La Iglesia italiana denuncia a un cura por ciberacoso

La víctima es un hombre de 32 años que buscaba “un guía espiritual”. El arzobispo de Taranto envía a la fiscalía la documentación

Da la impresión de que, aunque a regañadientes a veces, la jerarquía eclesiástica va tomando nota de las directrices del papa Francisco sobre los abusos sexuales por parte de los sacerdotes. Jorge Mario Bergoglio no solo es partidario de atajar el problema de puertas adentro, sino de que, en el caso de que los hechos puedan ser constitutivos de delito, la Iglesia interponga una denuncia ante la justicia ordinaria. Y eso es lo que ha hecho el arzobispo de Taranto, Filippo Santoro, ante un supuesto caso de acoso sexual a través de Internet cometido por el sacerdote Antonio Calvieri, de 51 años, miembro de la Orden de los Carmelitas y, hasta su reciente destitución, párroco del santuario del Santísimo Crucifijo de Taranto.

La historia comenzó la pasada Navidad. A Andrea Baldon, un cocinero de 32 años y vecino de Rovigo, una pequeña ciudad del Véneto, se le ocurrió buscar a través de la red social Facebook un “guía espiritual” que lo ayudara a afrontar el mal trance que estaba viviendo: su padre estaba enfermo, su hermano se había divorciado y él se acababa de quedar en paro. Católico practicante, según declara en una entrevista publicada por Il Corriere del Mezzogiorno, vio el cielo abierto cuando, a través de ciber-amigos comunes, entró en contacto con el sacerdote Antonio Calvieri. Pero enseguida, siempre según Baldon, las conversaciones empezaron a tomar un rumbo imprevisto.

“Me llamaba amor, decía que yo le gustaba y un día me confesó que era gay y que tenía frecuentes relaciones sexuales con otros curas”, sostiene Baldon, quien asegura, además, que por culpa del acoso del sacerdote abandonó a su novia y empezó a consumir tranquilizantes hasta que un día decidió denunciar los hechos ante el Tribunal Eclesiástico de Apulia. Como prueba, Baldon presentó más de 300 conversaciones vía internet con el sacerdote, capturas de pantalla y los vídeos en los que, según su denuncia, quedaría demostrado el acoso sexual por parte del religioso. La reacción de la jerarquía, aun tratándose de una relación entre dos adultos, fue más rápida de la habitual.

El arzobispo de Taranto anunció a través de la web de la archidiócesis la destitución del párroco del santuario del Santísimo Crucifijo. Monseñor Santoro informó de que, ante “la credibilidad” de los hechos y “por motivos de transparencia”, decidió enviar a la fiscalía de la República toda la documentación presentada por Andrea Baldon. En paralelo, la justicia canónica investiga si las confidencias del párroco a su joven amigo —que participaba en frecuentes orgías sexuales con otros sacerdotes e incluso con un guardia suizo— se correspondían con la verdad o eran simples faroles.

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