírica se lleva la palma del anti azañismo. De entre todos los políticos republicanos, Azaña es el que concita mayor entusiasmo denigratorio.

[16] Manuel Fal Conde, Lamamie de Clairac y Romualdo Toledo de Robles, fueron los principales publicistas antimasónicos de El Siglo Futuro. En Informaciones, esta labor corrió a cargo de falangistas como César de Alda, Ernesto Giménez Caballero y Rafael Sánchez Mazas. En ABC, los articulistas antimasónicos fueron, Alcalá Galiano y Ramiro de Maeztu. (Isabel Martín Sánchez, “El mito masónico en la prensa católica de la II República. Aspectos generales, págs. 737-755, en Ferrer Benimeli, J,A, (Coordinador), La masonería española en el 2000. Una revisión Histórica, IX Symposiun Internacional de Historia de la Masonería Española, Tomo II, Gobierno de Aragón, 2001)

[17] Ángel Herrera Oria estaba estrechamente vinculado a la CEDA, su periódico actuaba como órgano de difusión de la organización de Gil Robles. Francisco de Luis, que sustituyó a Herrera Oria en la dirección de El Debate, dirigió la revista antimasónica, Los Hijos del Pueblo, fundada por La Asociación de Familiares y Amigos de Religiosos. Desde sus páginas se acusaba regularmente a distintos políticos españoles de pertenencia a la masonería. La Editorial Católica, propietaria de El Debate también lanzo a la calle en 1931 otra revista de contenido marcadamente antimasónico: Gracia y Justicia (Paul Preston, El Holocausto Español. Odio y exterminio en La Guerra Civil y después, Debate, Barcelona 2011, pág. 48; Paul Preston, “Esperanzas e ilusiones en un nuevo régimen. La Republica reformista”, Ángel Viñas, (ed.), En el combate por la historia. La Republica, la Guerra Civil, el Franquismo, Pasado y presente, Barcelona, 2012. pág. 60)

[18] La actitud masonófoba de esta prensa se asimilaba a sus pares de la extrema derecha francesa, próximos al diario reaccionario L’Action française: Gringoire, Candide y Je Suis Partout, con los que mantenían estrechas relaciones (Michael Winock , Nationalisme, anti-sémitisme et fascisme en France, Éditions du Seuil, 1993, pág. 257.

[19] El acto tiene lugar al poco de regresar del congreso Nazi de Nurenberg. El texto se publica en El Debate, 17 de octubre de 1933. Gil Robles, bastantes años más tarde, omitiría esta frase en sus Discursos parlamentarios, Taurus, Madrid, 1971, págs. 269-270.

[20] Paul Preston, El Holocausto Español. Odio y exterminio en La Guerra Civil y después, Debate, Barcelona 2011, pág. 48, pág. 51.

[21] En 1934-1935, la prensa católica desplaza el foco de interés desde las cuestiones políticas y económicas hacia la cuestión religiosa (Justino Sinova, La prensa en la Segunda República Española. Historia de una libertad frustrada, Debate, Barcelona, 2006, págs. 38-39).

[22] En 1934 se vuelven a reeditar Los Protocolos (Los Protocolos de los Sabios de Sion, Libertad/Afrodisio Aguado, Valladolid 1934). El mismo año: Rodríguez Teodoro, (O.S.A), Infiltraciones judeo- masónicas en la educación católica, Imp. Monasterio del Escorial, El Escorial, 1934. Mauricio Karl, seudónimo el autor zaragozano Mauricio Carlavilla, escribe en 1934 ” El Enemigo”·- distribuido gratuitamente entre los oficiales del ejército – y en 1935,  «Asesinos de España. Marxismo, Anarquismo, Masonería”

[23] Jordi Canal, “Las campañas anti sectarias de Juan Tusquets (1927-1939): Una aproximación a los orígenes del contubernio judeo- masónico comunista en España”, José Antonio Ferrer Benimeli (coord.), La masonería en la España del Siglo XX, vol II, Toledo, Universidad de Castilla-La Mancha, 1997, págs. 1193-1214.

[24] ABC, El Debate, 7 de noviembre de 1933.

[25] ABC, 28 de octubre y 11 de noviembre de 1933

[26] De los 117 diputados elegidos por la CEDA, 32 formaban parte de la ANCP (J. R. Montero, LA CEDA, Revista de Trabajo, Madrid, 1977, pág. 503-504)

[27] Roberto Villa García, La República en las urnas. El despertar de la democracia en España, Marcial Pons, Madrid, 2011, pág. 265.

[28] El cartel de la CEDA es reproducido en el ABC durante varios días a lo largo de la campaña electoral. Prueba del impacto mediático alcanzado por el lema, es el hecho de que posteriormente Dolores Ibárruri se lo apropiase para usarlo en sus discursos pronunciados durante los primeros días del asedio del ejército rebelde a Madrid, convirtiéndose en el slogan republicano de más influencia.  Una influencia que se ve actualmente reactivada en las redes al calor del rebrote del asociacionismo antifascista que reaparece en la sociedad española  desde el 2018 como consecuencia de los progresivos éxitos electorales de vox.

[29] Teodoro Martín Martín, “La masonería en los libros escolares de la postguerra” José Antonio Ferrer Benimeli, (coord.), La masonería en la España del Siglo XX, Universidad de Castilla- La Mancha, Toledo, 1996, págs. 1029-1060.

[30] Enrique Herrera Oria, hermano de Ángel Herrera Oria, había sido estrecho colaborador del Ministro de Educación Nacional Pedro Sainz Rodríguez en la elaboración de la ley de Enseñanza Secundaria de 1938. El autor de España es mi Madre, y el Catecismo Patriótico Español sostenía en la revista de los jesuitas Razón y Fe que la depuración del profesorado, era necesaria para conseguir “el exterminio de los centros del Estado del virus marxista inoculado durante los años de la nefasta republica masónica soviética.” En otro texto, escrito para la misma revista, se hacía eco de los documentos falsificados sobre la supuesta conspiración comunista. «El levantamiento en armas habia abortado la revolución que masones y comunistas tenían preparado para hacer estallar el 1 de agosto. (…), los rojos, unidos con el Gobierno y los malditos masones, acuerdan dar el golpe para el día uno de agosto. Saldrán a la calle armados y los católicos, o morirán asesinados o irán a la cárcel«.

[31] El texto se refería al primer gabinete radical socialista en los siguientes términos: “El primer gobierno republicano es un gobierno de masones comprometidos con los comunistas rusos para convertir a España en una Federación de República Socialistas Soviética”. Según el autor, un delegado masónico, en una reunión internacional celebrada en Paris, había establecido el plan del gobierno: “preparamos una revolución comunista en España. Para ello, primero, estamos destrozando el ejército para que este no pueda resistir, segundo por medio de la llamada Escuela Única, esto es, sin Dios, convertiremos a los niños y a los jóvenes en revolucionarios”, «el plan para preparar el camino del comunismo en España precisaba: primero, disolver los jesuitas, quitándoles todos sus bienes, casas, colegios e iglesias, segundo, prohibir la enseñanza a las comunidades religiosas, tercero, matar de hambre a los sacerdotes, quitándoles el sueldo, cuarto , quitar el crucifijo y desterrar el catecismo de las escuelas, quinto, promover el separatismo en Cataluña, País Vasco y Galicia, sexto, destruir las familias cristianas por medio del divorcio, que permita a los casados, antes de que muriese su marido o mujer, contraer nuevo matrimonio”. (Enrique Herrera Oria, Nociones de Historia de España, Ediciones Véritas, Madrid, 1940, págs. 194-199)

[32] Manual de Historia de España. Segundo Grado. Instituto de España, Aldus, Santander, 1939, pág. 276

[33] Algunos autores piensan que la obra fue escrita conjuntamente con su hermano dominico.Ignacio. (Ricardo Guerra Palmero, Ideología y beligerancia: la cruzada de Fray Albino, Ediciones Ideas, Santa Cruz de Tenerife, 2005, pág. 18)

[34] Albino González Menéndez-Reigada, Catecismo Patriótico Español, Establecimiento Tipográfico Calatrava, Salamanca, 1939 ( Ma Carmen Fernández Albeniz, “Los orígenes del discurso antimasónico del franquismo”, Cuadernos Republicanos, no 75, 2009, http://www.ciere.org/cuadernos.htm). Los componentes políticos de la anti- España, contenidos en el texto del dominico, se recogen más detalladamente en: Alfonso Botti, Cielo y dinero. El nacionalcatolicismo en España.1881-1975, Alianza Universidad, 1992, pág. 138-139)

[35] La Editorial Católica, dirigida desde la ACNP, se convierte en 1931 en la accionista principal de Editorial Celta, la empresa editora de El Ideal Gallego, el periódico gallego que más se destacó por su militancia antimasónica. (Cristina Barreiro y Álvaro de Diego, “Los diarios de EDICA en el gobierno de la España del Frente Popular», en Política, sociedad, conflicto y cultura en la España de 1936, Comares, Granada, 2011. pág. 291; Cristina Barreiro, “Fernando Martin- Sánchez; una vida en Guerra”, Alfonso Bullón de Mendoza, Luis E. Togores( Coords.), La otra memoria, Editorial Actas, Madrid, 2011, pág. 717)

[36] El texto ya ha sido reproducido en: Carlos Fernández Santander, El Ideal Gallego.75 años de Historia (1917-1992), Edicios do Castro, A Coruña, 1993, pág. 53.

[37] Jaime del Burgo, Conspiración y Guerra Civil, Alfaguara, Madrid, 1970, pág. 50

[38] El antimasonismo en el seno de la falange fue muy intenso, solamente comparable al de la Iglesia católica; aunque las motivaciones de ese rechazo fueron muy distintas. La organización falangista veía en el internacionalismo masónico un peligro para la construcción de un Estado Nacional. La Iglesia rechazaba sus propuestas de Estado laico.

[39] ”La Nación “, 5 de octubre de 1936.

[40] “La Prensa “, 26 de agosto de 1936: “se permitirá visitar la cueva de la ex logia masónica, actual cuartel de Falange Española. Visita de la Sala de Reflexiones de la Logia Masónica de Santa Cruz; mañana, domingo día 30 (de julio de 1936), Entrada de 10 a 1 : 0,50 pesetas«. Posteriormente la antigua logia se convirtió en la sede de Prensa y Propaganda de la Sección Femenina y local del SEU.

[41] La represión desencadenada contra las organizaciones masónicas de las Islas Canarias ha sido investigada en: Ramón Felipe González y Manuel A. de Paz Sánchez, «Sobre el 18 de julio y la represión de la masonería en Canarias: informes y denuncias (1936-1939)», VI Coloquio de Historia Canario- Americana, Patronato de la Casa de Colón-Cabildo Insular de Gran Canaria, Las Palmas, 1987, págs. 1037-1052.

[42] Juan Ortiz Villalba, “La persecución contra la masonería durante la Guerra Civil y la Postguerra”, José Antonio Ferrer Benimeli, (coord.), Masonería, política y sociedad, Centro de Estudios Históricos de la Masonería Española, Zaragoza, 1989, págs. 653.

[43] Sobre los artículos antimasónicos publicados en la prensa andaluza hay datos en: Rafael Gil Bracero y Mario Nicolás López Martínez, “La represión antimasónica en Granada durante la Guerra Civil y la postguerra”, José Antonio Ferrer Benimelli, (coord.), Masonería, política y sociedad, Centro de Estudios Históricos de la Masonería Española, Zaragoza, 1989, pág. 679-695.

[44] El ambiente de estas multitudinarias conferencias es relatado en: Juan José Morales, El discurso antimasónico en la guerra civil española (1936-1939), Gobierno de Aragón, Zaragoza, 2001, págs. 191- 197; Celso Almuiña, “Masonería y guerra civil. Propaganda antimasónica”:” La Francmasonería, crimen de lesa patria “, José A. Ferrer Benimeli (Coord.), Masonería y periodismo en la España Contemporánea, Prensas Universitarias, Zaragoza, 1993, págs. 156-173.

[45] Esther Tusquets, Habíamos ganado la guerra, Ediciones BSA, Barcelona, 2008, pág. 119-126.

[46] Conferencia pronunciada en el Teatro Principal de Burgos el 1 de noviembre de 1936 (Gonzalo Álvarez Chillida, El Antisemitismo en España. La imagen del judío (1812-2002), Editorial Marcial Pons, Madrid, 2002, pág. 354)

[47] El primer texto fue una edición de la conferencia pronunciada el 28 de febrero de 1937 en el Teatro Principal de San Sebastián. El segundo, de una conferencia pronunciada el 21 de marzo de 1937 en el Teatro Principal de Zaragoza.

[48] Las tiradas abarcaban desde los 10.000 hasta los 30.000 ejemplares. La intención era añadir a esta lista de textos, otros dos títulos más que finalmente no salieron de las prensas: “Escándalos de la masonería” y “Vida oculta de la masonería” (Javier Domínguez Arribas, El enemigo judeo- masónico en la propaganda franquista (1936-1945), Marcial Pons, Madrid, 2009, pág. 525)

[49] Varios masonólogos han realizado análisis de los votos de los diputados masones en materia de leyes educativas, demostrando que su orientación estaba siempre determinada por las instrucciones de los partidos políticos a los que representaban, pudiéndose afirmar que no existe un voto masónico cohesionado, sino votaciones en distintos sentidos, dependiendo de las instrucciones dadas por los partidos políticos y no de las supuestas ordenes salidas de las logias. Los diputados masones votaban con criterios de adscripción política y no masónica (Ignacio Cruz Orozco, Masonería y Educación en la II República, Fundación Juan Gil Albert, Alicante, 2000, pág. 295-297)

[50] Juan Tusquets, Masonería y separatismo, Ediciones Anti sectarias, Burgos, 1937, pág. 20.

[51] Otros sacerdotes llevaron un fichero de actividades masónicas por su propia cuenta. Así sucedió con el onubense Luis Calderón, presbítero y coadjutor en la parroquia de La Concepción, (María de los Ángeles San Pedro Talaban, La masonería en Huelva durante el Siglo XX, Universidad de Huelva, 1990, pág. 557)

[52] Tusquets pertenecía a la Asociación antimasónica Internacional, institución controlada por los jesuitas. La campaña propagandística realizada en el exterior, también se centró en el tema de la masonería. Las organizaciones católicas estadounidenses, algunas de ellas en manos de jesuitas, desempeñaron una importante labor en ese sentido (Jordi Canal i Morell, Banderas Blancas, Boinas Rojas: Una Historia Política del Carlismo, 1876-1939, Marcial Pons, Madrid, 2006, pág. 302; Bernardino M. Hernando, Delirios de Cruzada, Ediciones 99, Madrid, 1977, págs. 153-159; Misael Arturo López Zapico, Las relaciones entre Estados Unidos y España durante la guerra civil y el primer franquismo (1936- 1945), Ediciones Trea, Gijón, 2008, págs. 107-108; Misael Arturo López Zapico, “A un océano de distancia. La propaganda franquista en Estados Unidos durante la guerra civil española”, Antonio César Moreno Cantano, (coord.), El ocaso de la verdad. Propaganda y prensa exterior en la España Franquista (1936-1945), Ediciones Trea, Gijón, 2011, pág. 111; Marta Rey, Stars for Spain. La guerra civil española en los Estados unidos, Ediciós do Castro, A Coruña, 1997, pág. 51)

[53] Ferrari Billoch era el especialista en asuntos masónicos de Ediciones Toledo, editorial dirigida por los falangistas. La propagandística antimasónica no se limitó a estos autores. Nazario López, publica en Ávila en 1936, “Marxismo, judaísmo y masonería. Folleto social”. En 1937, en Sevilla, sale a la luz la obra de Victorio Justel Santamaría, “Bajo el yugo de la masonería judaica. Ensayo.” A esta nómina de libros habría que añadir los boletines y folletos de uso profesional escritos por el policía zaragozano, Eduardo Comín Colomer, director de la Escuela General de la Policía y del Boletín de Información Antimarxista. El Boletín, con algunas interrupciones se edita hasta 1945. Dentro de su producción de textos de temática antimasónica hay que citar dos obras de 1944: “La Masonería en España”, y “La personalidad masónico- comunista de André Martí el carnicero de Albacete”, y tres de la década de los cincuenta: “Comunismo y Masonería” (Segovia ,1951), “Lo que se debe a la masonería” (1952) y “Tres crónicas sobre masonería” (1958). (Javier Domínguez Arribas, “Judíos y masones en la propaganda franquista. 1936-1945, http://investigadoresfranquismo.com/pdf/comunicacions/ arribas_4.pdf mesa4/; Javier Domínguez Arribas, “La propaganda anti-judeo-masónica durante el primer franquismo: el caso de Ediciones Toledo (1941-1943)”, J. A. Ferrer Benimeli (coord.), La masonería en Madrid y en España del siglo XVIII al XXI, Zaragoza, Gobierno de Aragón, 2004, vol. II, págs. 1165-1194; José L Rodríguez Jiménez, ” Funcionarios de la policía franquista al servicio de la teoría de la conspiración: “El caso de Comín Colomer”, J, A. Ferrer Benimeli (Coord.), La masonería Española en el 2000. Una revisión Histórica, IX Symposiun Internacional de Historia de la Masonería Española, Tomo II, Gobierno de Aragón, 2001, págs. 921-935)

[54] (Eugenio Fernández Almuzara, Evangelio de la Nueva España, Librería Santarém, Valladolid, 1937, pág. 36). El sacerdote escribía con cierta frecuencia artículos antisemitas y antimasónicos en el mensual de los jesuitas, Razón y Fe.

[55] En 1938 fue nombrado Jefe del Servicio de Información y Propaganda en las Islas Baleares. Colaboró estrechamente con Arrarás en la redacción de la Historia de la Cruzada Española.

[56] Ciertos publicistas, adscritos a lo que se podría calificar como “derecha religiosa”, aún siguen empleando los mismos argumentos antimasónicos que fueron puestos en circulación en la década de los años 30. Nos estamos refiriendo a las obras de: Ricardo de la Cierva, La Masonería invisible, Madrid, 2002; Cesar Vidal, Los masones. La sociedad secreta más influyente de la historia, Barcelona, 2006, y a los delirantes textos digitales de Pio Moa; obras promocionadas desde medios periodísticos como El Mundo, La Razón, Libertad Digital, e Intereconomia, al calor de los éxitos de ventas de bestsellers de sociedades secretas y maquinaciones universales. Nos estamos refiriendo, al decir de Ángel Viñas, a autores “que venden su devaluada mercancía en las grandes superficies”.

Fuente: Conversación sobre la historia. Una versión reducida de este artículo se publicó en Nueva Revolución el 7 de marzo de 2022

Portada: montaje realizado por periodistas-es.com con el semanario falangista El español de 1943 y la portada del panfleto «La masonería en acción», editado en Toledo en 1941.

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