Jesús quizá no existió, pero no lo inventaron los romanos

A propósito de la noticia de que Jesús y el cristianismo fueron inventados por la familia imperial romana y de que el Nuevo Testamento fue escrito por el historiador judeorromano Flavio Josefo, aunque a esta altura todos deberían saber que se trata de una patraña, no está mal recordarlo, puesto que muchos ateos, especial y tristemente, insisten en darle publicidad a esta disparatada tesis, proveniente de un falso académico bíblico con intereses puramente económicos.

Joseph Atwill, autor del libro Caesar’s Messiah (“El Mesías de César”), propone que el cristianismo es una gran invención destinada a burlarse de la credulidad de los judíos y, de paso, neutralizar su tendencia a la rebelión. En efecto —plantea su tesis—, dado que los judíos cada dos por tres se levantan en armas contra Roma inflamados de esperanza mesiánica, ¿qué mejor que darles un mesías que, en vez de instarlos a la rebelión, les diga que hay que poner la otra mejilla y dar al César lo que es del César (es decir, soportar la opresión y pagar los impuestos)?

Esto suena bien en el terreno de las teorías de conspiración pero es, como estas teorías en general, totalmente ridículo. Lo desmonta concienzudamente, entre otros, un verdadero académico, Richard Carrier, a quien además no se le puede sospechar un conflicto de intereses puesto que no vive de Jesús sino que es lo que se llama, en el campo de los estudiosos del cristianismo, un miticista. Carrier cree que la figura de Jesús no es histórica sino mítica en sentido estricto; que Jesús (o alguien con otro nombre pero que esencialmente cumplió con su misma función) no existió jamás. Entendiblemente, a Carrier le molesta que vendedores de conspiraciones baratas como Atwill ensucien su disciplina.

Su teoría involucra una conspiración masiva y extrañamente erudita de una extensión y origen verdaderamente bizarros para lograr un objetivo verdaderamente quijotesco que no tiene casi ningún sentido como algo proveniente de cualquier élite más o menos inteligente de esa época (…), todo para plantear que la religión cristiana completa fue creada por los romanos (¿que inmediatamente después se opusieron a ella?) y que éstos lograron de alguna manera que cientos de judíos (?) abandonaran su religión y se unieran a una secta que simplemente apareció de pronto, sin explicación y sin apoyo de nadie en el mercado de libros de Palestina (?).

Carrier explica que hay muy poco de nuevo en lo que Atwill vende ahora como una fantástica revelación:

Históricamente, la tesis de Atwill es más o menos una versión actualizada de la vieja Teoría Conspirativa de Pisón, con lo cual no me refiero a la Conjura de Pisón (una verdadera conspiración para asesinar a Nerón) sino a una versión locamente ficticia en la que familia Pisón inventó el cristianismo (y todos sus documentos) a través de sus contactos con la familia Flavia, y de ahí Flavio Josefo (…).

Este sinsentido pseudohistórico ya tiene más de un siglo de antigüedad hoy en día; fue propuesto por primera vez (que yo sepa) por Bruno Bauer en Christus und Caesaren (“Cristo y los Césares”) en 1877, y lo han resucitado una docena de veces desde entonces. Atwill es simplemente la última iteración (o casi: hay un rabino chiflado todavía dando vueltas por ahí con una versión todavía más alocada).

El artículo de Carrier es largo y complejo, y no voy a traducirlo todo aquí, pero lo recomiendo. Desde luego, no es el único que ha notado la total falta de sentido del trabajo de Atwill, pero es un buen lugar por donde empezar.

Flavio Josefo

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