La “Bancada evangélica”, que reune a 199 diputados y 4 senadores en Brasil, exige suprimir los ministerios de Cultura y de Ciencia y Tecnología

Las iglesias evangélicas en Brasil agrupan bajo diversas denominaciones a más de 42 millones de fieles, lo que equivale a más del 22% de la población del país. El Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE) calcula que cada año abren 14 mil nuevas iglesias.

El Frente Parlamentario Evangélico o “bancada evangélica” es un grupo de diputados (199 de los 513 que componen el Congreso Nacional de Brasil) y senadores (4 de los 81 del Senado Federal) que pertenecen a diferentes partidos de ambas cámaras pero tienen un estrecho lazo en común: son miembros de la Iglesia Evangélica.

La denominada “bancada evangélica” hizo oficial su apoyo a Jair Messias Bolsonaro a principios de octubre, y junto a factores como la campaña de fake news en redes sociales y Whatsapp perpetrada desde estamentos oligárquicos contra Haddad, el PT o el MST entre otros; y el encarcelamiento de Lula da Silva, han resultado decisivos para que la ultraderecha neoliberal se alce con la victoria en las recientes elecciones presidenciales en Brasil. Los evangélicos suman 199 congresistas y 4 senadores y funcionan como un grupo de presión que, dadas las actuales circunstancias, cobra especial protagonismo. Los datos oficiales muestran un crecimiento del 61,4% del número de evangélicos en Brasil durante la última década.

Este grupo actúa de manera coordinada cuando se trata de ejercer presión sobre determinados asuntos principalmente “morales” que les unen en una radical oposición: aborto, igualdad de género, matrimonio de personas del mismo sexo, etc. Han impulsado medidas como el proyecto de ley para reducir la edad de responsabilidad penal de 18 a 16 años o el Estatuto de la Familia, pero también apoyaron en bloque el impeachment contra Dilma Rousseff en abril de 2016.

El texto de apoyo al nuevo presidente fascista también hace hincapié en que “la defensa de los valores ciudadanos, de la vida y de la familia están por encima de todo” y que “proteger a nuestros niños de un futuro desastroso es nuestro deber como legisladores y hombres de bien”. El pasado martes, el nuevo presidente de Brasil acudió al culto de la Assembleia de Deus Vitória en Cristo, donde llevó a cabo su primer acto público tras las elecciones y volvió a repetir una frase muy pronunciada en campaña junto al pastor Silas Malafaia, quien ofició su tercer y actual matrimonio: “estoy seguro de que no soy el más capacitado, pero Dios se encarga de preparar a los elegidos”.

“Modernizar el Estado”

En un contexto de “crisis de valores”, el Frente Parlamentario Evangélico pide literalmente “una revolución en la educación” y “modernizar el Estado”, pero esa “modernización” pasa por eliminar los ministerios de Cultura y de Ciencia y Tecnología, así como lo que llaman ideología de género que, según ellos, fomenta la homosexualidad, el aborto y amenaza a las familias tradicionales, acabar con el “adoctrinamiento marxista” e instaurar una institución que vigile la “enseñanza moral”. En este sentido, el que se presume como futuro ministro de Defensa, el general Augusto Helen, considera que los derechos humanos se aplican mal en Brasil, pues “los direitos humanos deberían ser para los humanos direitos(rectos), y eso muchas veces no ha sucedido”.

Junto a las escandalosas declaraciones de intención por parte de fanáticos religiosos y militares, Jair Bolsonaro protagoniza otros exabruptos tales como “los movimientos sociales e indígenas son terrorismo” o “para cambiar la Constitución no es necesaria la opinión del pueblo”.

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