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La epidemia conspiranoica

El 14 de diciembre del 2012, a las 9:35 de la mañana, un hombre de 20 años entró en un colegio de primaria en Sandy Hook, Connecticut, armado con un fusil de asalto, una pistola automática, un fusil de caza, y centenares de balas. Durante los cinco minutos siguientes, se paseó por el edificio, acribillando a todo aquel que se cruzara a su paso. Tras asesinar a 20 niños de seis y siete años, cinco profesoras y la directora de la escuela, se suicidó poco después de que llegara la policía.

Era una de las peores matanzas de la historia de Estados Unidos, y sin duda, una de las más crueles.

Durante las semanas y meses siguientes, Alex Jones, un célebre teórico de la conspiración, agitador, y montón de estiércol con capacidad de hablar, se dedicó a repetir en su programa de radio, podcast y canal de Youtube que la matanza de Sandy Hook había sido un montaje. Todo el metraje, los padres desesperados, las ambulancias, la respuesta policial, la visita de Obama en el funeral, era un elaborado espectáculo creado por Hollywood, millonarios progresistas y quién sabe qué oscuros poderes fácticos para crear una campaña para desacreditar la segunda enmienda e ilegalizar la posesión de armas de fuego en todo el país.

Durante años, los padres y familiares de las víctimas de la matanza fueron acosadas, perseguidas y recibieron amenazas de muerte de seguidores enfurecidos de Alex Jones. Uno de los padres acabó suicidándose. La infecta pila de pus que es Jones sólo dejó de vomitar esta basura cuando varios padres le llevaron a juicio por difamación y le han crujido con indemnizaciones millonarias.

La basura como animal político

Este miserable excremento de hombre sería una nota irrelevante en la ya de por sí lamentable subcultura de chiflados fanáticos de la segunda enmienda si no fuera por quién parece tenerle en alta estima. Durante las primarias del 2016 (cuando Jones estaba diciendo estas mierdas, entre la multitud de absurdas conspiraciones que repite a diario) el entonces candidato Donald Trump acudió a su programa para una entrevista, y lo elogió profusamente.

Durante toda su presidencia, Trump habló a menudo con Jones, aunque tuvieran sus más y sus menos. Jones le apoyó con energía en las presidenciales del 2020, y fue uno de los máximos adalides de las teorías conspiranoicas sobre fraude electoral. También fue uno de los organizadores de la manifestación del 6 de enero que acabó con el asalto al Capitolio. Su papel en el intento de golpe de estado (porque fue un intento de golpe de estado) está aún por aclarar.

Explico esto sobre Alex Jones y cómo el hombre ha liderado el partido republicano desde el 2016 (y fue presidente durante cuatro años) parece admirarle y respetarle para dar un poco de contexto a una noticia que salió a la luz el viernes, y que es a la vez increíblemente grave y en absoluto sorprendente.

Consumidores de basura

Virginia Thomas es la esposa de Clarence Thomas, uno de los nueve jueces (con cargo vitalicio) en el tribunal supremo de Estados Unidos. Desde hace años, la señora Thomas ha ganado cierta notoriedad por su activismo político, muy inusual en alguien casada con un miembro del tribunal más poderoso del país. Sus ideas y aventuras, sin embargo, habían quedado siempre en un segundo plano, sólo criticadas en medios de izquierda con cierta frustración por el doble rasero entre los Thomas y otras figuras públicas.

La semana pasada, el Washington Post y CBS News tuvieron acceso a una serie de SMS enviados por Virginia Thomas a Mark Meadows, jefe de gabinete de Donald Trump, entre el 4 de noviembre del 2020 y el 10 de enero del 2021, justo cuando el presidente, derrotado en las urnas, montaba una campaña desesperada para invalidar y revertir el resultado. En estos mensajes, Thomas no sólo urge a Meadows que lance toda clase de estrategias y maniobras legales, a cada cual más alocada, sino que repite, una y otra vez, un montón de las teorías de la conspiración más delirantes, absurdas y descabelladas que circulaban esos días en los cenagales del movimiento conservador americano, donde el fétido tumor gangrenoso que es Alex Jones marcaba la agenda esos días.

Cosas, por ejemplo, como: “Biden crime family & ballot fraud co-conspirators (elected officials, bureaucrats, social media censorship mongers, fake stream media reporters, etc) are being arrested & detained for ballot fraud right now & over coming days, & will be living in barges off GITMO to face military tribunals for sedition.” o “Sidney and her team are getting inundated with evidence of fraud. Make a plan. Release the Kraken and save us from the left taking America down.”

También le dio por compartir un video de Steve Pieczenik sobre papeletas marcadas. Pieczenik se hizo famoso, por cierto, por sus apariciones en el programa de Alex Jones explicando que Sandy Hook fue un montaje.

Virginia Thomas no es una lunática salida de los comentarios de 4chan, Reddit o grupos enajenados en Facebook. Virginia Thomas es la esposa de una de las personas más importantes del sistema judicial americano y estaba hablando y discutiendo sobre estas ideas totalmente absurdas con él (lo referencia en varios mensajes). Esta señora estaba en contacto con el jefe de gabinete de Trump, con Jared Kushner, y con el equipo legal del presidente, discutiendo alegremente sobre todo lo que estaban haciendo para dar un jodido golpe de estado.

La infección del GOP

Lo más increíble, por cierto, es que esto era sabido y conocido. El NYT publicó hace un mes un larguísimo artículo sobre todo lo que había hecho Virginia Thomas para ayudar a invalidar las elecciones, en voz alta y a plena luz del día. Los SMS sólo confirman que ella se creía todas las estupideces que estaban promoviendo, porque supongo que llevar años trabajando en un chiringuito con Steve Bannon y defendiendo toda clase de fascistadas no eran señal suficiente. Clarence Thomas, mientras tanto, lleva un año largo formando parte del tribunal que decide sobre la investigación del golpe, porque eso de los conflictos de interés es de pobres.

La historia de la mujer de un juez del supremo animando y/o coordinando un intento de golpe de estado debería ser, ya de por sí, un escándalo monumental y motivo de dimisiones o impeachment. De momento, se ha convertido en otra pelea partidista más, y sabiendo la tradicional, radical incompetencia del partido demócrata para hacer que los escándalos lleguen a ningún sitio me sorprendería si llega más lejos. El comité del congreso que está investigando el golpe quizás saque algo, algún día, si están de humor. A saber. De momento todos sabemos que Estados Unidos va a pasarse toda la semana hablando de ese bofetón de Will Smith ayer, y poco más.

Ventajas y guerras políticas aparte, lo más preocupante de esta historia (aparte del golpe de estado fallido) es cómo el movimiento conservador americano parece estar infectado, de arriba a abajo, por una peste de teorías de la conspiración, vende humos, y bazofia mediática cada vez más desconectada de la realidad. Es difícil saber si Alex Jones, Tucker Carlson, Glenn Beck, Mark Levin y todos estos infraseres que se pasan la vida berreando memeces se creen su propia basura (sospecho que ni Jones, ni Carlson, ni Beck se creen ni la mitad de lo que dicen), pero es obvio que el partido republicano está plagado de idiotas o dementes en puestos de responsabilidad (el mismo presidente) que se lo tragan todo con entusiasmo.

No hay simetría, por cierto, entre ambos partidos. Aunque hay flipados en la izquierda, no hay nadie, nadie, nadie en posiciones de poder que les haga caso de esta manera. El GOP tiene un sector enorme de gente que navega muy, muy, muy cerca de chifladuras sin contacto alguno con la realidad. El partido permitió que uno de estos tipos fuera su candidato a la presidencia y votó en contra de echarle del cargo a patadas no una sino dos veces (la segunda tras su intento de golpe de estado).

Quizás no fue que lo permitieran. Quizás es que esto es el partido republicano actual, realmente.

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