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Carta de Vicente Hernández

Historia de la “traición” a un amigo poeta, Miguel Hernández

Comentarios del Observatorio

Las pruebas escritas de cómo el obispo de León, Almarcha, traicionó hasta la muerte en condiciones infrahumanas al poeta Miguel Hernández porque no quiso casarse por la iglesia y retractarse de sus ideas.

La carta inédita del hermano de Miguel Hernández confirma la traición de su amigo el obispo Almarcha y las inhumanas condiciones que padeció el poeta antes de su muerte

Orihuela, 8 de septiembre de 1975. Esta es la fecha de la carta que el hermano de Miguel Hernández, Vicente, escribió a su amigo, el médico Vicente Escudero. Esta misiva, hasta ahora inédita, quería que sirviera para, como él mismo decía en el escrito, que se sepa “la verdad de lo que ocurrió en la entrevista que tuve con el Obispo Almarcha”, y desmentir de esa forma “las diversas versiones que circulan por todas partes respecto a la ayuda que mi hermano Miguel recibió estando en la cárcel”. Porque esta carta cuenta la historia de una traición.

El texto original se encontraba en un cajón entre los distintos papeles que conserva la familia de Escudero, que llegó a ser alcalde de Orihuela, según explica a elDiario.es Andalucía uno de los hijos, Francisco, actualmente director del Centro Asociado de la UNED de Elche, y antes director de la Fundación Legado Literario Miguel Hernández, y gestor de la documentación del poeta mientras permaneció en la provincia de Alicante.

Entrega de la copia de la carta de Vicente Hernández para el museo

La familia Escudero ha llegado a un acuerdo con la Diputación de Jaén, propietaria del legado de Miguel Hernández, para la cesión de uso de la carta durante un periodo de tiempo prorrogable. Consideraban que este escrito tenía que estar en un museo, por lo que se ha cedido un facsímil, que se encuentra desde el 9 de octubre en Quesada (Jaén), en las salas del Museo Miguel Hernández / Josefina Manresa junto a una transcripción del texto.

Una “amistad peligrosa”

En realidad, esta epístola aparece para corroborar un contenido que ya se conocía, cómo un amigo de la infancia niega la ayuda a Miguel Hernández en el peor momento de su vida. Se puede comprobar en el artículo “Luis Almarcha y Miguel Hernández: La amistad peligrosa” escrito por el periodista Miguel Ángel Nepomuceno años antes. Incluso el propio Francisco Escudero habló de su contenido en la conferencia “Miguel Hernández en la prisión de Alicante: testimonios carcelarios”, impartida en Jaén el 26 de septiembre de este 2022, en un acto incluido dentro del 80 aniversario de la muerte del poeta.

Dos hechos importantes se ponen de manifiesto en esta misiva. Por un lado, que Luis Almarcha, amigo de Miguel Hernández desde niño, -que puso a disposición del joven poeta su amplia biblioteca, e incluso contribuyó, junto con otras personas, a la edición del primer libro Perito en lunas-, no le prestó ayuda cuando la familia le pidió que lo trasladaran a un hospital.

Por otro lado, describe las inhumanas condiciones en las que murió el escritor, en una enfermería abarrotada, en la que “no entraba un médico o un practicante en siete u ocho días”. “En aquella enfermería donde había 90-100 hombres tendidos quitándose las puses los unos a los otros con trapos sucios”. “Son malos recuerdos porque yo llegué a entrar allí, era terrible”, asegura en la carta Vicente Hernández.

La traición

¿Cómo fue aquella traición? Miguel Hernández se sintió traicionado por quien creía un amigo, Luis Almarcha, porque, ante la petición de traslado a un hospital, el obispo le pedía a cambio dos cosas: que se casase por la Iglesia con Josefina Manresa (algo que hizo unos días antes de morir) y que se retractase de sus ideas. Por esto último no pasó, e incluso lo enfureció.

La propia Josefina Manresa cuenta en 1980 que “querían que se retractase de sus escritos y que celebrase el matrimonio por la Iglesia. Cuando Miguel se vio sin remedio, él mismo pidió el casamiento canónico, ya que entonces eso era lo legal, y como su preocupación era lo desgraciada que me quedaba, obró de esa manera con el fin de asegurarnos la legalidad a mi hijo y a mí y, por lo tanto, la seguridad tras su muerte”.

En una carta del 26 de abril de 1941, desde el penal de Ocaña, Miguel escribe a Josefina: “Dile a los padres que ya les diré si es conveniente hacer algo para el traslado. Creo que no va a ser preciso. Almarcha y toda su familia y demás personas de su especie que se guarden muy bien de intervenir en mis asuntos. No necesito para nada de él, cuando he despreciado proposiciones de otros más provechosas. Ya te contaré, y comprenderás que no es posible aceptar nada que venga de la mano de tantos Almarchas como hay en el mundo”.

Esto mismo se pone de manifiesto en la carta escrita por el hermano del poeta a su amigo en 1975. “Creo que fue a los cinco o seis meses de terminar la guerra cuando fui a ver al Obispo Almarcha para pedirle ayuda para mi hermano. Me dijo que no podía hacer ahora nada porque él no le quiso hacer caso cuando le propuso que rectificara de sus ideas y de sus escritos. Ahora no era caso”.

Eso fue en una primera visita, pero hubo otra más. “Después de la primera visita fue la 2ª cuando mi hermano estaba ya con el pulmón quitado por D. Antonio Barbero, estando tan malo”. Entonces fue el propio obispo el que “propuso el traslado a Porta Celi, a un sanatorio que se llama así. Se estuvo esperando el traslado más de 20 días y no llegó, hasta que murió”.

Orihuela, 8/9/1975.

Sr. D. Vicente Escudero Esquer.

Estimado amigo: En vista de las diversas versiones que circulan por todas partes respecto a la ayuda que mi hermano Miguel recibió estando en la cárcel, quiero decirte la verdad de lo que ocurrió en la entrevista que tuve con el Obispo Almarcha, creo que fue a los cinco o seis meses de terminar la guerra cuando fui a ver al Obispo Almarcha para pedirle ayuda para mi hermano. Me dijo que no podía hacer ahora nada porque él no le quiso hacer caso cuando le propuso que rectificara de sus ideas y de sus escritos. Ahora no era caso. Esto fue la 1ª vez, después de la primera visita fue la 2ª cuando mi hermano estaba ya con el pulmón quitado por D. Antonio Barbero, estando tan malo en aquella enfermería donde habían 90 – 100 hombres tendidos quitándose las puses los unos a los otros con trapos sucios, pues allí no entraba un médico o un practicante en siete u ocho días, aquello era inhumano.

Entonces propuso D. Luis Almarcha el traslado a Porta Celi a un sanatorio que se llama así. Se estuvo esperando el traslado más de 20 días y no llegó, hasta que murió.

Son malos recuerdos porque yo llegué a entrar allí, era terrible.

La cabida del reformatorio es de 2.000 personas y había 9.000.

En fin, para qué decirte más.

Se despide de ti con un fuerte abrazo tu amigo

Vicente Hernández.

Un hombre “íntegro”

Una de las conclusiones de la conferencia impartida hace apenas un mes por Francisco Escudero era precisamente que Miguel Hernández “fue un hombre íntegro, que mantuvo una dignidad personal y una fidelidad de pensamiento digna de elogio y admiración. Esa dignidad y fidelidad le costó la vida, y él fue consciente de ello”. 

El hermano de Miguel Hernández no fue el único que intercedió ante el obispo para que fuese trasladado. También lo hizo, según Miguel Ángel Nepomuceno, el pintor y arquitecto Miguel Abad que estuvo preso con él en el Reformatorio de Alicante. “Fue un diálogo de silencios. Le dije que Miguel se moría y me respondió el silencio y un ‘yo no puedo hacer nada’”.

112 años de su nacimiento

Miguel Hernández Gilabert nació un 30 de octubre de hace ahora 112 años. Lo hizo en la calle San Juan, 82 de Orihuela (Alicante), en una familia que se dedicaba a la cría y pastoreo de cabras, oficio que ejerció de niño, aunque no el único, ya que también fue repartidor de leche, dependiente, empleado de notaría, redactor y colaborador en diferentes revistas de la época, colaborador en misiones pedagógicas y corresponsal de guerra.

Era el tercero de cuatro hermanos, Vicente, Elvira y Encarnación. Soñó y se convirtió en el poeta del pueblo, “genial epígono” de la generación del 27, según Dámaso Alonso. Todo ello a pesar de una vida truncada a los 31 años.

De aquel querer mío,

¿qué queda en el aire?

Sólo un traje frío

donde ardió la sangre.

Cancionero y romancero de ausencias (1938-1941) 

La madrugada del 28 de marzo de 1942, hace 80 años, dijo adiós a la vida con sus “grandes ojos azules abiertos bajo el vacío ignorante”, como dice el poema de su amigo Vicente Aleixandre. Murió de tuberculosis en la enfermería del Reformatorio de Adultos de Alicante, tras pasar en menos de tres años por distintas cárceles como las de Huelva, Sevilla, Torrijos (Madrid), Orihuela, Conde de Toreno (Madrid), Palencia, Ocaña (Toledo), Albacete y Alicante.

Cierra las puertas, echa la aldaba, carcelero.

Ata duro a ese hombre: no le atarás el alma.

Son muchas llaves, muchos cerrojos, injusticias:

no le atarás el alma.

‘Las cárceles’. El hombre acecha (1937-1939).

Josefina Manresa contaba el último día que fue a visitarle, el 27 de marzo: “Esa vez no llevé al niño y me preguntó por él. Con lágrimas que le caían por las mejillas me dijo varias veces: Te lo tenías que haber traído. Tenía la ronquera de la muerte. Volví a visitarle al día siguiente y al poner la bolsa de comida en la taquilla me la rechazaron mirándome a los ojos. Yo me fui sin preguntar nada. No tenía valor de que me aseguraran su muerte”. Fue enterrado en el nicho número 1.009 del cementerio de Nuestra Señora del Remedio de Alicante, el día 30 de marzo.

¿Quién encierra una sonrisa?

¿Quién amuralla una voz?

‘Antes del odio’. Cancionero y romancero de ausencias (1938-1941) 

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