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¿Ingenuidad o cinismo? “Guía ética para la transformación de México”

La “Guía ética para la transformación de México” es un reflejo perfecto de lo que es este gobierno: un listado de buenos deseos y recomendaciones que, a partir de un diagnóstico equivocado de la realidad, fluctúa entre la ingenuidad y el cinismo. Es una guía que se presenta como un proyecto a discutir, pero que al mismo tiempo pretende difundir una moral ligada a una apenas velada concepción religiosa del mundo. Dice defender el “laicismo” (no la laicidad), pero lo delimita a una noción más bien conservadora del mismo, que se restringe a garantizar la libertad de religión (que incluye la de no creer en alguna). Sin embargo, pierde de vista la labor más importante de un Estado laico, que es garantizar la protección de la libertad de conciencia (lo que, por ejemplo, permite a las mujeres decidir sobre su propio cuerpo o a cada quien tener preferencias políticas, sexuales o sociales diversas a las de la mayoría), así como la igualdad y la no-discriminación. Se propone entonces un “laicismo” diluido, acotado, neutralizado, que no alcanza a garantizar los derechos que son independientes de la religión de la gente, como el derecho a contraer matrimonio con una persona del mismo sexo, o a morir con dignidad. Por eso la guía no puede estar por encima de la Constitución, que en su artículo 24 garantiza no solo la libertad de religión, sino la más esencial, de conciencia y la de convicciones éticas, las cuales son de por sí diversas.

Se aprecia que los autores hayan logrado convencer al Presidente de que el documento ya no se llame o se quiera presentar como una “Constitución moral”, lo que daba lugar a todos los equívocos del mundo y sobre todo a la tentación de imponer una moral al conjunto de los ciudadanos. Es loable también que hayan evitado casi en su totalidad referencias religiosas directas. Y, sin embargo, la “guía” huele por todos lados a cristianismo mezclado con lecciones de superación personal y recetas de buenos deseos. No estoy en contra de manuales de ética ciudadana. Me pregunto si es tarea de este gobierno apoyar o apoyarse en la doctrina de una religión específica, por ejemplo, cuando promueve una cierta idea del gozo y del dolor y dice que son “partes inseparables de la vida, tanto en sus expresiones espirituales como en las corporales”. ¿Es el amor algo por lo que el Estado debe preocuparse? ¿Es el perdón y la redención la tarea del Estado? ¿No lo están confundiendo con la justicia y la rehabilitación de los delincuentes?

El error más grave del documento es, sin embargo, que niega lo que en teoría promueve. Parte de una condena al pensamiento conservador, para luego decir que se debe respetar la diferencia y que se debe evitar imponer “nuestro mundo” al mundo de los demás. Y esto, ya los sabemos, es lo que ha hecho este gobierno: admitir teóricamente la pluralidad, para negarla en la práctica. Si el Presidente lee el capítulo sobre “la verdad” se va a morder la lengua a lo largo de todos los párrafos. Uno se pregunta si es ingenuidad o cinismo. El evangelio según San Andrés se topa así con la dura realidad del supremo predicador, que niega diariamente lo que propone para todos los demás.

Roberto Blancarte

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*Los artículos de opinión expresan la de su autor, sin que la publicación suponga que el Observatorio del Laicismo o Europa Laica compartan todo lo expresado en el mismo. Europa Laica expresa sus opiniones a través de sus comunicados.

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