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La Iglesia afronta una crisis de sacramentos: las bodas católicas ya son sólo el 21% del total y se bautiza a menos de la mitad de los niños

Los principales sacramentos acumulan una caída del 40% en la última década y sólo crecen las confirmaciones y las unciones

España ha asistido en la última década a un proceso acelerado de descenso del número de sacramentos religiosos, con un impacto especialmente alto en las bodas católicas y los bautizos. Así lo muestran los datos de la Conferencia Episcopal Española (CEE): los bautizos, las comuniones y las bodas han caído en picado, con un descenso del 40% entre 2007 y 2019. A estas cifras le siguieron el año de la pandemia, donde se registraron mínimos históricos por la crisis del coronavirus y las severas limitaciones a las reuniones de personas en lugares públicos.

Para hacerse una idea global, en 2009 hubo más de 174.000 matrimonios en España, de los que el 45% fueron católicos. Diez años más tarde, en 2019, se llevaron a cabo 161.000 bodas, de las que tan solo el 21% se celebraron por la Iglesia.

Este fenómeno se reproduce en los bautizos, ya que si en 2009 hubo 495.000 nacimientos y el 65% de los bebés fueron bautizados, una década más tarde el porcentaje había disminuido hasta el 48%, lo que significa que en 2019 recibieron el bautismo menos de la mitad de los nacidos.

En esta línea, las comuniones han bajado ocho puntos en estos diez años: del 28% en 2009 al 20% en 2019. Mientras, las confirmaciones han aumentado un 28%.

Esta circunstancia se ve agravada con una población más envejecida e iglesias más vacías. Para los expertos esto se debe a la brecha generacional de los jóvenes respecto a generaciones anteriores, la desconfianza en la Iglesia y a un uso del lenguaje desactualizado. “Antes la religión era indiferente, ahora es insignificante”, explica Rafael Ruiz Andrés, profesor de Sociología de la Religión en la Universidad Complutense de Madrid.

Tras la pandemia se han recuperado celebraciones aplazadas, pero sigue sin ser suficiente. El mayor ejemplo se aprecia en las bodas. En 2009, los matrimonios civiles superaron a los religiosos por primera vez desde 1996, primer año que el INE registró datos al respecto. En diez años ha habido casi 45.000 bodas religiosas menos, lo que supone un descenso de 67,6 puntos y un cambio de tendencia evidente.

UNOS SACRAMENTOS SUBEN Y OTROS BAJAN

Sin embargo, los mínimos históricos de estos datos no preocupan por igual a todo el mundo. Para Juan Carlos, vicario de una parroquia del distrito de Salamanca, en Madrid, la pérdida de fieles y la caída de los sacramentos se traduce en que ahora solo lo hacen los que quieren hacerlo y “se deja fuera a los que lo hacen por tradición”. “Cada vez se ve más con las bodas, ya que todavía hay gente que se sigue casando por tradición, pero que después no comulgan por la Iglesia”, puntualiza.

Con los bautizos y las comuniones el patrón se repite. Los primeros han bajado un 46% desde 2007. Antes del comienzo de la crisis económica, el 66% de los niños que nacían se bautizaban. Una cifra que hace tres años se reducía a menos de la mitad. Las comuniones, donde la edad media para recibir este sacramento está entre los 9 y 10 años, registró su cifra más baja sin contar la pandemia en 2019. Solo hubo 204.618 comuniones, un 20,3% menos respecto a 2007.

Purificación Gómez y Sandra Grau, coordinadoras de catequesis de la Primera Comunión en un colegio concertado de Valencia, apuntan que esta bajada se debe a la educación familiar y a la carencia de valores de la sociedad. “Sigue habiendo fe, pero los padres no se comprometen mucho con la religión”, explican.

Aseguran, además, que el “desenganche” del catolicismo deriva de los años que pasan entre que se realiza la comunión y la confirmación. “Hay muchos años de vacío en los que solo se tiene contacto con la religión a través de la asignatura escolar, por lo que se desenganchan.” La etapa de adolescencia que atraviesan no ayuda. Las catequistas afirman que los jóvenes son más “susceptibles a los valores sociales” vigentes, en los que ahora mismo prima “el consumo y la imagen”.

Esto no ocurre, sin embargo, en La Rioja, donde en 2019 un 40% de la población afirmó ser católica, según el CIS. De esta forma se instauró como la comunidad autónoma más católica de España, seguida de Asturias, con un 37,8%, y la Región de Murcia, con 36,2% de practicantes.

Las confirmaciones, por contra, han aumentado un 28,4% en toda España desde 2007.”El motivo de que hayan subido es el acercamiento a los jóvenes y la escucha activa”, explica Santiago Ruiz Gómez, director de medios de comunicación de la Diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño.

Otros, Juan Melchor Seguí, rector de la Basílica de la Virgen de los Desamparados de Valencia, aseguran que este aumento de las confirmaciones se debe a la evolución demográfica. “Nacen menos niños y van creciendo los de años anteriores”, explica, destacando la crisis de 2008 que provocó un descenso en los nacimientos.

El envejecimiento de la población también ha provocado que ahora se realicen más unciones de enfermos. El año de la pandemia fue histórico: se registraron 29.627, más de 4.500 más que en 2019. “Hay más unciones que bautizos porque hay menos niños. La población está envejecida”, aclara Ruiz Gómez.

LOS JÓVENES SON LA CLAVE

Y mientras la población envejece, los jóvenes no se identifican con las posturas que promulga esta institución. El sociólogo de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) explica que esta pérdida de fieles se debe a la desconfianza que provoca la Iglesia y a un uso del lenguaje que no conecta con ellos. Sin embargo, desde la Diócesis de Logroño confirman que sí hay jóvenes, pero que es un público “difícil de acceder”. La solución que ven es actualizarse y cambiar ese lenguaje.

Ahí entran en juego las figuras como las del padre Damián María Montés, que además de ser sacerdote es cantante y tiktoker. Respecto al futuro de esta congregación, el padre avisa: “La Iglesia del futuro van a ser pequeñas comunidades de gente”. Asegura que habrá que “salir de esa Iglesia mastodóntica” y apostar por una donde quede “gente conectada y fuera de las masas”. Sin embargo, mantiene la calma: “La Iglesia lleva viva más de 2000 años. Ha salido de todas las crisis, y la veo muy fuerte por su tradición y religiosidad popular.”

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