Fusilamiento de Ferrer Guardia: A balazos contra la pedagogía

En medio de un debate educativo que no sabemos muy bien hacia dónde encaminar, pues es difícil salir de la perplejidad a la que nos condenan los laberintos de lo real –y de manera muy acusada en lo que a educación se refiere–, no debemos pasar por alto la fecha del 13 de octubre. En este día se cumplen los cien años del fusilamiento que acabó con la vida del pedagogo catalán Francesc Ferrer i Guàrdia. Lo que ocurrió en esa triste jornada de 1909 fue calificado desde ese mismo momento como "asesinato legal", ya que el insigne fundador de la que en España se llamó Escuela Moderna fue ajusticiado tras ser acusado en falso –nunca aparecieron pruebas– de instigar los hechos que enmudecieron Barcelona en la Semana Trágica, desde el 26 de julio al 2 de agosto de aquel año. Desencadenada como revuelta popular contra el injusto reclutamiento forzoso que recaía sobre los hijos de las clases bajas para ir a la Guerra de África, una vez consumado el sofocamiento de la rebelión, era necesario para los poderes políticos y militares de la época proceder a condenas ejemplarizantes que pusieran las cosas en su sitio ante el movimiento obrero, ante socialistas, anarquistas y republicanos y en general ante el pueblo de Barcelona, de forma que los hechos no se repitieran.

Los poderes oligárquicos y la Iglesia junto a ellos aplaudieron una represión que demandaba un "chivo expiatorio" por los desmanes ocurridos en la Ciudad Condal. Lo encontraron en Ferrer Guardia, ajeno a los hechos, pero vinculado a los proyectos pedagógicos de Solidaridad Obrera y a los grupos anarquistas de Cataluña y conocido por sus ideas revolucionarias y sus novedosas realizaciones educativas. A un juicio plagado de irregularidades se sumó, tras la condena, un desprecio inmisericorde por parte del gobierno a las voces que desde múltiples lugares se hicieron oír pidiendo el indulto del educador catalán. Dentro de España, Pablo Iglesias e Indalecio Prieto, por ejemplo, tomaron la palabra para solicitar con vehemencia una posterior reparación. Tuvieron tan poco éxito como antes el poeta Joan Maragall con su escrito ´La ciutat del perdó´, que tuvo que ver cómo no sólo el artículo fue vetado sino también que la solicitada clemencia no llegara. Llevado al paredón, el condenado reservó su último aliento para gritar: "¡Viva la Escuela Moderna!".

El debido homenaje a Ferrer Guardia, además de recordar la ignominia de la ejecución, ha de poner de relieve las líneas principales de ese proyecto educativo al que dedicó sus afanes en la última etapa de su vida. Con verdadero sentido pedagógico, por más que en su propuesta se encuentren limitaciones, quien por una parte era heredero de Rousseau, por otra sería predecesor de autores tan destacados en la literatura sobre educación como Freinet, Piaget o Freire. Motivos hay para considerarlo antecedente de todos ellos con su concepto de una educación integral, libre, racional, laica e igualitaria.

El empeño de Ferrer Guardia por una radical "renovación de la escuela" estaba presidido por su convencimiento de la función emancipadora de la educación y de la eficacia de la tarea educativa, si se hace bien, tanto al servicio de la formación de los individuos como de la transformación de la realidad social hacia objetivos de libertad e igualdad. Para ello, en la escuela ha de llevarse a cabo una tarea absolutamente necesaria de eliminación de prejuicios, de superación de dogmas, como paso imprescindible para vencer la ignorancia. Precisamente prejuicios y dogmas como nutrientes de la ignorancia, siempre aliada con el conservadurismo y puesta al servicio de la dominación, es lo que este educador libertario veía transmitirse por escuelas sometidas al confesionalismo religioso y lastradas por la desigualdad social. Frente a ellas, su propuesta de "escuela moderna" ponía el acento en una enseñanza "racional", basada en las aportaciones de la ciencia, mas siempre al ritmo de la maduración de los alumnos. Eso no era ir en contra de ideas ubicadas más allá de lo estrictamente científico, pero sí suministrar criterios para distinguir el grano de los ideales humanizadores de la paja de las falsas ilusiones. A tenor de tales bases educativas, la "escuela moderna" defendida por Ferrer Guardia y por él puesta en práctica habría de ser laica, concibiendo su laicidad como trampolín para la vida en común de individuos que no construyen fronteras con sus creencias.

Pionero de la coeducación en la escuela, así como de una práctica educativa que en la misma trascienda las diferencias de clase, Ferrer Guardia se adelantó a su época. También lo hizo desde su visión de lo que debería ser una educación integral, atenta a la razón y a los afectos, a los conocimientos y a la experiencia, y valorando de forma muy innovadora el papel del juego en la educación infantil, algo tan serio como para ser espacio de aprendizaje de los valores de la cooperación y la solidaridad. Por lo demás, su insistencia en la necesidad imperiosa de una adecuada capacitación del profesorado es tan "moderna" como su interés en que la escuela sea un lugar abierto a su entorno y receptivo a la colaboración de las familias. La "escuela moderna", como escuela convivencial, no está en contra, sino todo lo contrario, de lo que debe ser una educación rigurosa y exigente desde claves no autoritarias.

¿Romanticismo anarquista de quien anticipa corrientes pedagógicas que acaban desembocando en el "espíritu del 68" que tanto ha contaminado la educación a finales del siglo XX? Quien a comienzos del siglo XXI piense eso de la propuesta de Ferrer Guardia es que no ha entendido nada y puede que ciertos prejuicios le impidan ver lo que en verdad ocurre en las escuelas de nuestro tiempo, habida cuenta de la realidad sociocultural en la que están inmersas. El pedagogo catalán, de obra escueta pero incisiva, que en ningún sentido hay que sacralizar, llegó, con todo, al fondo de ciertas cuestiones. Para mejor valorar su proyecto bien se puede leer desde lo que para él era máxima crucial en educación: "no hay deberes sin derechos; no hay derechos sin deberes". ¡Y todavía hoy encontramos quien no quiere saber por dónde se sitúa el eje de lo que debe ser una genuina educación para la ciudadanía! Los que entonces ni lo olían, anclados en la ceguera de los prejuicios y en la defensa de sus privilegios, injustamente mandaron o consintieron el crimen perpetrado contra Ferrer Guardia. Por contra, su único "crimen", como declaró el escritor Anatole France, fue "haber fundado escuelas". En reconocimiento a ello, al cabo de un siglo de aquel inicuo ajusticiamiento en que se quiso matar a balazos la pedagogía, el Congreso de los Diputados de España aprobó por unanimidad la propuesta de que este año 2009 fuera "Año Ferrer i Guàrdia".

José Antonio Pérez Tapias es Diputado Socialista

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