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La búsqueda del ISIS en España: reclutas para el Sahel y niños muyahidín

EL PERIÓDICO rescata en una serie especial para estas fiestas navideñas algunas de las historias de este 2023 que por el alud de informaciones que se generan en el día a día merecen una nueva mirada y atención.

Son operaciones clave por su dónde y sus quiénes, que ilustran el balance de la lucha antiterrorista en España en 2023.

A las fuentes consultadas en la Guardia Civil les parece que es una investigación importante de su Servicio de Información (SIGC) y unidades antiterroristas la de los dos primeros días de agosto en Valencia y Benavente (Zamora), donde un marroquí y un español converso transformaban a adolescentes en fanáticos violentos.

Este golpe estival es significativo por el detalle de la aparición de menores en el tablero.

Un eslabón de ISIS entre el Sahel y el Magreb, capturado en Melilla con otros nueve yihadistas

Melilla, Sahel, adoctrinamiento, niños… son variables de un año de lucha antiterrorista, un ejercicio en el que asuntos con más salpicaduras políticas como la crisis migratoria, el aumento de crímenes machistas o los delitos sexuales han desplazado en la agenda mediática de Interior a 39 operaciones contra el yihadismo y 86 detenidos, el saldo visible de un trabajo invisible de inteligencia que es tres veces mayor.

Entre esa faena, el número de identificaciones realizadas por los Mossos en su criba antiterrorista: más de 2.900.

Retrato robot

El converso melillense Mustafá Amaya, elocuente, enérgico, reclutador islamista destacado en Europa, y el excombatiente saheliano Benaid Lagmouchi, líder de los nueve detenidos, revestidos ambos del prestigio de un periodo entre rejas, reincidentes capturados por la Policía… y Salim Harchi y Hugo Cortina, a cuyas puertas en Benavente y Valencia se presentó de madrugada la Guardia Civil, son rasgos en el retrato robot de la lucha antiterrorista en 2023.

En ese dibujo aparece un hombre de origen mayoritariamente magrebí, de edad comprendida entre la minoría y los 45 años, autorradicalizado a solas ante una pantalla, y con un padrino en las redes sociales; sus andanzas han sido seguidas en silencio por policías o guardias de Información, hasta que se volvió imperativo detenerle para que no pasara a buscar sangre en la calle; su delito más frecuente prtenece al ramo del adoctrinamiento y el de la leva en favor del ISIS para la conquista de su feudo sahariano.

La mayoría de los detenidos en 2023 han caído en operaciones preventivas en las que fue importante el ciberpatrullaje.

“Nuestra estrategia es la desactivación de la amenaza temprana”, explica a EL PERIÓDICO el jefe de la Brigada Antiterrorista de la Comisaría General de Información (CGI), sobre cuyo nombre se pide secreto. Se trata de actuar antes de que sea el terrorista quien actúe, aunque eso implique que estos casos se instruyan por delitos comprendidos entre el artículo 575 y el 579 del Código Penal, desde la autocapacitación para matar hasta el enaltecimiento del terrorismo o la inducción a cometerlo.

“Ciertamente, corremos el riesgo de que les caigan condenas más pequeñas que otras del terrorismo -explica el jefe de Servicio y número dos de la brigada-, pero preferimos anticiparnos al ataque que lamentarlo después”.

Veneno en el móvil

Este calendario de 2023 que se acaba ha estado jalonado por detenciones de individuos que consumían viderreportajes, posts y reels violentos de redes sociales y que ahí reunían comunidades de adeptos para replicarles esos contenidos o fabricarles otros en la narrativa de que matar al infiel es obligación del buen musulmán.

En la Guardia Civil los llaman “muyahidines virtuales”, y en el argot de la Policía los motejan “islamonautas”. No son meros devoradores de propaganda: “En cualquier momento pueden pasar a la acción”, excplica el jefe de Servicio de la CGI.

El 24 de noviembre, cuando el SIGC atrapó a los hermanos brasileños Thaunay y Thaylan Padilha, uno de ellos se capacitaba para inmolarse en un atentado. Y el 19 de julio, en otra operación clave, la Guardia Civil paró a Suleimán El Fantrusi cuando iba a viajar a Bélgica para atentar.

Este 2023, además, se registró la autorradicalización más rápida, fulminante. En solo un mes, Yasin Kanza pasó de ver vídeos y escuchar arengas a asesinar a cuchilladas al sacristán de Algeciras Diego Valencia. “No lo conocíamos, no nos dio tiempo…”, lamenta el agente de la CGI.

La radicalización exprés es propia de esta etapa evolucionada del yihadismo online. “Antes era muy raro encontrar en internet un manual de fabricación de explosivos -comenta el policía-. Ahora los fanáticos los cogen con facilidad en la deep web”.

En pantalla, al radical se le aparecen los vídeos clásicos de Siria e Irak, mil contenidos de las productoras del Daesh y algunas arengas de históricos de Al Qaeda… pero también asoman radicales chechenos desde que empezó la guerra de Ucrania -como los que promocionaba A. C., menor capturado en Sitges por la Guardia Civil- y últimamente abundan las referencias a Gaza y Hamás.

Ya no precisan la oscura homilia de un imán ultra como los tres capturados este año en Badajoz, Madrid y la localidad onubense de Lucena del Puerto. Hay en esos contenidos abundante argumentario, auténticos tutoriales del uso del cuchillo, una machacona incitación a matar a otros musulmanes, los que no profesen el rigorismo, que los fanáticos tienen por apóstatas.

En virtud de esa amenaza constante no había en noviembre en Melilla y Nador quien tosiera a los nueve detenidos de diciembre. Tenían atemorizados a los magrebís del barrio melillense de La Cañada.

Niños soldado

Llama la atención la irrupción de menores en la casuística del terrorismo yihadista en España. En cuatro de las operaciones policiales de 2023 los detenidos son menores.

En ocasiones los pervierte un miembro de la familia, la madre misma, como en el caso de la peruana Verónica Ramos que, según se radicalizaba, envenenaba a sus cuatro hijos. La Guardia Civil la detuvo en Álava el 26 de septiembre, cuando planeaba irse al extranjero con el ISIS.

Dos meses después, la Policía neutralizaba a tres adolescentes, de 15 y 16 años, en Madrid y Barcelona. Tras meses relanzando arengas yihadistas, buscaban ingredientes para fabricar el explosivo al que llaman “madre de Satán”.

“En muchas operaciones nos aparecen menores -lamenta el jefe de Brigada-. Es peligroso: no han madurado, tienen conocimientos de informática, acceden a la deep web… y han asimilado que deben odiar al musulmán pacífico”. “Es una dinámica de este año: los menores están presentes en la amenaza”, corrobora un oficial de la Guardia Civil.

Mirando al Sahel

Una nueva fascinación por la guerra y el martirio mueve a acólitos y consumidores de la propaganda del Estado Islámico. Si antes era el prestigio, la aventura y el dinero de enrolarse con el califato en Siria, ahora anhelan colaborar en la conquista del Sáhara, enrolarse en las cruentas batallas del califato en el Sahel.

Dos tercios de los radicalizadores interceptados en 2023 buscaban no solo prosélitos en España, también gente dispuesta a la yihad saheliana. Entre ellos, los dos marroquís que la CGI atrapó a comienzos de enero en el Ejido antes de culminar su plan: irse a la guerra con un furgón pickup, África abajo por carretera hasta llegar a Mali.

Aeropuerto de Melilla, miércoles 20 de diciembre. Uno de los 9 yihadistas detenidos es llevado a la península. / CNP

ISIS busca reclutas, especialmente del Magreb, para elevar la calidad de tropas que, en el vacío del Sáhara sur, a menudo están constituidas por campesinos pobres, enganchados en levas forzosas en sus aldeas de Mali y Níger y Chad, más por el hambre y el miedo que por el rigorismo mahometano.

Por esa razón, en 2023 y en materia de colaboración internacional se han vuelto cruciales los lazos que Interior ha tejido con las autoridades mauritanas. “Mauritania se va a revelar como país clave por el tráfico de personas que van a combatir cruzando su territorio”, aventura el jefe de la Brigada Antiterrorista de la CGI.

A lo largo del año han tenido también las Fuerzas de Seguridad otra colaboración extranjera de inteligencia de alto valor estratégico: la de Arabia Saudí. Ha sido importante en operaciones contra la financiación del terrorismo, la captación de dinero en Occidente y su envío por hawala (el discreto método de las antiguas caravanas, basado en la confianza) o por códigos de criptomoneda con destino a las arcas de Jabhat Fat as Sam y otras milicias sirias sucesoras del Frente Al Nusra que lideró la yihad hace siete años.

Y siguen siendo fundamentales lazos tradicionales entre las policías españolas y la DGST (Dirección General de Vigilancia del Territorio) marroquí y la DGSI (Dirección General de Seguridad Interior) argelina,.

El Centro Nacional de Inteligencia (CNI), cuya participación ha trascendido en una docena de investigaciones este año, será requerido en el futuro mirando a otra procedencia de la amenaza terrorista. El pasado 18, cuando 14 pakistanís detenidos por la Policía eran expulsados del país por su vinculación con el TLP (Tehreek e Labbaik Pakistan, ultraislamista), emergía otra franquicia del Estado Islámico, la amenaza del Daesh KP, o Isis del Khorasan, que ya dio trabajo a la Guardia Civil en otra época.

La Policía detuvo a los 14 pakistanís en Barcelona, Lleida, , Guipúzcoa, Málaga, La Rioja y Valencia. Y esta dispersión es también característica del año. El mapa de operaciones se llena de puntos: Mallorca, Campos, Calahorra, Benahavis, Madrid, Cubelles, Vitoria, Badajoz, Zaragoza, Zamora, Estepona, Toledo… No solo en Melilla está el frente de esta guerra silenciosa.

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