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Fosas comunes en el cementerio, desde La Plataforma per la Memòria del País Valencià

La Plataforma per la Memòria del País Valencià quiere aprovechar la ocasión que siempre nos da Radio Klara de expresar nuestras opiniones y difundir nuestros actos, para comentar el acto que tuvo lugar el pasado martes 13 de mayo en el Cementerio Municipal de Valencia. En él, con la asistencia y los parlamentos, por cierto muy bien documentados y muy sentidos, del alcalde Joan Ribó y del concejal de Cementerios Alejandro Ramón, se inauguró -o más bien se reinauguró- el monolito que en la antigua fosa común 7ª Derecha recuerda a las 26.600 personas de nuestra ciudad que, después de sobrevivir a las batallas, los bombardeos y los horrores de la guerra, no pudieron sobrevivir al miedo ni a la miseria de la posguerra y fueron enterradas en este Cementerio, sin nombre ni ataúd, entre 1939 y 1945: los llamados por los vencedores “años gloriosos de la victoria y de la paz”.

Representantes de la Plataforma fuimos invitadas a este acto. Creemos que nos lo merecíamos porque casi desde nuestro origen en 2015 hemos estado reivindicando la utilización de este espacio como lugar de memoria, ya que la fosa 7ª Derecha es la más antigua y la única que queda visible – junto con una pequeña parte del Cementerio Civil -, de las cinco grandes fosas que se rellenaron durante esos primeros cinco años de la posguerra a razón de más de 5000 personas por año. Estas 26.600 personas, hombres y mujeres, niños, jóvenes y viejos, procedían de hospitales y cárceles, del manicomio, de conventos, cuarteles y otros lugares de reclusión, y, sobre todo, de los barrios más populares de nuestra ciudad (Ruzafa, Patraix, Monteolivet, el Carmen, el Cabañal, Patraix…) y de sus poblados limítrofes (La Punta, Marchalenes, Pinedo, Cruz Cubierta). Sus nombres, edad, causa de muerte y lugar de procedencia aparecen rigurosamente inscritos en el Libro de Registro de Enterramientos del Archivo del Cementerio, así como también el cuadro (la fosa se dividía longitudinal y transversalmente formando una cuadrícula) y el nivel en el que cada cuerpo se colocó dentro del cuadro (hasta 11 cuerpos, unos encima de otros).

Entre estas 26.600 personas muy pocas aparecen como “ejecutadas”. Son excepcionales, por ejemplo, los 14 ejecutados como “desconocidos”, enterrados el 5 de abril del 39 precisamente en la fosa donde está el monolito. Muchísimas sufrieron muertes violentas y seguramente un número considerable de ellas fueron víctimas directas de la represión franquista en forma de ejecuciones extrajudiciales: palizas, disparos, asfixia, ahogamiento, estrangulamiento, colgamiento, ablación (es decir amputación o descuartizamiento del cuerpo), anemia traumática (o sea desangramiento) … Tal vez también algunas de las muertes violentas pudieron deberse a suicidios, venganzas, peleas o accidentes.

Para saber con certeza cuáles de estas muertes violentas fueron causadas por la represión franquista, hace algunos años nuestra Plataforma propuso al Departamento de Historia Contemporánea de la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad de Valencia un plan muy elaborado de investigación sobre casos de probables víctimas extrajudiciales directas de la represión. Un trabajo perfectamente posible aunque laborioso que alumnos universitarios interesados en el tema podían realizar. Estamos seguras de que investigando en diferentes fuentes la vida y especialmente la militancia política de estas víctimas de muertes violentas, se podría saber con casi total certeza si murieron realmente a causa la represión franquista o no. Lamentablemente, a pesar del interés que ese Departamento universitario mostró por el tema, no se ha hecho nada, que sepamos, en este campo de investigación.

En todo caso, la absoluta mayoría de las personas enterradas en las fosas del Cementerio de Valencia, aunque no fueran represaliadas – es decir aunque no las mataran -, sí fueron indudables víctimas indirectas del franquismo: bien por su militancia durante los años de la República y la guerra, bien por su negativa a apuntarse al bando vencedor, o bien, simplemente, por su “insignificancia social” para los vencedores. Todos eran perdedores y pobres –no hubo fascistas ni ricos enterrados en fosas-. Murieron de hambre –disfrazada bajo innumerable eufemismos como atrofia, atrepsia, caquexia, asistolia, debilidad, inanición…-, murieron a causa de unas condiciones de explotación y de vida inimaginablemente miserables en todos los ámbitos: alimentación, trabajo, vivienda, ropa, higiene….; y murieron, en fin, a causa de una falta total de atención médica y sanitaria en cualquier edad y circunstancia (la mortalidad infantil y las muertes por parto eran sólo comparables con las de siglos anteriores y observando las cifras de enterrados procedentes de los hospitales valencianos, se puede deducir que ir al hospital era casi una condena a muerte.)

Nosotros conocemos la historia y los oyentes de Radio Klara también. Pero a mucha gente, y no sólo a los jóvenes, de estos años sólo les “suena” lo de la victoria y la paz y la “España una, grande y libre”. No saben nada ni de la guerra ¿qué guerra?, ni de la posguerra. Y lo que saben es mentira.

Han pasado 6 años desde que al monolito de la 7ª Derecha se le quitó la placa puesta por el ayuntamiento del PP en recuerdo de “todos los muertos de la guerra”, intentado equiparar a Durruti con Mola e incongruente en una fosa de la posguerra.

El Ayuntamiento del PP, con Rita Barberá como alcaldesa, además de intentar arrasar nuestra memoria, intentó también en el 2006 arrasar la última fosa que quedaba visible, pero no lo consiguió. El nuevo Ayuntamiento adecentó unos años después esta fosa y también la del Cementerio Civil. Pero sólo con eso no se vence la ignorancia ni se recupera nuestra memoria. Y así se lo hemos hecho notar repetidamente al Ayuntamiento, suministrándole con nuestros trabajos basados en los datos del Registro de Enterramientos del Cementerio, materiales más que suficientes para convertir el monolito y la última fosa visible en lugar de memoria democrática y antifascista.

El otro día, por fin, una llamada de la alcaldía nos invitaba a la colocación de unas placas explicativas en el hasta ahora mudo monolito de la fosa 7ª. En la cara frontal, una dedicatoria que dice “En memòria dels qui ací van ser llançats, víctimes del franquisme, l’odi i la intolerancia”. En el lado izquierdo el poema tan conocido de Miguel Hernández “Para la libertad” que el alcalde de Madrid arrasó hace unos meses en el Cementerio de La Almudena. En el lado derecho un poema de una compañera de la Plataforma reivindicando la sangre y los nombres de nuestros muertos como gritos por la libertad.

Fue un acto sobrio y sentido y un paso adelante por la recuperación de la memoria democrática y antifascista de nuestra ciudad. Como tal nos satisface y se lo agradecemos al Ayuntamiento.

Pero nosotras seguiremos trabajando para que se instale un panel informativo sobre ésta y las otras fosas desaparecidas. Enseñar al que no sabe, además de una obra de caridad, es un arma de lucha para recuperar nuestra memoria y con ella nuestra conciencia de clase.

Para acabar quisiera contar una anécdota que demuestra cómo se interesan los medios de comunicación en general por el tema:

En el acto de inauguración del monolito, que, en realidad, estaba convocado como una rueda de prensa, se dio a los asistentes la posibilidad de realizar preguntas al alcalde Joan Ribó y hubo varias intervenciones insistiendo en la importancia de los lugares de memoria como instrumentos de concienciación política y preguntando por los proyectos del Ayuntamiento al respecto.

Cuando ¡de pronto! una persona al parecer representante de alguna agencia o medio de comunicación, lanzó sus dos preguntas: una sobre la ampliación del puerto y la otra sobre el proyecto de Chinatow en el barrio del mercado de Jerusalem… El alcalde contestó paciente y razonadamente a las preguntas, pero ¿se imaginan a la Plataforma per la Memòria en un acto del alcalde con la autoridad portuaria o con los vecinos de la calle Pelayo preguntando qué va a pasar con la memoria histórica?

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