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La dificultad de morir sin religión

La Ley Hipotecaria aprobada por Aznar en 1998 permitió que la Iglesia inmatriculara más de 2.500 necrópolis públicas

En Gualda (Guadalajara) se enteraron de que la Iglesia se había apropiado de su cementerio gracias a un par de barbacoas. El alcalde había construido un parque con mesas y unas parrillas al lado de la ermita, y cuando las vecinas se lo fueron a enseñar al nuevo párroco se llevaron una sorpresa: “El cura les dijo que aquel terreno no era del ayuntamiento. Fuimos al registro de la propiedad y comprobamos que efectivamente se habían inmatriculado el cementerio y dos ermitas”, recuerda María Ángeles Remón, que fue alcaldesa en el pueblo entre 2007 y 2014.

A partir de ahí comenzó una batalla legal entre un municipio que no llegaba a los 80 habitantes y la Iglesia, personificada en el Obispado de Sigüenza. El pueblo perdió, y los vecinos tuvieron que asumir las costas del juicio. 6.000 euros que pagaron a plazos.

El de Gualda es solo uno de los casi 2.500 cementerios que fueron inmatriculados por la Iglesia entre el año 1998 y 2015, cuando estuvo en vigor la llamada Ley Hipotecaria del gobierno de José María Aznar. En España en 2006 había registrados 17.682 necrópolis, de las cuales las presuntamente parroquiales representaban el 44,8%. La ley de Aznar le permitía a la Iglesia hacerse con la propiedad de los bienes inmuebles que no pertenecieran supuestamente a nadie, y así se inmatricularon casi 35.000 propiedades, según un informe publicado por el Gobierno en febrero de 2021.

En el corralillo de los rojos

Imagen de la sepultura de Almudena Grandes cubierta de flores en el cementerio civil de Madrid, el viernes 3 de diciembre de 2021.
Imagen de la sepultura de Almudena Grandes cubierta de flores en el cementerio civil de Madrid, el viernes 3 de diciembre de 2021. / V.R.

En el cementerio civil de Madrid, la escritora Almudena Grandes descansa en una sepultura que ni se intuye bajo el enorme manto de flores. “Nunca había visto una tumba así en este cementerio”, expresa entre sorprendida y emocionada Paloma Contreras, presidenta de la Asociación Funerarte. Ella conoce bien esta necrópolis porque hacía visitas guiadas en este “corralillo de los rojos”, como era conocido el lugar donde descansan personajes ilustres como La Pasionaria, Pablo Iglesias o Pío Baroja.

El cementerio civil de Madrid se inauguró en el año 1884, pero es probable que muchas personas se hayan enterado de su existencia hace apenas unos días a propósito del entierro de Almudena Grandes. “No interesaba que se conociera este lugar. Durante el franquismo, de hecho, estar parado delante de la puerta ya era delito”, explica Contreras.

La historia de los cementerios civiles en España, sin embargo, se remonta cien años atrás. Lo explica Juan G. Bedoya, periodista de EL PAÍS: “Los muertos se enterraban en las iglesias y las ermitas. Cuando llega la peste, las autoridades ven que eso es motivo de contagio y deciden sacar los cementerios fuera del casco urbano”.

Con este propósito nace en el año 1783 el primer cementerio civil de España, el de la Real Orden de San Ildefonso. Se construye a las afueras del pueblo, como marcaba la ordenanza de Carlos III, y nace con un objetivo sanitario pero también ideológico: la gestión de la muerte ya no recae sobre la iglesia, sino sobre el Estado.

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